lunes, 21 de julio de 2014

Muriendo



Las hojas pasan.
El discurso inamovible
de la vida 
se me atora en la garganta.
Ya no rezan las horas
en mis manos.
El tiempo se agota.
Un misterio da vueltas
en las nubes que me tapan.
Me persigue un aguacero.
Hiriéndome la cara de la luna
se extiende mi existencia
en un hilo.
Se me pega el alma al corazón
y no hay tramo que intuya
en mi cuerpo las sombras.
No hay un espacio que no dicte
el melodrama que invento
con cada respiro.
Muero un poco con cada latido
para acomodarme a todo cuánto amé,
a todo cuánto escribí,
para acordarme de todo cuánto he sido.
Algún día me iré
y volveré envuelta en silencio.
Regresaré
pero no recordaré los campos
ni las flores,
ni las palabras
que dije mientras moría.


Yia Rellis








































1 comentario:

  1. ...que eres una vega triste, llena de pilares que semejan cipreses, regada entre el atávico presente, con todo tiempo a bordo, cuando te decides...Bella...

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