miércoles, 26 de febrero de 2014

Bosque




Hay una rosa sangre llena de color y hastío. Un tulipán vomita belleza mientras una araña sacude el olvido. Nadie vio. Aquí no hay caminos que muestren las hadas. El río transita la muerte del equinoccio y a duras penas un tratado se firma en las pocas horas que le quedan a una mariposa. Nadie vio. Un murmuro lento dice que alguien se acerca. Pero no es cierto. Todo miente. La primera gota de lluvia desaparece, aquí extrañamos ver llorar a las hojas. La letra intangible del silencio despierta a los ancestros. Vagan sin rumbo haciendo círculos. Están cansados de hacer historia. Les invito a la copa del árbol central y ellos trepan. Desde arriba pueden verme ampliamente desecha. Han descubierto un lado ocre que no conocía. Uno llama a un jaguar que vela a su presa. Pero el jaguar se pierde entre las sombras. Descuida, me dice el canto del jilguero: Debes reverdecer aunque el subconsciente se vuelva suicida. Mi abstracción seduce a las horas y por fin aparezco. El bosque entra en mi cuerpo. Sólo soy una mujer desnuda.

Yia

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