martes, 11 de febrero de 2014

Ahoiba



Después de las cuatro nubes regresó el pacto y una gota de miel calló ante mis ojos. De ella surgió un cinto blanco con una inscripción indefinida. El cinto se levantó solo como si fuera una serpiente de canasta reconociendo una melodía. Conforme se erguía se fue formando un cuerpo de mujer con vestidura fenicia. Te conozco me dijo, y yo le dije, sí, una vez te vi en el río. Estabas del otro lado y querías que cruzara, lo sé porque escuchaba tu voz en el correr del agua. Ese día desapareciste y no pude llegar a donde estabas. Dos días después la misma voz me dio un pacto. Ahora has vuelto en un cinto que no comprendo y puedes hablar con un sonido más claro. Qué eres y para qué me quieres. Necesito que me dejes en paz, esto es demasiado, le dije.

No debes temer, Ahoiba, tu recompensa traerá el cambio. Ves mis dos manos, en la izquierda tengo una mapa que al unirse con tu mano izquierda describe una ruta. En la otra mano mis líneas guardan un código que al unirse con tu mano derecha desata uno de los sellos, me dijo. Entonces, ¿si formamos una equis de manos con manos sucederá algo extraño? - dije.
Es extraño para ti que habitas el mundo. Es normal para mí que lo habité hace mucho.
- me dijo.

 ¿Y por qué siento que eres buena? ¿Por qué no puedo esquivarte cuando apareces?, pregunté.

Porque yo no me postré ante Baal y corrí a un monte, de allí me sacaron dos ángeles y desde ese día vivo con Elías, me contestó.

Yo leí la historia de Elías, pero de esas cosas no hablo porque siempre tuve dudas. Entonces, ¿es cierto todo eso que nunca creemos?
Tan cierto como que te hablo y me puedes oír. Tan cierto como que me estás viendo.
 - me dijo.

Pero, ¿qué quieres de mí? Si yo sólo sé existir. - le dije.

Ahoiba, después de que unamos las manos y el código se complete y el mapa se muestre, morirás. Pero antes de eso escribirás todo lo que te inquiete porque los maestros hablarán en tu lugar, pero tú debes escribir. - me dijo.

De qué maestros hablas y cuando será lo de las manos, y para qué quiero la descripción de un mapa que no sé para qué sirve. ¿Y para qué necesito el mapa, para ir a dónde, si dices que después de eso me voy a morir? No entiendo nada. Esto no tiene lógica ninguna. ¿Quieren volverme loca, verdad? Quién va a creer en lo que escribo, es más, yo no sé si esto es cierto, a lo mejor es una pesadilla, que sé yo. - le dije.

 Ahoiba, fijaron los ojos en ti y eso no se discute, ni se pregunta. - dijo.
 Entonces, me muero y listo, ¿sigues el mapa tú? - le dije.
 El mapa es el camino que está detrás de la palabra que vas a dejar antes de que eso pase. El camino es inmutable, dijo.
Pero, hablaste de un sello que había que desatar con tu mano y mi mano. - le dije.
Eres lista, Ahoiba. Eso asegura que terminaste tu tarea y que has entendido el pacto. - dijo.
(la miré a los ojos, como miraría a mi madre)

No me has dicho tu nombre, le dije a la mujer de ojos grises y aspecto fenicio. Ella contestó, soy la voz de refulge en el estruendo de las aguas. Soy la que guarda la llave de la muerte. Los sellos deben permanecer abiertos, pero hay que tener un permiso para abrirlos, y tú abrirás el primero. El árbol sigue en el mismo sitio y de él tendrás derecho. Haz lo que te pido, escribe el temblor de las almas como lo harán los seis que faltan.

Tu nombre, dime tu nombre. - le dije
También me llamo, Ahoiba, - contestó.

















Yia







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