domingo, 31 de marzo de 2013

Memorable



El frío aún tiene memoria en mis huesos:
El descanso no calmó el correr de la sangre 
que entre estallidos albergaba un nombre.
Abrí los ojos soñolientos de nada para dirigirme
a la mezquina memoria de mi ser intocable.
Salgo del amanecer que entró por mi ventana
hace tiempo como quien busca el alivio del aire.
Me dibujo en la cara un llanto largo
y espero a que las palabras salgan
de donde no existe reproche.
Al blanco del papel hago bosque
que se pinta entre dos soles.
Y lo tenue de mi fragilidad se acentúa en cada fosa
de olvido que mendiga una imagen.
El hueco de lo que ahora es abismo
grabó el latido bello de lo que fue tu clave.
Fuimos el invento que el amor escogió
para vengarse del infinito y sus tardes interminables.
Y tú quedaste cojo de mí y yo sin ti...
en mi caída soy constante.
De todas maneras algo aprendimos del humo
de aquellos puentes que entre besos memorizaste.
No hubo silencios tan claros desde que el cruel asesino
no tuvo más remedio que lanzar su mejor flecha
y alcanzarnos de manera inescrutable.
El frío aún tiene memoria en cada reglón de mi prosa
y mis poemas se cortan en los pedazos
que dejé y dejaste.
Llevo a cuestas la distancia que entre la espuma
parece que se deshace.
Sin embargo todas las versiones de mi cuento
terminan en un fin memorable.



Yia

jueves, 28 de marzo de 2013

LA BELLA Y EL ERMITAÑO






http://youtu.be/l7Z3YMZGkSU


En este mini relato les contaré sobre el amor de la doncella y el se creía el ermitaño bestia del lago. Cuando ella llegaba, lo buscaba entre la espesura del bosque del parlamento rosado, al son de esta pieza, imaginarán el juego que sostenían al esconderse uno del otro, y la delicia encontrarse luego de tantos, tantos... Te invito a que reproduzcas la siguiente canción mientras sientes que juegas al escondite con tu persona favorita, con tu amor alado.





A veces recuerdo que también existo en el mundo paralelo de tu boca.

La palabra bosque desciende hasta sus labios y al decirla, nombra también al lago, a las aves, a los verdes, a los naranjas, y a esta rama que antes fue árbol. Nombra a la noche, al día, al canto de los osos pardos, nombra al Sol que se pone, nombra hasta los lunes en los que no vine, porque no quise hacer caso, a lo que nunca dije, a lo que callé por años.


Avanzaba entre las ramas, no era pie grande, no era grave caballero de espada, no teñía el dorado con oro, pero era todo lo que necesitaba. Un camino se vertía entre las ranuras del silencio, él se disponía a crear la atmósfera deseada, cazaba las mejores historias, de manera huraña. Vivía solo, en su despacho natural, se hacía humo, carta, granito, se alimentaba de todo lo que podía ser nutrimento abismal. Un día luchó con los gavilanes del cementerio, venció a los setenta y siete poetas del ego, rasgó fuertes huracanes, hizo de su exilio, un mundo paralelo.


Quise ser vertical, alejarme del fuego mordaz, quise hacer lo correcto, avanzar hacia el sentimiento de libertad, intenté caminar sin tropezar, soltar las amarras del encubrimiento. Tenía ganas de cruzar el bosque, sentir de nuevo. Llenarme de la chispa del sol, de sus roces buenos. Quería morder el haz de luz entre los árboles, hacerlo vívido, en doble resolución, un largometraje de estilo. De alguna manera algo en mí quería suprimirlo. "A veces resistirse es lo más arriesgado". Suprimir el esfuerzo del bies de mi vestido, era crucial llevar el color naranja. Él podía distinguir ese matiz desde cualquier dimensión y paralelismo. Súbitamente, se presentaba, no era lo que los demás querían para una doncella de pasarela y piernas largas. No era lo esperado, lo que la sociedad de afuera anhelaba. No me importaba si era joven, guapo o alto. No tenía que tener el mejor calzado. Lo conocí de niña, jugando al parlamento rosado, debajo del gancho de la piedra de la dicha, allí junto a la lágrima del lago. Él tenía muchas historias en sus manos, en los ojos guardaba el mapa de la selva, en su estómago tenía nueve millones de mariposas que serpentean. Era honorable, actuaba con honradez, digno de ser respetado. No sabía de su hermosura, era sencillo, en su diccionario no existía el orgullo marcado, se sentía subestimado, empequeñecido, desmembrado. Siempre se miraba en el espejo que reflejaba el lago, se veía con los ojos de un monstruo; estaba equivocado. Nunca le tuve miedo, nunca percibí un ápice de maldad en sus actos, él era todo lo puro, todo bello que me había pasado. Sí, me gustaba mirarlo. Yo era ella, la que le amó cuando todos estaban en contra, cuando no sabía lo que era amar y ser amado. Un día dejé de verlo, el dolor lo convirtió en amargado, ermitaño, ahora vengo a visitarlo, pues no voy a dejar que se trasforme en la bestia, que todos llevamos. No dejaré que su luz se apague, su belleza interna es mi mayor regalo.





Yia

sábado, 23 de marzo de 2013

Hablando contigo





- El otro día me quedé pensando, y no me mires así, porque que tenga cara de que no piense no quiere decir que no lo haga. Como te iba diciendo, pensaba que me agradó mucho el hecho de que decidieras dejarlo todo por mí. Estuve analizando tantas cosas y me topé con la idea de que sería fascinante que escribiéramos algo juntos. Ya sé que te gusta la acción, eso de la sangre corriendo, la placa de policía y el arriba las manos esto es un asalto. Pero bueno, podríamos escribir algo como: Centellean las sonrisas de la noche y tú eres el numen que me espera, para santificar la bahía con mi bendita fosforescencia. No, no eso es muy Bretón, eso no te gusta. A ti te gusta algo así bien ''dark'' a lo Baudelaire: Eres el espanto transparente de la noche y la plena oscuridad de mi alma que desea que tus ojos duerman en la paz de las tinieblas. No, amor, que tal si escribimos después, creo que no tengo la musa encendida -no estoy así como quien dice, uf, pero que wow estoy escribiendo hoy-.
La cosa es que estoy muy feliz de que estés aquí, conmigo. Sabes, también estuve pensando en que podríamos ir a nadar mañana, sí, en el río que tanto me gusta, lo recuerdas?, te lo mostré en unas fotos. Sé que no sabes nadar pero puedo enseñarte, además en el patio de atrás guardo un flotador que era de mi tío Paco y pues creo que puede servirte. Y no te rías, que no es chiste, no me distraigas que lo que digo es serio.
¿Por qué me miras así, acaso tengo monos en la cara? Deja de mirarme y escúchame!. Ah, quería contarte que el jueves pasado vi una peli genial. Ya sé que dirás: "Tendré que leer el guion, porque puede ser que esa película esté basaba en el libro homónimo, y ya sabes lo que pienso sobre eso''. (Pero, no importa de todas maneras te cuento). Resulta que la protagonista tenía un perro y ese perro se murió, y para cubrir ese dolor, ella comenzó a cuidar a todos los perros que veía por la calle; realmente me llegó al corazón. Yo no la culpo, yo hubiese hecho lo mismo (y más porque tenía el espacio suficiente para poder cuidarlos a todos, ya que el patio de su casa era muy amplio). Imagina la situación, ¡oh me muero!, todos esos perritos sin hogar, eso es triste muy triste. Hasta lloré, sabes que eso de llorar se me da muy bien, pero amor, yo no quería contarte de mi lloradera y de esas cosas. Ah, tú siempre mirándome! A ver, qué hubieses hecho tú?

-- Yo hubiese juntado a todos los perritos que ya habías juntado tú.
- Pero, cómo es eso? No entiendo.
-- Pues, que todo lo que planeas también es parte de mis planes. Te hubiese ayudado con esa generosa idea.
- ¡En serio, amor! ¡Qué lindo eres! Pero sabes algo, pensándolo bien -soy alérgica- no hubiese sido muy buena la idea. Ah, pero la peli fue maravillosa, amor, qué pena que no la vimos juntos.
--Yo siempre estoy contigo, nena. Al menos me la contaste...

-Amor, qué bonitos ojos tienes, ya te lo habían dicho? Porque si no te lo habían dicho...
--Sí, mi madre me lo decía siempre.
- Y, amor, ¿Tu mamita está en el cielo o qué?, ¿Por qué no me la has presentado?
--Bueno preciosa, porque como ya sabes, me vine sin decirle a nadie, y todavía no he pensado en como darles a todos la noticia. Pero definitivamente, sé que estará muy feliz de conocerte.

- Hum- veo y, amor... por qué siempre te me quedas mirando así?

-- Te miro así, porque no sé mirarte de otra manera. Eres el ser más maravilloso que he conocido en mi vida. Me pareces adorable, ni siquiera sabes que eres muy lista, no tienes idea de lo inteligente que eres. No, eso no te importa, no intentas impresionarme, simplemente eres tú misma y eso me encanta. No me canso de admirarte, creo que tú no tienes idea lo hermosa que eres. Te miro así porque aún no puedo creer que esté aquí a tu lado, y no quiero perderme ninguno de tus gestos, ningún ademán, no quiero perderme el tono de tu voz nunca, no quiero perderte de vista, jamás...





Yia





















Mujer ninja





Toda dama del sigilo sabe como enfundarse en sus silencios, sabe hacerse menos sospechosa. Habla cuando tiene que hablar. Conoce bien su perímetro, es autodidacta y no conoce la palabra claudicar. Por eso cuando crucé miradas contigo supe que tenía que disfrazarme de lo que soy, supe que necesitaba perderme entre el gentío y caminar. Tu aroma fue la marca del instante, mi olfato supo descomponer cada molécula de tu ser circunstancial. Tuve que introducirme a la vulnerabilidad. Buscar en el tiempo y no pretender ser alguien más. Algo tengo de ninja, algo tengo de estela, algo tengo de luz, algo tengo de perpleja, pero si de algo estoy segura es de que soy efímera, creo que tengo varias limitaciones y que mis días están contados en el azul grisáceo del azar. Por tal razón no necesito esconderme, no intento figurar en las altas posiciones, sólo deseo tomar mi lugar. La gente adopta personalidades, usan máscaras o se sientan detrás del monitor a interrogar o a señalar. Eso no pasa contigo, amor, eso no tiene que ver con nosotros, vida. Estás allí tan real, desángrandote para mí cada día, olfateado cada huella que dejo, estás allí llenando mi habitación del verde de las hojas, pintando todo de verde, de verde agua de mar, de verde ojos, de verde selva, de verde paz. Yo, como todo ninja debo estudiar cada uno de mis movimientos, debo introducirme sin ser notada, aunque no puedo dejar de ser quien soy, porque sencillamente a mí no me viste ningún disfraz. - Sí, ese es mi trabajo de kunoichi extraña, tener cierta lealtad a través del vínculo emocional, ya que no es secreto para ti, que somos las líneas que se unen y se entrelazan en un vínculo casi ceremonial. Soy la que puede realizar todas las tareas diarias sin dejar de amarte. Puedo correr varias millas, puedo entrenar, puedo encargarme de cuidar el panorama y destrozar el de tu cama. Incluso puedo participar en tus trabajos de inteligencia, saborear tus sabotajes, inmiscuirme en tus contraindicaciones. Sí, también puedo cocinar, puedo preparar el agar en el laboratorio, salvar a el mundo de alguna bacteria o de algún espiral. Puedo mirar a los niños en el parque e inventar un hanami nuestro en plena temporada otoñal. Porque una kunoichi no deja de ser lo que es, aunque no lleve su pijama negra puesta, siempre llevará por dentro el grito -yiah- de la fuerza. Por lo tanto lo que quiero decirte con esto de ser tu ninja - además de que quiero que sepas me encanta la sabiduría oriental - es que no dejo de ser lo que verdaderamente soy cuando te descubro cada día más. Esto del disfraz no es un engaño es una asíntota entre tú y yo, y los demás, es la complicidad de las letras en símbolos que se trazan en escalas que sólo tú y yo sabemos descifrar. Amo cuando me miras de esa manera, cuando intentas conocerme sin darme cuenta. No hay mejor piropo que el que me digas que hasta mis puntos suspensivos son endiabladamente sexys. No hay nada mejor que ser, y ser lo que soy al fundirme con tu esencia, no hay nada mejor que ser la que conoce tus piruetas.



Yia

























jueves, 21 de marzo de 2013

Eras







Eras más que exilio de los cuerpos,

más que el aplomo de nuestras piernas, 
eras más que el camino que compartíamos.
Eras más que el eje y la rueda, 
más que la alineación de los planetas. 
Eras más que la levedad y el peso, 
más que el polvo que no ve el suelo.
Más que las esporas del viento. 
Más que una idea o pensamiento. 
Eras cierto, más cierto que el Sol, 
más amplio que el firmamento.
Eras lo que sigues siendo,
tu existencia se une a la mía
desde que la primera partícula, dijo quiero.



Yia















Fiera



Lo diviso, me incorporo,
me suelto, viajo con precisión, 
cada uno de mis músculos se pone escena. 
Me estiro, respiro, me lleno de ira,
está en mi naturaleza.
Me alargo, saco todas mis fuerzas,
mido, enciendo los ojos, me concentro,
me acerco, llego,
llego, cada vez estoy más cerca.
Me detengo, lo rodeo, investigo,
lo peso con la vista, me mira, lo miro,
me quedo perpleja.
Lo ensayo en mi mente, me capta,
no se inmuta, no se aleja,
me siente, lo siento, me detiene un pensamiento,
él también me recrea,
lo subestimo, me subestima,
siente las sombras que me rodean.
Se pone en guardia, sus patas no tambalean
intenta quitarme el territorio
y yo tengo que cuidar a la manada indefensa,
-también quiero permanecer
en este lado de la selva-.
No puedo dejar que me amedrente,
no puedo permitir que me muerda.
Me mira a los ojos, me ensaya,
damos vueltas, algo ocurre, la ira pasa,
su semblante ya no es el mismo.
Su mirada ya no pesa,
mi respirar ya no es acelerado,
me huele, se acerca, me acerco -huele bien-
Se sienta, me siento,
entre sus patas me recuesta,
tengo sueño, me acaricia,
lo quiero, me quiere, nos queremos.
Me duermo, me estoy durmiendo,
me besa, me besa, me besa...


Yia
























viernes, 15 de marzo de 2013

La Inmortal del goticista

En los altos decibeles, detrás de la dinastía,
después de Teodoro y sus arcas, 
luego de Delamen el hijo de la patria
cerca del Paño Norte, en la cumbre
del pacto con el alba,
antes de que lo inmisericorde comience
y se destruyan los pergaminos de Britania,
se diversificarán las escuetas remembranzas.
Afuera de las aguas, en la profundidad sin aura
en donde fluye la muerte haciendo escala...
un junco del tiempo llora reverdeciendo la distancia.
Y yo cepillo mis cabellos, frente a un crudo invierno
serena de nada, prisionera de las hadas,
curandera de la hacienda que me dio morada.
Tal y como contó la leyenda del alba rosada
esa que decía que mi pelo sería el pasatiempo
que me serviría para disciplinar las ansias.
Después de que el espejo sin duda alguna agonizara,
resuelta de mil ideas, y en estos reinos en los doy madera,
ser una pieza de lujo inmesamente buena,
no tiene ventaja aparente, no tiene el paso gris
que el murmullo resonaba.
En estos reinos cuyo príncipe no espera
a que se destiña la puerta, en estos parajes
de casta escuela y clases con equinos de largas puestas,
no veo mi cara desde que nací en la oscura selva,
dicen que la hermosura daña los ojos de quien la mira
y que mi gravitación se define ante su vil concupiscencia.
Y yo no tengo elección, su sarcasmo es quien me elige
dice que soy su miércoles, su salida del ayuno, su amante perpetua,
la plebeya que es más princesa que la fornica 

con el chófer de turno o con el que pone la mesa.



(escuchar después de leer: http://youtu.be/5anLPw0Efmo)

Yia

Tratado


Duerme el vaho que se transfigura,
nace la indiferencia plagada de penumbras,
 se destruyen las certezas
que están cerca del infortunio,
sucumben las mascaradas del destierro inoportuno,
crecen las burlas tejidas entre sarcasmos.
Crece el caos,
y nadie hace nada por menguar los estragos,
arde la llaga, entre el ruido y el espasmo
las nubes se cuajan sin ver un cambio.
Nadie miró lo que cayó sobre asfalto...
Lloran las generaciones sin saber del tratado,
llueve sobre la vida misma, llueve sobre mojado.


















lunes, 11 de marzo de 2013

Perfecto imperfecto








Tanto de ti me está ahogando de mí, en cruces de trenzadas palabras que tienen un poder que nadie puede comprender. Tanto de ti, se está eclipsando en mí, en soles, praderas y montañas. Tanto de lo que posees se mezcla con mis alas cuando salen en palabras, cuando se hacen arcos de justicia y te transformas en la criatura mitológica que invento cada vez que tengo ganas. Eres como un águila azul que se hace enorme cuando va abriendo sus alas. Eres todo en mi nada, la sed que hace a mi boca agua. Algo de ti se posa en mí, con todo lo que tienes en cada forma que reflejas. Eres el primer bocado que me alimenta. Eres, eres, eres...
Ese sabor que altera cada membrana que tiene el motor de mis fuerzas. Eres ese corto circuito que me acelera de adentro hacia afuera, ese no se qué, que sólo sabes tú que yo sé, tiene todo cuánto cabe en la plenitud de tu magnificencia. Tienes todo en ese no se qué, que me envenena, con un veneno que no daña, que no mata sino que me da vida nueva. Tienes lo incomprensible que hace que quiera aprender de tus muchas vueltas. Ese tanto de ti, que me está ahogando de mí, me hace tuya entre certeza y certeza. Es que tengo que repetirlo, es que tienes, tienes, tanto de mí, que me embelesa. Tienes eso que se suspende en los pleonasmos exigentes que no se extinguen en tu boca, sino que se vierten en todo lo que me provoca. Eso que eres, eso que tiembla en mi alma, como cuando cae en cámara lenta la primera gota de todas las gotas. Porque eres el tanto que suma los linajes dulces de la fragilidad y el cambio. Porque tuyo es el sendero del camino dorado. Tienes la mente que los milenios envidiaron, posees la sabiduría de mil sabios raros... tienes la palabra que puede paralizar a un mundo deshumanizado. Tanto de ti, me deja sin aire, para respirar un nuevo oxígeno, que hace que exhale, una legión de niños, canciones, alegrías, pueblos, personas libres, mujeres, hombres, aves, mano de obra, libros...
Es que tú no sabes, lo bueno que haces. Recuerdo todo lo hermoso que me enseñaste. Hiciste que el miedo se vuelva mi arma más importante, me mostraste como transformarlo en logro, en arte, es que tú me infundes el valor para matar el tedio, la amargura, el desagrado, el desaire...
Esto es un compromiso con las huestes de un mundo que no ha sido diseñado, este vientre no tiene un solo rastro del sabor salado que dejó el pasado, tú me regalas el cielo que se cubrió de vuelos rasos. Tienes tanto de mí, que me reconozco cuando te miro, cuando te amo.








Yia



Voz desnuda




La amplitud del murmullo colmó el lugar de ganas de escuchar, el azar había tirado el dado dorado. El chasquido se mostraba traslúcido, sin un par de cachos.

Ella no determinaba la salida, su corazón estaba en invierno, su mente disimulaba fotos, transmitía movimientos inverosímiles que marcaban el ritmo de lo pensado y transitorio. Su alma cubierta de espinas, la atraía a las noches rotas, a la fiereza de ser la que dominaba cada mirada que hacía. Era libre, nada turbaba su baile, lucha, su resurrección de cada día. Su atractiva melena volaba con su caminar, el ritmo de su cuerpo soltaba olor a rosas de Afrodita, era diosa sin saber lo que demostraba cuando nada le parecía como quería. No lucía su aureola, no tenía ganas de mostrar su mejor cara, ni su espalda bendecida. No era calculadora, no tramaba trampas rojas, ella era una más en el antro escorpión de una fulana de tal que emulaba a Madonna.

La amplitud del murmullo colmó el lugar de ganas de escuchar. Él agudizó su oído de manera sorprendente, aisló todo el sonido para concentrarse en aquella voz. Las luces llenaban el espacio, la música insistía, las caras se dibujaban, pero no se veían claras. Era un momento en el limbo de una dimensión desconocida, una matriz invertida, un hueco entre la algarabía. La música seguía, la gente parecía un bulto enorme y él no había tomado nada que alterara la noción, ni el balance de sus piernas aguerridas. Temblaba, parecía que flotaba. El sistema límbico disparó un estallido que no mermaba, y de nuevo aisló un sólo sonido que seducía a toda la paleta de colores que amalgamaba a su vida. Esa voz llegaba con gran magnitud a todos sus sentidos. El tono aterciopelado de la diosa, sonaba sin reparos entre sus neuronas, podía verla desnuda aunque llevara ropa, no sentía el morbo de hacerla "cosa", no tenía ganas de tenerla, (hermosa y libre la quería) sólo escuchaba lo que decía. Un potente imán le atraía.

(Los ojos café y el cabello ondulado, el canela en piel y el paso sagrado, la voz de estigma y la mirada de caricia... la paz en el rostro y el instante perfecto, la música que no oía...)

Nunca antes había escuchado una voz que llenara su alma de atención -algo dentro de sí, le decía: ella habla diferente, acércate a la desnudez de su voz bendita-

Yia





















Mío




Tu aliento llegó, cruzó lo que teñía el cielo y el azul se dispersó por mi cerebro. Sé que no es una película que puedo ver en la sala rodante a la que llamo vida. La verdad es que te buscaba en cada mirada en armonía, te miraba en cada luna que entraba y salía, te intuía, vaho, sereno, rocío, figuración mía, y sólo mía. Pero eres cierto, lo sabía, siempre hay algún vivo en el cementerio, siempre hay un loco completamente cuerdo. A pesar de todo, ya estás aquí, qué bien se siente tu compañía, qué milagro hermoso es el encontrarte, agua, entre tanta sequía. Porque te bebo, agua y sangre, porque justamente soy vampira, nueva reina de tus palabras, dueña de tus viajes, proezas, tropiezos y fantasías. Camarada justa de perfecta sincronía, dura de roer, lenta para la ira. Cómplice que te presta los mejores años de la vida. Secuestradora, que te exhuma, celadora que vela las puertas inmensas de las plegarias que ni siquiera hacías. Dueña absoluta de tus rabietas y alegrías. Sabes... yo lo sabía, creía que no era cierto eso de la postrimería, ese pensamiento adverso, esa marca que recoge todo lo que representas ahora en mis ironías. Estoy de acuerdo contigo, qué locura más placentera, qué bien se siente el no ser el único extraño que extraña, que conoce lo que la hay entre la bilis y las entrañas, qué alivio sentir que lo escrito no es una página cerrada. Me alegra tanto el que hayas venido, con ese andar distintivo del que camina entre las letras que no culminan con el olvido. Me estremece el saber que no todo está perdido cuando caes en el abismo, me fascina ver cuando abres tus alas y le dices fin a lo que no te vio como lo tenías merecido, me fascina que seas el mejor humano que vuela entre tanto buitre malparido. Gracias por llegar, mío.


Yia


















Me gusta





Me gustan las personas seguras de sí mismos, aquellos quienes no necesitan de un "me gusta" para saber que lo que hacen es bueno. Me gusta la gente que aprende paso a paso, que no deja el camino por un fracaso, que reconoce lo bello de su imperfección y disfruta del viaje que se ha trazado. Aunque, siempre es bueno que reconozcan nuestro trabajo...
pero observo callada, absorta, con un aire imperceptible de inocencia, con el asombro y la duda, del que busca, del que piensa...
Yo sólo me siento a observar en paz, indefensa, con las piernas cruzadas de un niño de Tiberia, con la tranquilidad que miro en los ojos del sabio, y llego a la conclusión de que esto se ha vuelto una cuidad de zombies que vuelven a morir, una y otra vez, si no son halagados. Quizás esto se preste para malintepretaciones, puede que la verdad no sea fácil de escuchar. Pero no vine a juzgar. No vine a poner el dedo en los demás, sólo vine a sentirme por dentro, a ver con los ojos de un nuevo mirar.
Vine a aprender de mi entorno y de sus contextos, vine a convivir con todo tipo de personas con virtudes y defectos, de ellos escojo, lo bueno y lo bello.
Me gusta la gente que sonríe, que se mueve con el viento, que ama sin mirar lo que posee cada cual. No vine a decirte que estás mal, tú decides el camino que quieres andar. Sólo vine a decir lo que me gusta, y a escuchar a el corazón humilde, de verdad, ese que no tiene que llamar la atención, para que sus latidos se puedan escuchar.



Yia

















No estoy






Sería fascinante ser invisible, no existir, existiendo. Eso de no verse, es un misterio que seduce, pero no estoy completamente segura de querer desaparecer. Lo voy a tratar como prueba, así que si quieren me acompañan. De todas maneras eso de esfumarse es una tremenda idea. Es como irse a el monte lejano, comer de lo que comen los pajaritos, vivir un día a la intemperie, tener vocación de ermitaño. Creerse el tipo de la película del Náufrago y no tener la necesidad de amar a una bola. Es algo así, como irse de todo, pum, estallar en mil pedacitos de invisibilidad. No tener peso, ni esa carga de ser visto; tal cual, así tan expuesto a los afectos y a esas cosas parecidas a la envidia.

Ya me dijo mi camarada, tú estás demente, en qué cosas piensas. Bueno, no es que piense en locuras, es que es lógico pensar en diferentes alternativas, que por más absurdas que sean, a mí me parecen toda una hipótesis seductora. Puedo querer ser nada, o sea sí, no tener nombre, ni muros que la mayoría ni quisiera aprecia.

Como me dijo un día mi adorada abuela: a ti si te dejan traspasas paredes como el hombre invisible. Yo lo tomé literal por eso escribí esto de la desaparición completa.
No sé, es como subirse a la dimensión desconocida o dar una vuelta por el Triángulo de las Bermudas, sí, eso me gusta, ahí sí hay misterio. Esos viajes son muy interesantes, más si nadie te está viendo, recuerda que no existes, y esto es sólo una prueba.

Lo dije en mi mente: necesitas hacerlo...

Al poco tiempo (mitad del día) me sentí ahogada, miraba para todos lados, las manos me picaban. Tenía una leve desesperación momentánea.
-Esto de desaparecer me está afectando. Qué pasará con esto y con aquello? Por qué quiero saber de esto otro? Qué angustia no tener noticias de fulano de tal o de perencejo!
Me siento desnuda!

Empecé a extrañar a ese que me traduce el japonés que tanto me encanta, me hacía falta ese que me muestra las imágenes de las cosas que le pido, ah y ni hablar de la hora, no sabía que hora era, no traía reloj, el sol no me decía. Hasta quise saber si hacía frío, no tenía ni un poco, pero quería saber, creo que era parte del nerviosismo.

Antes de tratar esto, pensaba que sería maravilloso caminar y no ver mis huellas, escuchar los pájaros y no el "pup" de las notificaciones, ver las quejas de aquel, las inseguridades de aquella. Pero bueno, son mis amigos debo aceptarlos como son, de todas maneras los quiero, ellos me soportan a mí. Gracias al cielo que sólo fue un día. Debo apresurarme, necesito cargar el celular.

Mañana prometo que lo usaré menos... no, no, mejor le quito el internet y punto; o que tal si lo apago?



Yia

Anna y usted





Es parte del plan. El primer paso es tocar la realidad. Durar más tiempo de lo necesario. Crear una zona parecida a la zona eclíptica, dejar que los porqués sean la orden del día. El suministro de ideas deben vagar de mayor a menor. Las ideas grandes van primero, las que siguen sólo son el soporte de las mayores. Es un conteo básico, es la magnitud de un intrascrito vivo que tú mismo creas, un rescate imperioso, una vuelta más en el espiral de los histriónicos. Dicho sea de paso, este procedimiento tiene efectos secundarios, por tal razón es de sana gestión estar al tanto de los defectos, conocer bien nuestros puntos débiles, y obviamente usarlos como armas para vencer en cada fase. Ahora sólo basta con invertir los papeles, ocupar el lugar de alguien más, ese que siempre quisiste ser, (porque en el fondo ese eres). Impide que te afecte lo negativo de las ordenaciones que pasan por tu izquierda. Debes alejarte de los hábitos. Deja que tu futuro se asome, mira con cautela. Escapar de la realidad es el próximo paso, si saltas este paso, lo que resta no será alentador. Nubla tu mente y luego exhala lo que supuestamente allí estaba. Crea un paso militante entre tú y tus cuerdas nerviosas, esto es como si besaras a tu cerebro primitivo. Es algo sencillo, usa una idea para sugerir otra. Es una manera de sugestión, la llegada de otra idea a la mente, el paso a lo desconocido. Después de auto hipnotizarte, decides.

Anna no prestaba atención, el profesor decía cosas que ella sabía, nada de lo que éste decía le parecía coherente. Estaba aburrida. Hacía gestos, como si detestara cada uno de los ademanes del profesor. Se sentía insultada con tanta palabrería. Al final de la clase quiso ponerle fin a su enojo, quería hacerle saber al profesor que no le agradaba. (aunque realmente, lo que sentía no era eso)

- ¿Qué deseas, Anna? Nada. Bueno sí, mire profesor sólo quería decirle que eso de la auto- sugestión... conmigo no resulta, ni resultará nunca.

¿Por qué? Ah, pues, porque simplemente no me da la gana.

- Señorita, me parece que está siendo grosera, yo no estoy aquí para tomar decisiones por usted, mi deber es enseñar y el suyo es obtener el conocimiento que quiera.

(Jajajajaja) Eso mismo le dije, ya le dije que no quiero obtener ese conocimiento. Ah, que por cierto me parece muy tonto.

- A ver, si aquí la conocedora es usted, cuénteme, explíqueme.
Dígame que piensa, la quiero escuchar; me sentaré cómodo, bueno, si tiene tiempo...

(tomó asiento y cruzó la pierna, con cierto aire de superioridad y profesionalismo)

Cómo le decía profesor, yo no le presto atención a sus palabras. Yo lo miro a usted. Es muy guapo. Me gusta, y si quiero, por más que se auto sugestione, yo puedo tener poder sobre usted.

El profesor, no tuvo más remedio que sonreír...

(continuará...)



Yia














CONTEMPLARLO


Contemplarlo no era un esfuerzo,
era como ver el vaivén de una hoja cayendo,
o una rama jugando con el viento,
era habitar toda la nada, con solo verlo.
Contemplarlo era la manera más simple de parar el tiempo.
Contemplarlo era respirar de nuevo, de nuevo, de nuevo...
Contemplarlo era disfrutar el silencio.
Contemplarlo era reconocerme, en su hábitat interno.
Contemplarlo era conocerlo.

Yia

Mi casa




Siempre he sido hija tuya, madre, 
del viento y de la tierra,
de la luna que sonríe si me hace falta mi abuela.
Siempre he sido nube llorona, clavicordio sobre la mesa,
un enjambre de dudas nuevas, llenas.
Soy lo que soy cortando el agua de la espera,
soy fénix que naufraga, un pez que siempre quiso tener alas,
ya sé que necesito ayuda de las aves,
necesito ser infrarrojo en donde la oscuridad ya no deja nada.
Siempre regreso a mis pasos con mi cara de rara,
y recojo las plumas del camino
para tejerme unas alas...
Siempre vuelvo a ser mía, tan tuya, tan clara...
a ser del lugar en donde no sólo reclino mi cabeza,
en donde no sólo se tiende la cama,
en donde descanso en y fuera de mis muchas ganas.
Yo sólo quiero dibujar silencios en ese lugar,
en donde las paredes hablan...
y decir que mientras estemos juntos,
no nos hará falta nada.
Quiero ser y volver al lugar en donde
voy cuando sola me encuentro.
Es que siempre he sido hija tuya,
tuya, hija, madre...
Soy lo que lo invisible no dice en los textos,
lo que dice el fuego en la sangre,
eso que no es sólo eso...
la mirada tuya que se aquieta
detrás de todos los tiempos.
Soy tu hogar, tu cuerpo en mi cuerpo,
mi cuento de real, mi casa, tu templo.


Yia

Lenguaje nuevo





En el intenso soliloquio de tu cuerpo,
ahí donde comulgan
las palabras que se empecinan en concederme
la fricción de un manojo casi mortecino,
se detienen el ímpetu y la danza,
se arremolinan las menciones obtusas,
acrecientan las pistas, fases, que me refugian.
Nada de lo era se place en reptar
desde la memoria inconclusa.
Nada quiere interponerse
entre tú y la bruma,
lo peor de todo es que me gusta,
me basta con la muralla
de un tiempo ido, con la premura de tu rostro
la duda que silbas, basta con el susurro que dejaste
en tu noche claroscura.
Aquello no que dices cuando tu lenguaje habla,
ese esqueje que se trenza desde tu mirada,
califica todos tus dones de manera exagerada,
me concede la dicha de descubrirte misterio,
te hace relicario dueño de mi atención,
urbe estática de toda la cuestión aquilatada.
Enciendes el fulgor escondite de mi verso,
la quiromancia no resulta si tu mano a la mía no se ata.
De todas maneras no hay líneas en las que crea,
no hay fuego si no hay chispa en la fogata,
no pasará futuro enardecido ni la suerte tendrá morada.
En el intenso soliloquio de tu cuerpo,
intento descubrir lo que dices cuando dices que me amas...
Intento persuadir a un nuevo léxico, lúcido,
definitivo, exclusivo, prerrogativo, inquisitivo,
que me muestre la intensidad de tu existencia
en cada palabra que en ti descansa.


Yia