miércoles, 12 de marzo de 2014

Café


Espero casi hipnotizada levemente aletargada como si el silencio se tratara de una voz metálica. El café pernocta en las ideas que se vierten en la taza. Y yo le digo a la musa que se vaya. -Que se vaya le digo-pero no me deja. Quiere que muera de poesía quiere que viva intuitiva que respire la nada. Mas ya entiendo a la cuchara está enamorada de mi vicio de drama. 
Mas ya entiendo a la nostalgia
le encanta verme desnuda para emigrar de mi laberinto y ser fiel a la palabra. -Conozco la mesa
sin tirar las cartas- 

El platillo me advierte que el verso nace cuando copula con mis monstruos.

El poema me penetra sin miedo 
y se queda absorto 
mientras la mirada viaja.













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