miércoles, 24 de abril de 2013

John Christopher Depp II




Levantarse un día y ser una de las mejores estrellas de Hollywood. Abrir los ojos y ver que todo es un sueño. Ser un simple poeta. No querer gloria y tenerla. Dejarse el cabello crecer y decir que nada importa si hago lo que me gusta. Ser eso y más que un loco escénico. 

Ser incoherente, persistente, impactante, valiente, y no saber que los demás piensan que eres egocéntrico. Ser amante de las letras, idolatrar la música desde el doremifasollasi hasta sus rabietas. Ser uno más entre la gente y aun así ser diferente. Ese es él, el que pierde la vergüenza frente al espejo, y se ríe de sí mismo cuando nadie le está viendo. Ese que repite el jean devastado por los años, aunque tenga el armario lleno de givenchis, donatellas, estatuillas y óleos de costosas telas. Ser ese que es fiel a su chica la guitarra, ese que puede camuflarse en el papel más gracioso, infantil, hilarante... o en el papel más épicamente fascinante. Ese que puede comerse unos cheetos o un salmón a la putanesca, ese que triunfa sin que nadie lo vea. Ser ese que desaparece por largo tiempo sólo para que cuando salga te quedes con la boca abierta. Ser tan humilde, completamente loco e importarte un comino lo que escriba la prensa. Leer y leer por largas horas. Ser ese que puede escoger quien quiere ser para salir en escena, sin dejar de ser él. Ser honrado y decir la verdad aunque duela, no caer bien por dejarse llevar por lo que la sabiduría que su corazón le muestra. Ser Johnny Depp e importarte poco lo que los demás piensan.



Yia

Rubik's Cube






Pasaron tiempos equidistantes por encima de mi cabeza hueca.

Porque no quería que supieras que realmente la tengo llena...


Entraron cientos de palomas mensajeras
en cada uno de pensamientos. 
Fueron los cielos los que sobrevolaron 
y no los aviones que llevaban muertos.
Y eso que no estoy hablando de los ataúdes
que tiré en el suelo,
y eso que por si acaso tengo una cartera
llena de agujeros.
Quizá debo decir que la calle 
está vacía porque tienen miedo,
quizá digo cosas que yo misma ni comprendo.
Debe ser el calentamiento global, 
puede que sea el sereno.
Puede que sean estas benditas ganas
de detener este aguacero.
Algo de insomnio me reservo 
para cuando quiero decirte: te quiero.
Algo de sueño guardo
para cuando deteste mi propio silencio.
Es por eso... por eso, 
visto noches con versos 
que no leerás a menos que te leas
por dentro, y de esas noches, de esos cuentos,
yo misma anochezco...
de noches de lunas que se vuelven diosas 
de los poetas muertos.
Noches que observo entre los jirones
mal formados de un hasta luego.
Y yo no me quejo de tu lupanar perplejo,
ni del horrible maquillaje que llevan otros 
en el cuero de adentro.
No ando buscando la gasolina de mis ojos
ni mis pétalos están sin el olor añejo.
Yo te dejo debajo del tatuaje que no tengo
te obsequio una eternidad plagada de tierra fértil
te dejo parte de mi risa transmutada
y sus personificaciones de ensueño.
Yo, que a la verdad no sé si eres miel o eres veneno
yo, que debería ponerte un altar que diga:
ahí viene el malparido que hace que se mueva el suelo.
Y qué me basta si no me basta la vida
y qué tiene de bueno el estar dormida entre plusvalías
qué pasa si quiero lo que no tengo,
y qué pasa si te tengo y te quiero.
Total, que si de deseos se tratara
comería chocolate día el entero.
Es que no razono como debo, no me veo, no me encuentro,
es que hace tiempo muero viviendo en este cuerpo
que si no respira se vuelve cero.
A pesar de todo en algo estamos de acuerdo,
debemos reír hasta nos duela la panza,
debemos ser consistentes en esto,
y dejar que mis párpados caigan hasta que recorras 
todos los laberintos que coloreo. 




Yia


























lunes, 22 de abril de 2013

Disintegration, Jezabel



Disintegration, Jezabel


Ella insistía en el pecaminoso rojo, tejía su enjambre de nombres, y coleccionaba memorias que sabían a desaire. Ella estaba sola y su cuerpo no aguantaba su propia sangre. Se llenaba de los halagos que le devolvían la parte del ritual de su escondida pedantería, de su vulgar fiebre de tener hambre. Insistía en suplicarse, en ser el escondite de los de renombre, quería intercalarse en los recuerdos memorables. Fingió la muerte, fingió engranaje, tiró del numen, quebró la copa que contenía el aire. Mojó la punta de sus labios con el veneno de su propia insignia, con el resquicio de su percance. Así se arrastraba, la que daba voces, la que repetía su tonada constante, la que usaba un vestido largo, pero sus piernas escondían la noche. Su mente era un laberinto, sus tramas eran recintos del "Olimpo" maldito, su vientre no cargaba a nadie. Su voz melodiosa, su cantar bonito, era el engaño mortal que entraba como un hilo en medio del oído de los que flaqueaban ante su estirpe de famélico derroche.

Ella, cansada del sueño que llevaba en su pecho. Bajó junto a los que le daban tregua al tiempo. Quiso sacudir al más joven, quiso confundir al más cuerdo. Dijo y maldijo, maldijo y continuó maldiciendo. Escupió, vomitó, tapó, promulgó, secó, mojó e hizo lo indecible para comer de lo que le pedía la razón. Dio vueltas, vociferó, culpó a la musa, culpó a la canción. Qué no hizo, qué no dijo para captar la atención. Los persuadió a todos, a todos los ató con el mismo cordón. Su inteligencia usó para manipular las mentes, su talento usó para robarles la entereza, su astucia nombró para arrancarles la mirada de un tirón. A esos, a los débiles, a los de poca fuerza en la retina, los de poca voluntad, poco temple, los de poco criterio, los de poca acción... los que carecían de propia emoción, a esos buscaba, a esos involucraba en su plan de seducción. Los sacaba a pasear, les decía beban, coman, vengan aquí, hay más y mejor...
Los juntaba en masas, los veía claudicar, y reía. Se postraban, y ella reía aún más. Se humillaban, y ella sorbía del vino, bebía del aroma del gentío que se agachaba, sorbía del hálito de vida que allí quedaba.

Todo para qué, qué ganaba. Qué necesitaba su piel cuajada, a qué quería contribuir con sus mil trastadas, ¿contribuía a la muerte?, ¿contribuía a no ser olvidada? Qué buscaba con su pobreza del alma, qué riqueza llenaba con su canallada. Acaso el peso del pasado no era suficiente, acaso no era suficiente arrastrar con su cara falsa, acaso su boca... ¿ya no sangraba palabras? Dígame usted Jezabel, de qué le sirve la estatua.

-Sí, usted la moderna, sí, la nueva, la que desciende con fuerza, la que toma el lugar de aquella reina, la que escupe falacia y ahuyenta la esencia. A qué le teme su melena, qué ruido le aterra. No me diga, ya sé, quizá extraña la cuarta trompeta, el templete del batallón o el redoble de puertas con timbre tenor...
Diga usted, la que calza de Donatella, la de la Dona Karan negra, diga a qué le teme, o si quiere conversemos allá en el pulmón de su espacio tenue, allá en donde -cuando está sola- las paredes gritan que usted es nada. Allá en donde usted sabe qué es lo que la mueve, allá donde ni los espejos quieren verle.
Dígame, ¿dónde la veo?.
- ¿La tuteo?- ¿Sí? -Pues dime tú... dime, ¿Aquí en tus sueños?, ¿Afuera?, ven escoge.
¿Te lo hago más fácil? ¿Te veo allí en tu costado latente? En donde se te cuela la pena...
¿Allí en donde los rostros de los que arrancaste lloran al verte? Te veo allí en donde la conciencia te muerde...
¿Qué esperabas que no iba a reconocerte, que no lograría verte?
No me subestimes, no malentiendas. Reconocería a una mujer que tiene lo que la fenicia le dejó con sello indeleble. Vería claramente lo que tienes entre tus azahares de opulencia, entre tus caderas de contorsionista persistente. Notaría sin dudar, que lo cortés no te quita lo serpiente.

Aquella noche, el temblor rompió de cuajo la esperanza, la mujer no entendía esa llamarada, el temor llenó sus manos de luz, el dolor sintió más dolor aún. Era tarde, las estrellas tiritaban lento, las lunas estaban opacas de suspenso...
Ella decidió salir de su aposento para dejar entrar al que se introducía en su sueño, pues sentía que estaba afuera de su embeleso.

-Entre, pase, venga hablemos. ¿Sabe qué es lo que me pasa, sabe lo que tengo? Decía la mujer con ojos llorosos, con el delineador negro bajando por las mejillas de aquel rostro pequeño.

-Yo sólo quiero que mi pueblo reconozca que puedo. Yo sólo quiero que se postren ante lo que tengo afuera del ''Pozo del Herrero''. Yo quiero que las generaciones sepan que las piedras no se clavaron en mis cueros, yo quiero... yo quiero, ser lo que represento, la encarnación de esto, de eso, de lo oscuro, de lo ajeno. Yo quiero acumular bienes, quiero el mejor paseo por las mansiones de los cerebros. Yo quiero que corra la voz de los martirios que se comen mis entrañas por dentro. -Replicaba la Jezabel, con un sonido que parecía honesto.-

-Tú sólo quieres a tus ''yos", tus mismos yos te tienen miedo. Tus yos odian ser como tú, por tal razón, vives condenada al mismo ciclo, al mismo barro, a la misma suciedad de tus huecos internos. Vives enlodando al pueblo con la estupidez de tu propio destierro. Veo que no te arrepentiste, veo que no sientes ni pizca de piedad por los que sucumbieron... en nada cambiaste, nada aprendiste en tus días buenos.
Te condeno. Te condeno a 7 años más de tiempo muerto. No tendrás amor, no tendrás consuelo.


-No, no me dejes, no cierres la puerta. Mírame no ves que lloro, no ves que tiemblo. Te deseo...

--Tiembla tu lujuria, tu lascivia en silencio, tiemblan tus ganas de poseer al mundo entero. -Decía el de su sueño-
(El silbido cerró la puerta... y al cerrar, se cerró un pacto nuevo).

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¿Por qué sancionaste a la mujer bella?

- Le he dado un tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su perversidad y sus agendas. He aquí yo la lanzo a las calles de la cuidad que tiene las puertas abiertas, la lanzo en una mañana y no se dará cuenta, envío gran tribulación a los que con ella se reflejan, si no se arrepienten de las obras de ella, también sufrirán las consecuencias...

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(... después de cerrar el pacto, cuando cerró la puerta)


En la mañana siguiente, se duchó con agua suficiente, lavó su rostro una y otra vez, secó su cuerpo, se tocó... sus gemidos saltaron por el apartamento 122, sintió que de nuevo tenía el control. Se vistió de lino fino, se puso un collar de oro macizo y no retrocedió. Caminó con aire de "llegué yo".
Al llegar al estacionamiento, el portero le pidió las llaves y ella se bajó de su Maserati sport.

No usó el elevador, (le tenía miedo) subió los escalones con sus louboutins de cierre posterior. Miró la nota que le dejó el del convenio en su interior, soltó una carcajada, y dijo: ¿Castigada, yo?

Volvió su rostro, miró el reloj, y tiró la nota al zafacón. Caminó por todo el pasillo y suspiró. Practicó su sonrisa, alzó el mentón.
Presionó el botón de la izquierda, entró en el cuarto ''del uso del poder con manipulación", y volvió a su escritorio en el sexto piso del señor presidente de la nación.


(escuchar después de leer) Disintegrationhttp://youtu.be/JhkZGqkIjPg banda sonora

Yia


































viernes, 12 de abril de 2013

UNA MIRADA EN EL TIEMPO




Aquel discurso fue la anticipación de todo lo que sucedió después: durante los primeros años que siguieron el terror fue amordazando las conciencias y todo lo que respiraba carecía de luz interna. El pueblo callaba físicamente pero entre silencio y silencio, el misterio se hacía elocuente. En un sector aventajado por su altitud, la gente le daba la espalda a la claridad del día, cerraban las puertas y ventanas hasta después de las 3:00 de la tarde. El ritmo de la rutina era lento, quedaban pocas tierras fértiles, no había mano de obra. Los hombres se habían vuelto sedentarios extremistas. En la noche la neblina tapaba las casas de manera espeluznante. El pozo de la plaza ya no tenía agua. El sonido del tren anunciaba que venían a socorrerlos con municiones extrañas, agua y alimentos. Unos hombres vestidos de uniforme dejaban una caja enfrente de las casas, la ración del día, la única esperanza para subsistir un día más. En menos de dos horas la repartición terminaba y el silencio volvía a reinar. El sol calentaba como nunca, las pieles eran susceptibles a quemaduras graves.
Al atardecer se podían escuchar los pasos de las personas, listas para salir de las casas, no sonreían, no se miraban unos a otros, caminaban con largos ropajes, hasta llegar al centro, en donde se reunían todos a escribir su parte de la historia. La historia no era más que recuerdos pasados, cualquier cosa que escribieran era válida. Todo esto se hacía en silencio, en un silencio ensordecedor y frío. Luego de terminar las páginas que pudieran antes de que llegara la completa oscuridad, hacían varias filas para entregar lo escrito. En medio de esa vigilia ceremoniosa, y sin que nadie se percatara, Lucía miró al señor encapuchado de su derecha, y sin que nadie se diera cuenta, se bajó entre la multitud, y se escondió en la última fila. Quería tardarse más que los demás, eso le daría mayor tiempo para escribir. 

Era la única manera de hacerse escuchar. Pronto morirían, ella lo sabía.
-cuando la poca agua potable que quedaba se acabara, los días se darían por terminados-

La contaminación era tanta que todas las represas estaba llenas de todo y de nada, había dinero, pero no había donde comprar. Lo único que podía hacer era gritar en las líneas, no había estructura, no había moral, no había quién escuchara. Entonces, ¿para quién escribían?
Para qué, el protocolo de las tardes, si nadie respetaba a nadie. ¿Qué pasó con el amor?
¿La naturaleza se cansó?

En la fila de atrás, Rodrigo, le pasó un papelito a Lucía, este decía: el caos terminará, cuando todos vuelvan a amar. Lucía lo leyó con disimulo, vuelve a él su vista, y los dos se toman de la mano por unos segundos.

El amor renació, la luz interna comienzó a brillar, el Sol no cambió, pero los corazones de dos, cambiaron a todos los demás. Sólo el amor los pudo salvar.




YIA



























miércoles, 10 de abril de 2013

NORTH KOREAN INVASION




Mi nombre es Mildred H. Calvin y ahora estoy al mando.

Quisiera mentirles, decirles que esto es falso, una película, pero no, no puedo. Ahora todos somos la milicia, quisiera decirles que ya son supervivientes, y que los invasores norcoreanos son zombies, pero no, esto es real.

Aquí no hay nada más que conciencia. Espero que estén listos. Sé que somos menos, así que debemos hacérselo muy sangriento para que quieran quedarse. Tenemos que eliminarlos. Ahora somos los malos según ellos, nosotros creamos el caos. Para ellos esto es sólo devastación, para nosotros este es nuestro hogar.

Todos están por todos lados. Si no vuelves a ver a tu familia, no te alarmes. Esto es la guerra, aquí todos somos uno, somos una nueva familia, víctimas del infortunio. Debemos mantener la calma hasta que todo se estabilice.

Estamos aquí para decirles que también tenemos miedo. Pero esto es lo que hay, ya nos han invadido, han destruido nuestras casas, no hay comodidades, ya no hay inodoros que sirvan, no hay nada. Han matado a no sé cuántos...

Tenemos que trabajar en grupo. Necesitamos mejores armas. El corazón debe estar duro, muy duro. Toda arma que vean es de nuestra pertenencia, si es necesario robar alguna del enemigo, tómala, y no hagas ruido. Parezco fría sí, pero esta es la guerra.
Debes usar actuar con inteligencia, pero sobre todo actúa por instinto.

Calcularemos las distancias, haremos un nuevo formato de acomodo. Crucemos miradas. Estudiemos el entorno. Debemos hacer que imaginen que no los vemos. Acumulemos municiones para el momento preciso. Asegúrense de tener la boca cerrada. Hagamos el plan de desalojo.
Llenen sus bultos con lo que puedan, pero que no tenga mucho peso, pongan agua y algún alimento no perecedero. Sobre todo recuerden que ellos no nos quieren, no conocen la piedad, ellos no tienen corazón, sólo piensan en tortura, para ellos eres un número más, una molestia existencial. Por esa y otras razones que no voy enumerar, les daré una regla individual.
Seré breve con la regla para casos de emergencia, es así de sencilla: Relájate, respira y dispara. Pero a toda costa sálvate, sálvate, y si puedes salva a alguien más. Nuestro refugio en las noches será el bosque, huye siempre a los bosques. Tratemos de ser cautelosos.
Debemos unir a todos nuestros contactos de la cuidad, el profesor Anderson se encargará del radio transmisor, y recuerden: mientras estemos unidos habrán menos muertos. Esto es la retórica bélica contra quienes ellos perciben que son sus agresores. Este no es su mismo fanfarroneo de siempre...
Seremos el campamento Blue Machine.
La segunda regla individual es más sencilla que la anterior y dice así: si ellos están cerca, y puedes correr, corre.
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(Mientras tanto en el bosque, -Sophie, ya no es la misma, Sophie ahora es H22-)

- No hay nada de bueno en la guerra, nada hay de dulce en su sabor, me tiemblan las piernas, me duele el dolor. Allá el sonido seco, el abrigo ya se acabó, los carros grandes, las estaciones varadas, el cuento del pasado, ya no toco el amor. Ya nada es como era, ya ni siquiera espero a quienes me esperan. Acaban de matar a mi padre, en mi cara, en mi puerta y yo he salido por la ventana que estaba abierta. Tengo frío, tengo náuseas, me sigue doliendo la pierna izquierda. Ayer no sé si comí, estoy débil, tengo sed, y sólo me queda un poco de agua de la que me dio Miguel. Robaremos algo para comer cuando el sol caiga, espero tener fuerzas en mis pies. Creo que Rodrigo está en la otra división, le ruego al cielo para que esté bien. Alicia murió, Sacha... Sacha, de Sacha no sé. Yo no esperaba esto, esta mañana maté a un hombre, o no sé yo sólo disparé. Sus ojos no me querían, sentía asco por mí, lo pude oler. Mamá, quisiera que estuvieras aquí, maté a un hombre, mamá, lo maté...

- decía para sí misma ''Sophie'' H22-



fragmento




Yia

martes, 9 de abril de 2013

Preludio



Escribí algo para ti, es una historia confusa, pero el final es bello. Sabes, estuve callada unos días. Quizás prefiero el anonimato, me gusta interponerme en las sombras a plena luz del día. Creo que necesitaba analizar algunas ideas, porque en realidad tengo infinidad de ellas. No dejé de escribir, no, sólo me fui de ti. Es más romántico así. Sí, escribí para ti, tenía ganas de verte a mi manera, desde mi perspectiva extraña, pero sin cambiarte los teoremas.

Todo empezó cuando le añadía algunas páginas a mi novela de Teresa la Escort, ella tendía la cama y prendía la lámpara de neón, pero de repente vio una mancha en la pared y se distrajo. Teresa se conmovió, recordó que esa mancha era exactamente como la que tenía en el corazón. Ahí fue cuando entré yo, miré la libreta y dije, hoy no Teresa, quédate ahí por hoy, no te muevas. Teresa me miró desde la página, sonriendo, como si supiera que algo me daba vueltas en la cabeza. Yo la conozco, yo la creé, sabía lo que estaba pensando. Imagino que decía: Qué linda mi creadora, es tan sensible, me encanta que esté tan loca-cuerda y que disfrute tanto lo que hace.

Luego de cerrar la libreta, busqué entre mis libros, y me topé con un poema cínico y amargado de Bukowski, a pesar de lo ácido de su estilo y sus rabietas con o sin sentido, sentí su sinceridad. No creo que haya algo más bello que ser sincero. Me fascina la gente que no le teme a verse expuesto, que escribe así, clarito, con su idiosincrasia intacta, con su vos o su eres, con su quebranto, sus piedras de tropiezo, con sus lágrimas de medio lado y su -bah, que piensen lo quieran, esto es mío, y así lo escribo... -
Al rato encontré varios de Poe, de Baudelaire y, ay, me fui en un viaje maravilloso. La doctrina baudeleriana tanto como la de Poe, tienen esa magia que en cierto modo es antiética, pero bueno, realzan el trabajo, el análisis, y el anhelo por la belleza distinta, que cree en el poder del artista para superar todos los tropiezos de la vida.

Uno de ellos dijo: Yo no pretendo que la alegría no puede asociarse con la belleza, pero si afirmo que la alegría es uno de los adornos más vulgares, mientras que la melancolía es; por así decirlo, su ilustre compañera hasta el punto que no concibo (será mi cerebro un espejo hechizado? un tipo de belleza en que no entre la desgracia... )

La verdad es que no vine a hablarte de ellos, sólo quería que supieras, que para mí eres el preludio más hermoso en mis letras. Te hablaba de ellos, porque lo mismo me pasa cuando te leo, así suenes crudo, rudo
-
¡gr!-, cómo muerdes...
Así suenes tierno, lloroso y hecho pedazos que alguien dejó en el suelo, así grites y grites desde el fondo del mar, o en gravedad cero, así no pretendas impresionarme ni trates de hacer que piense que eres espectacular... así te quiero, de mil formas diferentes, más de las que puedas imaginar.

Estuve callada unos días, y no concibo una manera más valiente que esta para decir lo que quiero decir, y sí, es verdad que me voy a ratos, pero ten la certeza de que cuando llego escucharás el timbre en tu corazón y no vas a parpadear, porque van a llegar mis disparos de adrenalina. Así que prepara tu medidor estadístico de fatiga y productividad, prepara tu electroencefalograma de medición de los niveles sanguíneos de catecolaminas, fluorometría, y tu aparato de cuantificación de los neutrotransmisores por espectrofotometría, porque lo que te viene no está fácil, bueno eso decía mi abuela.
No, es chiste amor, nada de eso, todo es maravilloso cuando se da y se recibe de corazón, con la belleza de lo simple y hermoso del verdadero amor. Aquí no hay egos que valgan, recuerda que me gusta la gente que no pretende nada, pero que sus pasos son firmes como quien lo pretende todo.

Como te decía al principio, escribí una historia para ti, de ti, en la que tú y yo nunca salimos de la historia, y aunque a veces nos toca el papel de estoicos o el papel de renegados...
y aunque a veces cambiamos de escena, y nos toca otro paraje, otras fechas, otras gentes, y otras esquelas, siempre terminas diciéndome: te amo.


Sí, escribí una historia algo confusa, luego te la leo, tú sabes cómo y cuando.





Yia

lunes, 1 de abril de 2013

Rayos del sol en la cara...





Del otro lado del misterio espero mientras duermes, imagino tus sueños vagando en las horas, como el claroscuro imperceptible de la neblina que se mueve en forma de comparsa. La noche ha terminado. Me quedo quieta ante las luces de la mañana y me uno al despliegue de los rayos que me acompañan. Miro a la mesa de tu derecha y sin tocarte trato de alcanzar el libro que dejaste con la página doblada. Es domingo. No quiero despertarte. No intento liberarte de tu viaje
- así dormido te asemejas a un buzo que no quiere salir de su escafandra, así dormido parece que no le temes a los escualos que merodean a tu fantástica y dinámica simulación de conquistar lo seco y las aguas. Te miro de reojo y siento que respiras, sonrío. El libro en mis manos tiembla ante mí, ante mi división de módulos oníricos, creo que sabe que tramaré otras secuelas, creo que divisa mi pasión y mi instinto. Siento que entiende que viviré dentro de sus páginas mientras dure en mi recuerdo, sabe que haré caminos nuevos para los personajes y escogeré la fecha de sus entierros. Te mueves un poco, cambias de posición y yo sólo te miro. Abro el libro en la página que doblaste, la desdoblo y me digo: ¿Qué habrá sentido?

(Vivimos en el tiempo, que para decir que estoy leyendo un gran libro debo tomarme una foto con él en las piernas, si no, no lo he leído). Me concentro en lo último que leíste y siento que la lectura me atrapa. Por un momento me sentí Virginia, la chica que salía por las noches a buscar el sustento que le faltaba. Mientras leía, me involucraba en su vida, podía sentir cada suspiro, intuía la tristeza entre las lentejuelas y el baile de la madrugada. Sentí cada paso, el dolor en su mirada cuando intentaba no mezclar sus sentimientos con algún cliente, vi sus ojos temblorosos al ver que
-en algunos casos- la paga no era suficiente. Todo por rebeldía, todo por nada. Hasta sentí lo culta que era, su hablar era el detonante, creo que en algún momento citó una frase de Hamlet. Creí ver como se despedía del portero del cabaret a eso de las 8 de la mañana, y casi vi el polvo que se levantaba del suelo cuando el dueño del bar barría la calle. Sentí los rayos del sol en su cara, la vi buscando sus gafas oscuras en la cartera, para enfundarse en ellas, para que de alguna forma no vieran a la que hace unas horas era toda una estrella del tubo brillante. No quería que la vieran, de día era otra, era como ver a la misma que era cuando no pensaba ni siquiera que tendría que desnudarse para pagar el colegio de su hija Alondra, y terminar su último semestre en la Facultad del Séptimo Arte.

No me había fijado que ya estabas despierto. Estaba sumergida en la lectura.
(Cierro el libro y lo guardo en el cajón de la mesita que está cerca de mi lado de la cama).
Me das la primera sonrisa del día, y una parte de Virginia se queda en mí.

Te miro, y te miro...
como imagino que ella miraba al único hombre que pudo llenar su alma.




Yia