domingo, 6 de julio de 2014

Lilith




Esto es para ti
descendiente de los raros.
Un código que divulgo cosmológicamente,
criptográficamente, para desempolvar
nuestro romance con la noche
y nuestras miradas ocultas:
como las de Ligeia y Poe.
Sabiendo que soy el mito,
que no busqué el contrato, que no firmé
como era entendido,
como pactó el antes y el pasado.
Te cuento que él me miró,
le dije que no, y no miento,
lo digo sin que tiemblen mis manos.
Sabiendo que fui incomprendida
y que la posición del misionero era detestable
-si yo siempre debía estar abajo.-
Pero siempre abajo. Por qué. Por qué abajo.
Dime, si puedes, si puedes justificarme
y la vez traducirme.
Dime tú, página oscura, luna macabra
de mis días. Por qué Adán siempre
decidía. Acaso tú no eras mi destino.
Por qué inventaron lo de los niños.
Yo sólo quería ser la madre de todos.
Dime tú, murciélago perpetuo.
Tú que rondas las criptas y hueles los sudarios
con las caras labradas de promesas y engaños.
-Venid y ved el zohar capítulo 3:19.-
Ved como me eligieron sin yo decir quiero.
Acaso no ven que a mí me gustan
los sueños mojados de las espumas
que pasan por los túneles del deseo.
Dime tú si adentro de todo escorpión
no corre el veneno que le fue regalado.
Cuán difícil es correr de mi naturaleza
si mi picada sólo se asoma provocando pesadillas,
y el placer, el placer,
el placer que me hace sorber la sangre hasta la muerte.
La muerte.
Pero si la muerte ya estaba en su oreja
yo sólo acerqué sus días a la puerta
de un mundo más cierto.
-Aquí sólo sufría.-
Dime tú capa negra, mi templo altar, de colmillos afilados.
Dime si no era mi destino largarme de allí
para vivir en algún pecado de cuerpo exquisito.
Sabiendo de tu rostro de Alejandro Magno
de tu disfraz de Casanova, de tus dotes de ocultarte
detrás de la alquimia que arrojó un rostro pálido.
Te cuento. Soy yo la antigua, la de la piel traspasada,
la de la piel de seda que puede llenar con caricias
de ángel al más cruel de los diablos,
y entregarlo, entregarlo, a Dios en holocausto.
Porque soy yo, el comienzo, aún puedo negociar
y decir que yo fui más valiente que mi sucesora.
Sabiendo todo eso, te cuento,
te cuento amor mío, que hasta domé la serpiente.
Duerme conmigo.





Yia













2 comentarios:

  1. Ah, palabra, que te vienes teñida de los siglos donde no ha puesto pié tu dueña y ama, para vestir preclaros sentimientos, que la abundan, la tiñen, la remecen...Ah, palabra, armonía, fiero fuelle, deja que los incendios que la habiten, quemen sin que arda lo que hace su tristeza sin que nazca el silencio que la abate, tantas noches de hielo...Bello, Yia...

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    1. Gracias por pasar, tus palabras me acarician tanto, muchas gracias por el cariño y por apreciar lo que escribo con el corazón. Abrazos sinceros José.

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