viernes, 7 de marzo de 2014

Mi Lord






Cuántos milenios hay en día para ti, amor, amor, amor. Cuánta lluvia dejaste pasar. Qué han visto tus ojos de estrellas y cuán asombrosa es tu estancia en cada tiritar de ellas. Oh, tú que sabes, que sabes, que sabes... que estoy perdida. Tú, que vienes y tomas lo que siempre ha sido tuyo al caer las apuestas de la etimología. Uh, si ellos pudieran ver lo que yo veo. Si tan solo supieran, saldrían corriendo. Tú, que has visto las tumbas y has llamado a cada una de ellas por su nombre y fecha. Que conoces el olor de la tierra, su poder y su sequía. Tú, que has habitado los castillos de color arena y has paseado por los campos nobles de la noche. Diles, que no voy decirles quién eres. (Pero, dime así como tú me dices, - Qué quieres que haga mi Lady? - Y yo te digo: Escribe mi Lord, escribe.) Diles, que ellos no son lo que parecen. Porque ellos son la cena. A ver, amor, dame a escoger. - Quiero a el segundo de la izquierda. Ya sabes, no voy hacerle daño, no se dará cuenta. Él sabrá qué leer y qué llevarse a las venas. Ahora es tu turno. Te toca. Esta vez la escogeré yo. - La tercera de la derecha, esa te gusta, tiene un lindo sombrero de plumas. Vamos, amor, amor, amor. (Que tengo las horas contadas en mi larga existencia.) Diles que traté de exhumar tus pensamientos, a besos, pero ya era tarde, tarde para sacar tus colmillos de mi cuello. Oh, si ellos supieran el placer que me causas. Si vieran lo mucho que me amas. Si supieran que el verbo es tuyo y que tú tienes las llaves del cuarto del ajo y las dagas. Si al menos tuvieran la vaga idea de lo que estamos viviendo y muriendo, aquí en el centro, atados a nuestros nombres, purificados con espadas de fuego. Cuéntales, que yo deduje el secreto, porque alguien dijo este es mi cuerpo y esta es mi sangre "Haced esto en conmemoración mía''. Y yo, lo de la sangre me lo tomé a pecho. Diles que no tenemos miedo de tragar las palabras para luego tirarlas al silencio más bello. Ven, toma la esencia vital de mi ser, mi Lord, aliméntate de todo el amor que tengo. Diles, lo que te dice la clepsidra, pero no les cuentes que somos pedazos del mismo espejo.

Deja una carta en mi tumba con tu firma de siempre tuyo. Que yo despertaré cuando el sol caiga y abra mis ojos desnudos. Te amo mi Lord, no temo.




Yia

























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