viernes, 27 de septiembre de 2013

No voy revelar la medida. 
Pero sé cuánto mide el mar: 
Divido el horizonte
tus palabras
Capturo el cuadrante
cercano al cielo
tu boca
Me paro en el centro
doy vueltas
dirijo la vista al eje 
incólume de las horas.
Largo por ancho
intensidad
viscosidad
salinidad
profundidad
-Viste- te lo dije
sé cuánto mide el mar.
También sé cuánto me amas
es fácil de calcular.
Sólo mira las estrellas
la arena del mar
es sencillo -lo ves- el número está
corre por el infinito
periódicamente
sin parar.

























martes, 24 de septiembre de 2013

Parte 1: Los Cat-humins





Dijiste que era suficiente, que no era bueno que me preocupara tanto, llevabas el sombrero de mi tío abuelo, sé que no te gustaba, pero yo te lo regalé y tenías que honrarlo. Recuerdo que se asomaba el ocaso, aún puedo sentir el olor de las amapolas, aún puedo escuchar el ruido del motor de nuestro auto. Me dejaste conducir, te daba gracia mi cara de seria al tomar el volante. Tarareabas una canción en francés, y yo moría por dentro al pensar en lo que nos esperaba al llegar a Daktob...


(Daktob) No estaba en el mapa. Al parecer el lugar no existía. De dónde había sacado yo que allí estarían las madrugadas tibias. Seguí manejando, tenía que encontrar algo con ese nombre. Estaba segura de que no lo había inventado. Paramos en un viejo bar, pediste un trago y preguntaste por algún lugar llamado Daktob. El propietario nos miró de arriba a abajo y nos dijo: deben irse lo más pronto posible, este no es lugar para ustedes. Ese nombre sólo lo saben los cat-humins. 

- Los cat... qué - le dije.

- Sí, son personas que se reúnen en el bosque y hacen no sé que cosas secretas.
    -contestó

- Pues, yo necesito saber donde está ese lugar, debo llegar, si no perderé la vista para siempre. Tengo una condición en los ojos, ningún médico puede ayudarme. - le dije al propietario del bar


Tú caminabas por bar, y mirabas hacia una mesa, (con detenimiento). Pasaste los dedos sobre la madera y me dijiste: Estuvieron aquí. Cómo lo sabes, te dije. Mira, está tallado el símbolo que dibujaste ayer.
- Es cierto, debo encontrarlos pronto. Esto lo confirma todo. -te dije

Era muy tarde así que decidimos quedarnos en un motel cercano al bar. Yo te miraba, me gustaba pensar que podía descifrar tus pensamientos, aunque de seguro estaba lejos de saber qué pensabas. Interrumpiste el silencio y dijiste: Si el nombre del lugar sólo lo pueden saber los cat-humins, cómo es que el tipo del bar sabía del tema. Es decir, si él sabe, entonces también es uno de ellos. 

No lo había pensado. Tienes razón, debo buscarlo. Ven, acompáñame, necesito verlo de nuevo... 
-te dije con exaltación


El propietario había dejado una nota con el dibujo que ya conocía, era el mismo que estaba tallado en una de las mesas. Era muy raro, esta vez, el símbolo formaba mi nombre. La nota decía:
(Cuenta la leyenda que una hembra tendrá un prisma base en cada ojo. Poseerá la maldición de la belleza. Crecerá entre sueños y figuras interminables. No podrá ver después del tercer llamado, en una fecha estipulada perderá la vista. Antes de eso será usada para atraer a miles a un nuevo régimen y encomienda. Será perseguida porque va negarse. Sólo una cosa puede cambiarla. Debe llegar Daktob, y hacer un sacrificio enfrente de todos los conocedores del llamado. El pedido del sacrificio no será revelado hasta que ella tome la decisión más difícil de su vida.) 

De todas maneras quería hablar con el propietario del bar, pero no pude encontrarlo. 

No sé si fui usada. Pero sí hice cosas que nadie haría. No sé si junté a personas para hacer algo o creer en alguna cosa. No tengo idea, no sé nada de esto. No sé quién soy. No sé si ya surgieron los llamados. No entiendo nada. Sólo sé que tengo esto horrible en los ojos. Nadie puede verlo pero cuando me reflejo en los de otro, de mis ojos salen cientos de colores que me hacen ver la miseria de la gente. Veo su lado oscuro, el verdadero rostro se dibuja. Puedo ver sus perversidades más ocultas, sus gulas, sus vicios, puedo ver el gusano que no se cansa de comer la carne que está en el Hades... veo cómo sale y entra de las órbitas de los ojos de la persona, observo cómo se regodea por cada orificio nasal. Veo cómo se alimenta de las comisuras de la boca. No se cansa, no tiene afán de terminar. El gusano Tenebrio Seis sigue al pie de la letra las instrucciones que le fueron dadas allá en el fuego eterno.  - pensaba

Tú me mirabas con el rostro lleno de impotencia, pero a la vez podía ver que cuando te miraba a ti, todo era distinto. (Caminamos un poco) regresamos a el cuartucho del motel. Allí trazaste en el suelo un círculo y en medio de él nos quedamos dormidos, juntos, muy juntos. (No nos importaba en qué condiciones estaba el piso. Yo creía en tu protección, así que entré sin hacer preguntas) Cuando desperté ya no estabas. Salí a buscarte por los alrededores, grité tu nombre sin cesar y lloré hasta más no poder. Sentí que sin ti, no tenía la valentía para continuar, sin ti no tenía las fuerzas para enfrentar a los dueños de las madrugadas tibias.  



Continuará...












martes, 17 de septiembre de 2013

Te escucho







No sé por qué tus ojos insisten, te expliqué que todo se va consumiendo. Sólo tú sabes que no estoy dormida. Eres el único que puede desamarrar el intento. No es letargo ni esquina difusa, es pléyades en medio del piélago que conoces. Me bastaba con verte cortando las olas, era suficiente con respirar el mismo aire. Ayer me versabas, mientras en mi lecho bailaban las cruces buscando su norte. Dijiste: tu esencia está encantada, lo escuché y ni cuenta te diste. Juraste amarme -a gritos fuertes- tus pies sacudían un polvo inexistente. No podía interrumpir tu promesa al viento, no quería decirte que no puedo traspasarme. Por qué me amas así, por qué mejor no sigues adelante. Mira que no estoy dormida, no tengo el hálito que tenía cuando ibas a visitarme. No llores más, no me llores.

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Pasadas los ocho de la mañana, ibas camino a mi casa. Yo vivía en lo que antes había sido un orfanato, lo sé por las muchas camas. El lugar era alto, dos pisos, todo blanco. Creo que yo cuidaba el sitio, mantenía todo organizado. Allí no había nadie más. Todos se habían marchado, nadie dejó su rastro. En el pueblo decían que mi madre había sido una monja y que yo era hija del pecado. Tú nunca preguntaste, te disponías a mostrarme lo infinito. Decías lo justo, lo necesario. Tocaste la puerta, te esperaba siempre con el vestido que te gustaba tanto, lo que no sabes es que ese era el único que tenía. Pero eso no interesaba, a mí me importaba que estuviera limpio.
Tú, traías tus libros. Juntábamos dos camas para crear un sofá. Tomábamos asiento entre la fiesta de cojines blancos. Leías para mí en voz alta, traducías textos extraños. Cuando llegaba el momento de la poesía, cambiaba tu rostro. Deseabas que entendiera que para ti era sagrado. Nunca te dije que lo entendía. Hay tantas cosas que no te dije.

Me enseñaste a amar lo simple. A veces mirábamos el mar desde el balcón, era hermoso ver su espectáculo. Siempre pensaste que valía la pena regalarme una educación. Creías que yo era un ángel y, yo estaba lejos de esa imagen. Las horas fueron testigos mudos de la inocencia, no entendía por qué me amabas tanto.

La mujer que vivía en el apartamento cercano, se enfurecía cuando te veía llegar. Murmuraba que tenías historias, decía que poseía secretos tuyos. Yo no le agradaba, ella daba voces ruidosas, gritaba conjuros, enredaba una lengua parda en un tallo que usaba de vara. Nunca la mirabas, la mujer se enfurecía aún más. Lanzaba cubetas de agua por su balcón, mientras su voz honraba a las tinieblas. Sólo tocabas a mi puerta y yo te abría, lo que pasaba afuera no era de importancia. Un día decidiste decirme algo de la señora, recuerdo que sonreíste al mismo tiempo que dijiste: su magia no puede tocarte. A eso contesté: yo lo sé.

Ahora todo está perdido, no puedo decirte que agradezco todo lo que hiciste. Pensé que el silencio lo decía todo. Creí que mi piel te explicaba los misterios. Junto a ti conocí la ternura de los besos nuevos, amé mi desnudez porque para ti era el cosmos. Me enseñaste que puedes ser manso ante mis ojos. Me diste el poder hacerte vulnerable. Dejaste que yo mandara a las nubes, permitiste que llamara a la lluvia en medio de la noche. Me mostraste cómo entrar en las terminaciones de los nervios con la sinapsis. Fui la aprendiz del discernimiento que tatuaste. Ahora comprendo que tú sabías quién era mi padre, no querías que nada manchara mi nombre. Me aprehendiste a ti como nadie. No sentías lástima por mí, me diste la llave que abre la puerta grande.

Mira... que no estoy dormida, por favor, no intentes despertarme. Despídete como siempre, dame un beso en la frente y vuelve mañana a las ocho. Estoy en coma, quizás despierte.







Yia




























lunes, 2 de septiembre de 2013

Vértigo



Asco, siento vértigo. Me duele la redundancia, como si dijera me duele el dolor. Me destruye las víceras de la inocencia, me arrebata las palabras, el oxímoron. Me truenan los dedos, la cabeza me da vueltas y nadie va a escuchar el grito que se perdió. ¿Hasta cuando la esfera dará vueltas?
¿Cuando vendrá el himno de amor? ¿Por qué tengo el vibrar que no me deja? ¿Por qué me siento respon
sable? ¿Por qué me pesa?
Siento asco, me duele el nudo, el corazón. ¿Dónde anida la certeza?
-¿Cómo podemos quedarnos a mirar, cómo podemos ser tan miserables? ¿Dónde está la alegría, la plenitud, la compasión, la piedad?-
¿No están? ¿Queda gente? Murieron, están allí. Allá están, ¿los puedes ver?, sólo querían respirar. ¿Ves hasta dónde hemos llegado? Eran niños, sólo querían jugar. Pero ya sé, quieres resolverlo. Quieres más. Te gusta el caos, el lucro, quieres poder, quieres matar. No, ya sé, quieres tomar lo que no es tuyo. Viniste a robar, a destruir, a engañar. La suma de muertos aumentará. Los ciegos mudos sordos, verán la tele y aplaudirán. Yo seguiré sintiendo asco y mi impotencia aumentará. Mi voz será un eco que se perderá con el azar. Yo sólo puedo hacer unas líneas que no sé donde caerán y dirás que mi misión es un absurdo. Esto dará vueltas en mi cabeza y raciocinio gritará: Qué irónico es proclamar la guerra y ser Nobel de la Paz. 


















Yia