martes, 29 de octubre de 2013

Mesmerizing knives



http://youtu.be/VEJjkDbJ_Rc


El teatro vacío lleno de nada y era eso
sólo un mar de caras sin vicio de estar mirando:
Cerraduras claves de un infarto momentáneo,
seguir exhalando miedo exhausto.
Duro rendimiento de orillas al final del celo
grito de membranas de una entraña sin gruta
inhibición de renglones que mueren necios.
La mayoría se conforma y yo me siento
poseída por la inanición de esta penumbra.
He de traspasar, sí, lo traspaso,
gélida sombra que invita al descanso.
Mírame sufrir, sí, mírame,
que grito y gimo con la espina que me han lanzando.
Mátame si puedes, que Rómulo y Remo
serán testigos.
Caín y Abel también saben de lo que estoy hablando.
Sigo carcomiendo mi secuela en este suplicio.
Mírame tensar tus esquemas cuando giro.
Verás que no detienes mis filos en el borde.
Sabrás que nada cambia la ruda gama
de los espectros que se estiran mientras vivo.
Júrame que no duele, dímelo.
Apunta hacia mi cara, desarticúlame a besos.
Grita conmigo si es necesario
haz valer el dictamen que ramifica
el muerto que acuchillo.
Toca piano y no me mires con ojos añejos.
Ya se me pasó la rabia o será que la tengo.
Grita fuerte, que salga eso que llamas canto.
Grita reflejo, que estás mirando lo inservible.
Redúceme a cenizas y después sóplame.
El negro brillo que no es suelo suena mis presagios.
Bésame muerte que eres bienvenida, si no quieres
poseerme, entonces, por qué su nombre me alucina.
Grita, que no te escucho y me quedo sin fuerzas.
Me duele hasta el tuétano del hueso que no has devorado.
Baja las cortinas que nadie vino a ver el acto...
Venció el teatro mientras me imagino de tu mano.





Yia





























miércoles, 23 de octubre de 2013

Tres

Yo soy ella y ellos fueron tres



(De frente al espejo)

Los llevó a su corazón y allí durmió con ellos manteniendo su apetito.
Los libró de sus miedos renunciando al oro y al vestido púrpura
que el rey le ofreció por su aplomo.
Les interpretó cada paso con cada hoja de vida que sostenía.
Supo inocular sangre nueva en cada cortadura que se hacían.
Cenó con ellos y sació sus carnes con el pan de las nubes.
Tuvo clemencia cuando tardaron al volver y nunca les reprochó.
Los amó a los tres como los leones amaron al que no se comieron.
Los guardó como el fuego 7 veces más ardiente los guardó,
y no les quemó ni el pelo.
Los vistió de lino cuando tuvieron que estar presentables
y los abrigó cuando tuvieron frío.
Los libró del valle de sombra cubierto de huesos,
y multiplicó sus bienes ciento por ciento.
Fueron tres sus amantes.
Sí, tres fueron.
Ante sus ojos fueron agradables, justificados porque sí,
porque el palpitar que tenían se acercaba a la palabra "bueno".
Fueron tres y tuvieron un orden respectivo.
Un nombre que se aislaba del otro nombre, un apellido distinto.
Ella soy yo, y yo fui quien los amé primero.
Yo hablo de ella como si fuese otra
pero ella y yo somos las mismas en la plata
que está en el cristal que me miro.
Fueron tres y en ellos tuvo contentamiento.
Cada cual sostuvo su alma sin alzar vituperio
en contra de su destino.
Y yo fui la cuidad que calzó sus pies.
Fui testigo mudo de todo el proceso.
Yo vi cuando a uno se le cayeron las carnes.
Observé cómo lo perdía todo y escuché
cuando alzaba su voz en cuello.
Aún así no se quejó y me quiso con lo poco
que le quedaba sobre los huesos.
Y yo fui la otra cuidad que supo de la cueva
que usó, el otro.
Tuve un lugar en donde esconderlo de los ojos
de la estatua que traía muerte y deshonra.
Hice que los pájaros le dieran de comer
para que recobrara las fuerzas.
Yo lo vi llorar -al segundo- cuando tuvo miedo.
Lloré con él y lo apacenté entre mis piernas.
Cuando tuvo que levantarse me levanté con él.
Lo vi correr por debajo de las flechas cuando
fue perseguido.
Sentí mucho orgullo cuando no se dio
por vencido.
También vi el momento de su hora,
pude presenciar el instante en el que su transporte
surcó el infinito en una llama ardiendo.
Al tercero no tuve ni que escucharlo,
siempre estuvo conectado a mi tímpano.
Él pudo descifrar los sueños que ningún sabio había
decodificado.
Él pudo interpretar lo que ningún conjuro había podido.
Él leyó la inscripción que escribió la mano
en la pared del rey soberbio.
Los amó a los tres, y, ella y yo somos los mismos instintos.
Tres fueron los amantes que se le permitieron
y cada uno de los tres nombrados en este escrito están
sustituidos de una manera enigmática que no voy a incluir
en este dicho.
Yo soy un lugar diferente en cada historia que escribo.
Los amé mucho y ellos también me amaron en alma, cuerpo,
semen, ayuno, silencio, saciedad y grito.
Ellos me amaron tanto, porque les mostré el camino.




(Se miró por largo rato, cepilló su cabello y siguió mirándose al espejo. Ocultó sus alas para no delatar la gran comisión y salió a buscar al próximo en la lista. Ahora todo es diferente, en aquellos tiempos tenía que ser un lugar, transmutar en formas diversas con el poder provenía del mismo sitio. Ya no tiene mostrarse cuidad o lugar específico. Aunque sigue siendo mujer cuidad, lugar, hogar, casa, y mitad de una, como antes. Los muros de este tiempo son distintos pero el fin es el mismo. Las paredes se tornaron de otra manera, los espacios son más fáciles de traspasar. Ahora sólo tiene que sentir la esencia del que está del otro lado.






http://youtu.be/WJTXDCh2YiA



Yia

































Constrictora



Soy la dueña desde que gané el peso adecuado. Tengo los ojos blancos porque llegó el tiempo de la muda. Aquí no hay miedo que yo no perciba ni silencio que no oiga. Ahora lo único que deseo es arrastrarme hacia el agua. Contrario a los que ellos imaginan, no uso el movimiento serpentino. Bajo hasta lo más profundo y emprendo mis mil maneras de dominar lo que es mío. Tiemblan ante mi presencia pues no saben todo sobre mi existencia y mis antecesores aún están escondidos. Dicen que soy un monstruo, y qué les importa si ni siquiera entienden lo que es el ciclo de la vida. Si supieran que tengo engendros que superan mis destrezas. Aquellos aún no han arrastrado sus cuerpos porque les toca cuando sientan que deben salir del enredo que tienen el uno con el otro. Mis pequeños saben en dónde el placer los alimenta. Ya deben tener hambre, cuánto me alegra que pronto serán tan viles como yo. Soy el horror camuflado en la belleza inalcanzable. Puedo causar heridas inmensas. Sigo arrastrándome en el fondo y este es el Río Yata, donde siempre seré una leyenda. Miro a mi izquierda y veo tu celaje, qué demonios haces aquí, idiota. Esa cámara no podrá borrar mi linaje. Eres tan estúpido que arriesgas tu vida por tu ego y el de otros. No lo haces para aprender, tú viniste porque quieres gloria. Sigo por la derecha y ahí estás, otra vez. Te ves tan ridículo con ese traje, hasta parece que quisiste imitarme. Imagino que trabajas con esos que vienen a sacarnos fotos. Me daría la vuelta y te exprimiría en segundos. Eres uno de esos malditos que han destruido la selva. Pero hoy no voy a comerte como quisiera, voy a ignorarte como la porquería que eres. Siento lástima por ti en este momento. Eres tan inconsciente. Voy a permitir que me persigas hasta que ya no puedas. Dejaré que grabes un poco, pero ya sé quien eres. La próxima vez que te vea por estas aguas haré lo que dicta mi naturaleza. Deberías darle gracias a tu dios dinero porque no quise voltearme a verte. Será mejor que te alejes de mi dominio. Espero que no regreses, si vuelves acabaré con tu vida.

-Anaconda



















Yia

martes, 22 de octubre de 2013

Por qué

Ya no te busco, yo creo en lo incorruptible de nuestro amor.


Ahora guardo tu voz en una botella. Esa botella que no se perdió en las Bermudas. Esa voz que evolucionó en la travesía. Ya no calculo distancias ni borro fronteras. Ya no camino de espaldas ni canto en la prisión de las estrellas. Me quedé con tu poesía. Esa que me mira irreductible. La que me besa en la niebla, la que me toca cada fibra. No amor, ya no te busco. Dejé que tu boca esbozara la libertad más contradictoria, la voluntad que requiere la mayor de las fuerzas. Dejé que construyeras tu puente con la vida. No cielo, no intento alcanzarte. Yo te llevo en cada sombra. Penetras en la luz, pasas por la grieta. (-ya te dije, ya no te busco-) Me quedé con tu poesía. Te leo en todo lo que no tocas. No amor, ya me di por vencida.

Pero por qué esta playa, por qué mis pies mojados lloran. Por qué pregunto todo. Por qué quiero saber el porqué de las olas y su cortejo con la orilla. Por qué al abrir la botella escucho que me nombras, por qué tu voz no me deja. Por qué regresas y tocas mis labios, con la brisa.


















miércoles, 16 de octubre de 2013

Pirámide



Toca la retórica en mi mano.
No seamos condenados con el mundo.
Desprende lo que conciben los milagros
atemos lo honroso en el atajo.
No es contra sangre ni carne
no es contra judíos o griegos
no pelearemos contra libres o esclavos.
Pasemos de inadvertidos por el tiempo.
Dejemos huellas en los simientes
-tenemos de romper el triángulo-
Ellos saben que van a encontrarnos
pero nuestra estrategia es contundente.
Me he disfrazado de uno de tantos
y sólo tú lo has notado.
Acaso viste lo falso de mi marca
puedo borrarla con saliva 
si llueve se me gasta.
Ven conmigo intermediario
impregna tu rastro sabio
-que ellos confunden sabiduría
con conocimiento...-
están equivocados.
Activa tu fusil de asalto
toma tu bandera y espada.
Tu don de palabra va a fusilarlos.



Yia





























Quiero ser

Quiero ser tu deseo impuro más sagrado. La ingenuidad más culta que toque tu cara. La mujer más niña que roce tu espalda. Tu transgresión agravada más delicada. Quiero ser la manzana más deliciosa. La jornada mejor lograda. Tu morada angelical más profana. Quiero ser el cerrar de tus ojos cuando mueres de ganas. La luz intensa que allana tu alma. Quiero ser el silencio en las sombras claras. El grito ambiguo en los insomnios del alba. Quiero ser el éxtasis neutro de la mañana. El agua del pozo que bebió la samaritana. Quiero ser tu imposible más posible. Tu pecado oculto lleno de gracia. 


Yia

El escritor

Un mundo oprimido se desploma en manos de un escritor. 
Él se detiene en la contienda, mira el desastre y suspira. Busca otra hoja. Tantea el sueño y la conspiración. Él trata de ser arquitecto, recoge los pedazos de su miedo, los une con el compromiso de su pasión. Pone cerraduras en los puntos cardinales, deja pasar el mar, construye puentes de acción. Organiza su línea de escape, inventa la libertad, practica la sonrisa que tendrá mañana, diseña la esperanza, lo ve todo mejor. Él no se engaña, contiene el secreto en su interior. Trabaja duro y no es vano, crea un mundo nuevo desde su sillón.






Yia



Llegué a la orilla
Arriba el cielo
Pacté
Estuve contigo
Tomé de tu copa
Versé tu estrella 
Solté tu mano
No dije adiós
Viajé
Llegué al desierto 
Tuve sed
Cavé donde tú cavaste
Me busqué 
donde me habías encontrado
Mas no me hallé
No, no me hallé
No estaba el pebetero
No encontré el vellocinio
ni la esfinge sagrada
que prometía el ayer
Encontré un sentimiento inútil
una ruina, un fósil
un charco de lava
un crujir de dientes
el arrastre de cadenas
el ruido de unos pies...
y un letrero que decía:
Tu tiempo no es mi tiempo.
Sabía que ibas a volver.



Yia

domingo, 6 de octubre de 2013

Nada es nuevo


Well you only need the light when it's burning low
Only miss the sun when it starts to snow
Only know you love her when you let her go
Only know you've been high 
When you're feeling low
Passenger


Ya todo está escrito, esto no es más que una ilusión pasajera. Esto no es más que una repetición de algo que alguien pensó. Somos los restos de la información, la reinvención de las mismas letras. La historia de la historia.
Jorge Luis Borges, Edgar Allan Poe, Franz Kafka, William Shakespeare, Miguel de Cervantes, Fedor Dostoievski, Víctor Hugo, Dante Alighieri, Jane Austen, Oscar Wilde, León Tolstoi, Julio Verne, Charles Dickens, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez... etc, después de ellos y otros más, ¿queda algo por decir que no se haya dicho?, ¿queda algo que no se haya pensado... debajo del Sol?
Una cosa sí sé: Somos enemigos de nosotros mismos. Aunque todo esté escrito, hay algo distinto en la reinvención. Siempre hay un silencio, siempre una hay puerta que deja pasar la luz. No hay nada nuevo debajo de Sol, pero hay un camino escrito en cada átomo de nuestro cuerpo, un ADN que te hace campeón, un correr tras el viento que hace desesperar a aquel que tiene el don.

¡Mira la montaña! El vértice anuncia la renovación de las cosas. El viento solemne nos prepara para lo desconocido. Continúa el ciclo. Las aves ya habían disfrutado precozmente de la lluvia. Así sucede. Lo propio ocurre sin que nadie lo vea. Si no pregúntale a las aguas que saben hacia donde se dirigen. Esta tarde también tú, Sol, estarás robándonos el señorío. Condenado a ser valiente, firme en la intensidad de calor que te toca. Todo lo que fue, aspirará a volver sin tregua. Se esconderá en la más recóndita gruta o en la corola de una flor escasa de sombra. Un nuevo atisbo se asoma, radiante de placer ante la magnificencia. Esa luz... esa que se extiende hoja por hoja, cubriendo toda la Tierra del rumor de las horas. Ese acontecimiento continuo, es lo que queda.

Esto es lo que queda después de los afanes. Lo que nos observa después de una buena lectura, luego de una exquisita comida... después del sexo, después de habernos saciado de todo. ¿Qué queda? ¿Acaso hasta el amor cansa? ¿Acaso hay ciertos vacíos que nada llenan? El sublime beso se acaba, se extingue la mirada del ser que nos trajo al mundo. Pasa, todo pasa. Después de todo lo que llevas adentro, esas conglomeradas diapositivas, esos retratos que fijas con los ojos cerrados para que no se escapen en las lágrimas...
Todo lo que nos llena, también nos vacía. Lo que nos deslumbra también nos defrauda. Luego de todo eso, sólo queda el vigor del silencio llenando todos los espacios con su paso lento. Esa luz, ese silencio..., de brinco en brinco sobre el mar, haciendo parada en las profundidades y abismos. Sólo queda eso, sólo queda el silencio.

Quédate pues, tú, silencio: Que ya me sacié de todo, que un grupo de poetas lo dijeron todo. Quédate, que esas palabras que brotaron por tu causa, temblaron, como yo lo estoy haciendo. Quédate tú luz, que ya sintieron lo mismo. Pero el código no es igual, cada quien nace con el suyo. Quédate y hazme aprender de mis errores, porque no quiero seguir teorías de ninguno. No hay encrucijada, ni atajo que me sirva más que no seguir ninguna cosa mecanizada. Sin quitarle el valor a la técnica, claro está, pero entendiendo perfectamente que algunas veces lo mecánico se agolpa en el sueño y se apodera antes de que uno mismo se de cuenta. Hay que hacer las cosas bien, eso lo tengo presente. Aprender, aprehendiendo, tomar la copa que rebosa en la satisfacción propia...

Quédate silencio, que ya me sacié de todo, que no quiero superar a nadie, mi meta es superarme a mí misma. Quédate silencio, que el Parnaso está lleno, que nadie entiende que no quiero ser grande, la grandeza se lleva adentro. Quédate tú, silencio, que no me interesa la cumbre ni el laurel que ostenta la codicia de ser primero. Cuándo entenderán esto, dicen que para llegar a este entendimiento hay que ser muy viejo... eso no es cierto. Todo es relativo, pregúntale a Einstein que siempre fue el mejor pero tuvo un desarrollo intelectual lento. 

¡Entra Sol en mis pupilas!, degrada la veta bronca que me hace ciega a las cosas del alma. Precipita en mi cabello una cascada, ondea en mí una bandera blanca.
Porque así de majestuoso eres, tu poder es irreductible y estás renovando tu centro conmigo. La armonía aún existe, cambiante, se reforma con cada palmada de conciencia en la raíz del ser. Quédate silencio, que todo vuelve a la normalidad, pero tú siempre volverás. No pierdas tu destiempo y hazme hablar cuando tenga que hablar. No hay nada nuevo debajo del Sol, pero mi imaginación sigue dando vueltas y no hay límites en mi creatividad. Esto describe el respiro que tengo, esto rectifica mi búsqueda, agudiza mi misión. He comprendido que siendo una diminuta mujer en este fragor de anhelos: Tengo afanes innecesarios y tengo vida, aunque la vida misma no me necesita.

Formo parte del silencio que cubre lo alto y lo bajo, lo pequeño y lo inmenso.
Quédate silencio, hazme tu ofrenda, háblame, como tú sabes hacerlo.







Escuchar luego de leer http://youtu.be/kTuLDimhKaY

Yia

fotografía de © Elena Zanotti.


















jueves, 3 de octubre de 2013

El himno




Desde que en las penumbras me confinaron al himno de las sombras, cántico augusto del desenfreno. Certeza desnuda, fin funesto de gran envergadura. Desde que me obsequiaron aquel latir cansado, herencia de mi madre, la gran estatua de pequeña cintura. Desde ese día, no tengo ganas de decir nada con mi propio acento de locura. No tiemblo ni vacilo, no me muevo de gloria en gloria. Hoy soy una granada latiendo pólvora. La pesadilla rota en el mejor momento. Una alegoría que trastoca, una camándula indefensa que se paraliza cuando funciona. Hoy soy el altar sucesivo de unos ojos negros. Si vieran esos ojos. Si vieran como cambia su cuerpo en el cantar que roba las almas. Si vieran como se vuelve de pigmeo a soldado alto, de granuja a monje, de noble a insano. Si vieran su habilidad con las espadas, si tan sólo pudieran ver como degrada los isótopos con las ecuaciones más extrañas. Un día le regalé la explicación del ciclo de Krebs y él, como muestra de agradecimiento, pintó un glomérulo renal en nuestra pared, obra de arte, digna de Monet. Al ver esto, salté. Quién podía entender lo que él veía en el hipocampo del lóbulo temporal de mi hiper excentricidad. Quién poseía los dotes de la física, de la cuántica y los secretos desechos de la alquimia.

En las tardes prende su gramófono, revisa su lista, yo sólo le digo que desenrolle la lengua de la monarca y él me la trae enseguida. Dice que esa mariposa es amarga para los depredadores, pero para mis ojos es más que ofrenda merecida. Él dice que en mí ve la conquista. Estuvo en Constantinopla ahora la Estambul adolorida. Me cuenta que como yo, allí hay una estatua que traduce las ironías. Yo veo en él a un gigante hendido por el esternón, cuidador del centro que parece un tambor de Angola. Él me mira y ve palíndromos que se retuercen en mis ojos. Sabe si mi mente está ocupada, sabe cuando debe dejarme sola. Al regresar musita mi nombre y al pronunciarlo crecen orquídeas venenosas. Él sabe que no soy una santa, pero conmigo se siente como esas personas que ven a la virgen en las paredes húmedas. Helena estuvo en el rito que confinó mi nombre al etéreo crepúsculo, la Venus quemó las hojas que contenían el regreso de mi triunfo. Cleopatra me dio a tomar tres gotas de agua del Nilo. El rapto fue inoportuno. Lo que no saben es que no me falta bien ni alimento puro. Se equivocaron conmigo. No me atormentaron. Convertí mi apariencia dura en un límpido cuerpo que camina en el himno que no ha sido escuchado por oído alguno.







Yia

miércoles, 2 de octubre de 2013

Diluvio

Un tumulto de razones equívocas 
evocan historias de tormentos nuevos.
Intuimos que cada gota de lluvia
es una lágrima que desciende del cielo.
Vemos la vuelta del reloj de arena
y sólo pensamos en un hasta luego.
Nos pesa tanto mover las alas.
Nos cuesta mucho caminar en el desierto.
Nos faltan agallas para traspasar el fuego.
Un tumulto de razones equívocas 
evocan historias de tormentos nuevos.
Pero dónde queda la promesa de la calma.
Qué entendiste después de los colores.
Qué sentiste luego del diluvio.








Yia







Julieta, yo te amo más.

-Te amo Julieta.
-- No, Romeo. Yo te amo más. 
- Julieta, te he dicho miles de veces que yo te amo más. 
-- No, Romeo. Yo te amo más. 
- Recuerda que un Montesco y un Capuleto no se podían juntar. 
-- Eso no tiene nada que ver con lo que estamos hablando, amor. 
- Sí, Julieta, eso demuestra que yo di el primer paso, 
fui valiente, por tal razón... y ganando por cien mil años luz: yo te amo más.
-- No creo, yo te amo más. Porque algún día tomaré un somnífero, 
creerás estoy muerta y morirás. 
Eso no demuestra que querías permanecer conmigo.
 Debiste fijarte bien antes de actuar.

- Pero debes aceptar que te diré los mejores versos.
--No, Romeo. Será Shakespeare quien los dirá.
- Cómo sabes todo eso. No voy morir todavía, por qué lo dices con seguridad.
-- Romeo, nosotros no existimos. ¿Leíste el libro?
- No todo, (lo dejé en la gaveta de la mesa de noche)
No me gustó lo que iba pasando.
No quiero perderte, sólo leí la mitad.





Yia