jueves, 21 de noviembre de 2013

FRATER MEUS



Una parte de mí trata de olvidar lo que sucedió. La otra parte que me resta intenta entender por qué lo hiciste. Lo acepto, me he rendido. No te justifico, no. Después de la expulsión todo era posible. Todos estábamos confundidos. Nuestra madre hubiese querido la paz entre nosotros. Pero tú decidiste ceder a la ira. Jamás pensé que fueras capaz de hacer lo que hiciste. Recuerdo tu última mirada. Luego de eso, todo se puso oscuro...
Todavía recuerdo cuando me libraste del lobo pardo, ¿recuerdas? 

Éramos niños... fue en invierno, junto al río. Aún puedo ver la túnica púrpura que hizo nuestra madre, la construyó con las hojas de aquella planta que crecía justo en la entrada del precipicio. La hizo para mí, pero yo decidí dártela. No soportaba que tuvieras frío. 
Creo que iba bien con el tono de tus ojos. Te admiraba. Eras bueno labrando la tierra. Hiciste cosas maravillosas que nadie notó.
Ha pasado mucho tiempo desde el suceso. He venido a pedir la llave por un día. 

Y no quisieron dármela. Me negaron el pedido. No quieren abrir la puerta. Me dijeron que hay puertas que no deben abrirse. Dicen que eres malo. Dicen que tienes uno de los puestos más altos. Que estás sentado a la izquierda del trono. Que después de haberme matado, mataste a muchos. Pero, ¿sabes?, a mí sólo me importa mirarte a los ojos y decirte que te perdono. Me puse a pensar y no sé si yo merecía ser más agradable a sus ojos... (ya sabes de qué hablo). No sé por qué me favorecieron, si tú actuaste con la misma devoción. No lo comprendo. Tu ofrenda no me parecía peor que la mía. Nunca entendí. Yo siempre te amé. Ya sé que no puedes amarme, que has cambiado. Pero no puedo aceptarlo. Me niego a creerlo. Allí debajo del azufre que te cubre debe quedar un rastro de mi hermano. Estoy aquí sentado en la entrada de el centro de la Tierra, escribiendo una carta para ti. Espero que en algún momento te enteres que vine a pedir que te dejaran salir. (Cambiado). No sé si esto es un error. No sé si estoy pasando los límites de lo imposible. Puede que esto sea uno de los misterios que escondieron para que las 7 siete grandes no supieran que podía hacerse. Pero entonces, por qué creo en tu redención. Mi corazón dice que existe una manera. No creo que puedan darle la oportunidad a Judas, pero a ti...
Estoy aquí por ti, hermano, por ti estoy pidiendo una vez. Una vez para ver la compasión en tus ojos. Dicen, que no llorarás, que no tienes la mínima apariencia de lo que eras. Yo sí puedo reconocerte. Si esta carta llega, si puedes escuchar, quiero que sepas que entendí tu frustración y que no te guardo rencor. Tu hermano por siempre.


- Abel




http://youtu.be/1FH-q0I1fJY
Por Yia Rellis Byron






























Endiabladamente bella




El hombre sabio tuvo una excusa
en medio del sueño.
-Haré una hembra
para perder la razón-
Pactó con el coito de la rosa
para ganar tiempo
entre la abeja y risco.
-Será sabia como yo-
Creció en estatura y buscó
los secretos de la luna
para hacerla su vicio.
-Será humilde pero con talle de altiva-
-Amará la poesía más que a la vida-
-La haré endiabladamente bella
 y será mía al salir el sol.-


Me creó a su medida.
Limó sus dedos y sopló
en mi rostro hadas negras.
Allí en lo profundo de la esencia
plantó el hambre insaciable
que hace que tenga sed
de la lengua que roza lo corto de
mis tres letras.
-Será buena-
Me dio un corazón enorme
que pudo ajustar para que cupiera.
-Quiero que sepa decir no
 cuando deba-
Miró el mar y mezcló
el horizonte con la mirada
de una virgen mascando
la hoja que espera.
-Será humilde pero con talle de altiva
amará la poesía más que a la vida-
Cercó las nubes e hizo bramar
fuerza animal en mis piernas.
-Deseo que sea tierna-
Puso un trueno debajo de la aurora
para protegerme de la niebla.
Quiso fornicar pero no lo hizo
así que tomó sus ganas reprimidas
y las arrojó en mi vientre
a manera de bautizo.
-La haré endiabladamente bella, dijo.
-Será mía como el cielo y la tierra-







Yia







sábado, 9 de noviembre de 2013

Quimio 9



 Los ojos afilados apuntan a vengar el frío. Adónde marcharán las estaciones que no ven la mayoría de los ojos. Me estacioné en el invierno y la orgía de palabras comulgan sin arrepentimiento alguno. No late el corazón como solía hacerlo. La temperatura de la habitación parece anunciar que no siento ni padezco.
 Qué eres tú y cómo harás para que no me rompa el silencio. Pondrán la colección de vestidos iguales en la sexta gaveta. Cada día van a ponerme el mismo estilo. Adiós a la pasarela de mis sueños. Dividirán el libro de la estrella y lo echarán al fuego. Eso ya no importa, estoy harta de leer el mismo capítulo. Somos muchas las que estamos paralizadas, para ser exacta, nueve y media, porque una perdió la parte inferior en la caja del olvido. Qué habrá sido del ultraje inquieto que hizo que Ofelia perdiera el cabello. Cómo podré difuminar la cara de Elvira antes de que le extirparan lo que le quitó la vida. Qué eres tú para pudrirme por dentro. Esta clínica blanca me persigue en los versos. Detesto el olor de este sitio. Las enfermeras parecen momias, al parecer nunca tienen sueño. Hace una hora me vi más allá que acá. Con tanta gente mala en el mundo, cómo puede a ocurrirme esto. Cómo odio no poder ver el salir sol. Cómo odio ver el suero cayendo.




(Lo siento mucho, amiga. No debí escribir esto, pero no pude evitar leer en tus ojos. No pude evitar tratar de sentir lo que estás sintiendo, creo que ni siquiera se acerca a tu dolor. Te quiero. Quizás nunca veas lo que escribí. Sólo deseo que no dejes que te venza. Lo siento mucho, lo siento.)

Yia
















viernes, 8 de noviembre de 2013

PRINCIPIA ALCHIMIAE





Me cuentas de no sé que cosas. Me río por dentro. Tomo un sorbo.
No sabes cuán grande es el espectáculo que estoy presenciando.
Cruzo la pierna, comienzo a escucharte. Opino de la pintura que veo en la pared.
Digo qué bonita. Dices es un asco. Muero de risa. Sabía que ibas a decir eso.
Me cuentas del postimpresionismo y tus dotes de emular a Van Gogh.
Se asoma una pizca de ego pero luego la soplas con una sonrisa.
Eres hermoso. Eso no lo sabes. Ni siquiera te importa saber como luces.
En cambio yo, llevo en la cartera un espejo y un lápiz de labios.
Has tratado con todo tipo de mujeres.
Me conoces bien y sabes que no soy frívola,
dices: que más da lo que otros piensan.
A mí me encanta que seas muy femenina.
Pides otra copa, dices, a ella lo mismo.
Me tomas la mano izquierda y me regalas un poema.
No puedo decir nada, qué quieres que haga estoy enamorada.
Te miro tanto que el silencio de mis ojos te roba el alma.
Me miras tanto que no puedes mirarme más. Cambias la vista.
Dices: vámonos, no aguanto. A tu casa o la mía. Te digo: en el auto.
Ahora te ríes como pensando... yo miro tu cara y sé a lo que vamos.
La espesura del poema se hizo de respiraciones y lapsos.
La magia se esparcía en los colores de un largo infinito...
Gemimos hasta que los cristales se volvieron opacos.
-Estoy loca... sabes, estoy loca. El que está loco soy yo, loco por ti, estoy loco-
Me besas de nuevo. Me ayudas con el vestido.
Manejas hasta donde dobla la noche. Nos bajamos del auto.
No sé cómo hiciste, ni qué llave usaste, pero entramos a un viejo teatro.
Me cuentas que en ese lugar existen voces del ayer y que aún te reclaman.
Yo te digo que tengo tanto que aprender
y que amo que me muestres tus deudas con la nada.
Nuevamente te acercas y me robas un beso. 

Me dices que valió la pena enterrar el pasado y arriesgarnos en esto.
Veo un piano. Lo desempolvo un poco, toco algo y me dices,
recuerdo eso. 

La noche parece interminable.
No dejo de agradecer cada minuto que vivo.
No dejo de investigar la alquimia de tus ojos.
No dejas de hacerme saber lo grande de este encuentro.
Yo no sé. Yo no lo sé. Yo no sé si esto es un sueño. Cierro los ojos, los aprieto.
-Me dices: Yia, no estás soñando. Mi amor, amor mío.
Lo estás viviendo. Me está pasando, te está pasando.
Estoy aquí, contigo.








Yia























jueves, 7 de noviembre de 2013

Escritor

Un mundo oprimido se desploma en manos de un escritor. Él se detiene en la contienda, mira el desastre y suspira. Busca otra hoja. Tantea el sueño y la conspiración. Él trata de ser arquitecto, recoge los pedazos de su miedo, los une con el compromiso de su pasión. Pone cerraduras en los puntos cardinales, deja pasar el mar, construye puentes de acción. Organiza su línea de escape, inventa la libertad, practica la sonrisa que tendrá mañana, diseña la esperanza, lo ve todo mejor. Él no se engaña, contiene el secreto en su interior. Trabaja duro y no es vano, crea un mundo nuevo desde su sillón.









Yia


Amor
seré tuya
aunque se vuelven en contra de mí 
las preguntas.
Morderé la manzana con gusto
porque tengo hambre.
Estoy llena de sueños y augurios
que se sumergen en el milagro del vino.
De nada vale que huya del presagio.
De nada servirá que ahuyente los pájaros
-siempre vendrán a buscarme-


Yia

Cancerbera


«Quiero ser tu cancerbera»,

le dijo la niña concupiscencia 
a la muerte traicionera.
Ahora son inseparables
juegan cartas en la puerta.
«Quiero ser tu cancerbera»
le dijo con una sonrisa
y la muerte asegura
que no hay niña más buena.







Yia







Tu lengua


He alcanzado la fortuna 

pero fue en tu lengua
sobre el magma ardiente de la poesía
a un metro del tercer cielo 
cerca del arcángel y del cantar de los levitas
donde he palpado tu piel a orgasmos rosados de lujuria
Fue aquí en la entrepierna de la vida
donde supe las teorías lejanas a los ojos de los amantes furtivos 
que penetran en el libro blanco de sus propias sombras
y entonces veo consumadas las promesas del azar
El porcentaje de incertidumbre queda a la intemperie
de nuestra única verdad




Yia