domingo, 22 de junio de 2014

ABRIL Y FEBRERO



Escribo como me da la gana,
con improperios, sin improperios.
Eso depende del ánimo, del tiempo.
Así me enseñó Bukowski,
en alguna queja que leí de él en alguna tarde.
Escribo la mente de las cosas que no piensan,
les invento un cerebro de erudito parecido al tuyo.
Escribo una nota, un poema, un cuento
que destile la tinta por mis huesos.
Y eso, eso sí te lo debo.
Porque creo que te quiero
tanto que podría fabricar
un dios pagano con lo mucho que te adoro.
Ya me conoces, yo voy al grano
y voy inundando todo con tal de llegar a cada pulsación,
a cada grito, cada vertiente, cada acantilado
donde llegue algún resquicio de tu paso.
Alguna huella de la esencia
pura que mitiga el dolor de mi mera existencia.
Escribo todo lo que palpita y muere dentro de mí
por momentos.
La negrura densa, espesa, y bosquejada
de la tinta que diluyen
mis lágrimas pero que son imborrables.
Escribo las sombras de la ironía que espera
una noche cualquiera entre tus brazos
y el elixir de tus besos.
Escribo julio, como si fuera el mes
más bello.
Sabiendo que tú tienes más de abril
y yo de febrero.
Escribo un color con un nuevo largo de onda.
Un nombre con el significado que lo signifique todo.
Escribo un nombre cualquiera
que suene en mi boca y haga que mi corazón
grite, como todos los días
grita entre ese alarido de no saber si soy poeta.
Escribo un nombre
como si inventara una letra que lo recoja todo
y lo hiciera intocable,
y más sagrado.
Un idioma, con sólo decir ese nombre,
que siempre es el tuyo.



Yia












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