domingo, 15 de junio de 2014

Mis Bailes de Dalila (Osadía)



Yo que me vi expuesta en algún vidrio
que me seduce la locura y el verso.
Que tengo los cimientos en el Olimpo
y que jamás se enteraron de mi estrategia
quimérica y mis bailes de Dalila.
Tengo que afirmar cosas napoleónicas
y conjurar las palabras que se llevó el viento.
Porque quién va a nombrar lo desconocido
si no parte de la premisa creativa
si no rompe los ciclos y muerde lo implacable.
La cotidianidad nos empuja a no mover el pelo
a no tener el coraje de volver al abrazo.
Al caos de denunciar lo inapropiado.
Hay que tener las ganas de un viernes temprano,
tener las agallas de poblar de nuevo a Gomorra.
Poner el orden en las orillas de una normalidad
que sólo existe en las medias historias.

Tenemos que enfrentar los miedos de siempre
el tic tac que se mueve, pendulante.
Hay que poner las noches en letras,
suspenderse en las humedades
de los tesoros encontrados,
de los vaivenes irreductibles
y las mariposas que vinieron con la mirada.
Yo que me vi dentro de un círculo
llena de posiciones y estampas
queriendo asambleas y atentados
sin motivos, proclamando secretos
del llamado que fue puesto en mi oreja.

En otras horas, en otros tiempos
esta era la misión y las noches servían.

Sabíamos utilizar lo que nos dieron.
Analizábamos las estrellas.
Mirábamos El Cairo, Mesopotamia
leíamos de Homero, no del Simpson
sino del de la Ilíada.
Hacíamos de Sodoma el cambio.
Brincábamos de gloria en gloria.
Dejábamos de ser estatuas y volteábamos
para ver el fuego.
Era interesante avivarlo.
Habían mentes pensantes que asombraban,
que hacían cosas distintas, los osados.
Dónde están los que se atreven a romper las reglas,
implicar la revolución de alguna manera.
No sé, quizás espero demasiado,
de nadie, de todos.
Nosotros, que adulamos las puertas
y no entendemos el efecto mariposa,
y no corremos los riesgos necesarios
porque hay que correr en manada
y no ser señalado.
Nosotros que miramos las noticias de las ballenas,
totalmente estoicos,
que nos da lo mismo Groenlandia,
Guantánamo,
la porquería que hace Putin,
que no nos importa un bledo
los niños en Sierra Leone,
que jamás pensamos en el que tiene hambre.

En otras horas, en otros tiempos
esta era la misión y las noches servían.

Nosotros que tenemos la certeza
de besar la tierra y decir uao qué bien estoy.
Y que los kilómetros no nos afectan
Y las vallas nos quitan el frío,
que estuvimos dispuestos a no decir nada
a callar injusticias y a pararnos tranquilos.
Chernóbil era importante, era,
ya todo se ha olvidado.
Ahora las noches son las mismas
la luna es anzuelo de muchos
pero pocos escriben la aritmética,
las voces de las brújulas, 

las miradas de un astrolabio.
Mañana el día será igual
y a cuenta gotas
lo que diga, lo que destapa la fiebre
no fue tan necesario.
Y así los días escupirán cosas geniales
que no diremos nunca,
porque a alguien le parecerá extraño.
Y seremos igual que todos.
Y no llenaremos las noches de utilidad.
Seremos uno más que siguió el curso
de ser nada más que un número.
Trataré de olvidar lo expuesto.
Esquivaré tus balas, total, todos lo hacemos.





Yia





















































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