domingo, 27 de enero de 2013

Get Lost



A medida que el aire disipaba las distintas caras del asombro, su mirada marcaba el soslayo notorio de la duda, el ímpetu del tiempo era culminar en velatorio.
No había más sendero que sus pasos cortos entre los vicios de la rutina. La expresión de su rostro ataba cabos en la nada, que era todo. Se arremangaba la camisa, practicaba un hola en el espejo y caminaba en pos de la cita. Algo de Clapton sonaba en la lejanía, sus pies quemaban el largo de la acera, la pausa de un letrero selló su pensamiento en la tonada del Get Lost que taladraba su intelecto.

No esperaba conquistar su sonrisa, no tenía planes lujuriosos; sólo quería beber un poco de vino, charlar del trabajo, contarle del 9 de junio. No tenía un plan de desahogo, ni su cartera estaba llena de ceros que giran a la derecha en el plástico de una tarjeta. Sólo cargaba la esperanza de poder verla, de escuchar su voz modulando cualquier tema y recoger los pedazos de su corazón roto, mientras la miraba de cerca.







sábado, 26 de enero de 2013

Me fui



Hoy me fui lejos,
clavé mis orillas al suelo,
y disparé al firmamento.
La cuestión era ver,
estar segura de que vuelvo.
Hoy quise decirte hasta luego,
necesité la terapia de siempre,
el ocaso perdido en el tiempo,
el deslinde de la corriente,
el magnetismo heterogéneo.
Hoy despilfarré las neuronas
en la luminosidad del misterio,
y sin saber cómo regreso,
di vueltas como un cometa
en un cosmos transverso.
Hoy supe que callar era bueno,
que no existe parábola sin refuerzo,
que no se extienden los brazos
si no quieres abrazar el miedo,
que no funciona el despiste,
si no es por amor sincero.
Hoy me fui, me fui lejos,
no para vencer el ego,
no para sentir recelo,
me fui porque soy libre contigo,
aunque sin ti, me muero.


Yia

jueves, 24 de enero de 2013

Los ojos

En cuestión de segundos en los ojos del otro,
somos lo eterno.
La verdad simple más compleja.
Lo pequeño que se engrandece.
Lo que tenía forma y se distorsiona,
cuando se aloja en los ojos que reflejan el alma.
 Allí no hay secretos, ni encrucijadas,
 en los ojos del otro estamos
 desnudos de toda palabra,
el lenguaje cambia.
El silencio se encarga.

sábado, 5 de enero de 2013

Hanami



Un día pasará... que lloverán conciertos acústicos de pétalos, y vendrá la risa tímida con el secreteo del viento. Será como un hechizo que transforma al tiempo en rudimento. Caminarán seres de la mano y sus pasos no veremos. Aquel parque será como una visión de oasis, como la sed que se calma con agua cristalina. Mirar esa escena será refrescante como la menta. Traerá la energía de vuelta, moverá nuestra alma en una danza azul que nos llevará de denuedo en denuedo. Caerán como cascadas los rosados, los violetas mezclados entre el blanco que aguardaba la mirada de un corazón abierto. Los ojos quietos dirán que la armonía era parte del cortejo, el movimiento lento del suceso, nos dirá todo lo que puede decir un árbol lleno de intelecto.


(Los dos tenían la plena dicha de haberse encontrado. No sabían que un cerezo podía decir tanto. La mirada ocurría sin percatarse del amor, sin mediar palabras, ni pensamiento alguno. El enamoramiento sería un hecho postrero, el amor ya los escogió. Nada ocurre en vano. El secreto está en lo cotidiano.)



con amor, Yia

Mi cita con la inevitable



Ven, por qué callas? 
Por qué haces desaparecer a la gente?
Por qué el deseo lúdico que enseñarme a extrañar? 
Para qué las dudas, la congoja y el desdén?
Ven, quiero no temerte esta vez.
Quiero empuñarte, y que seas tú quien tiemble.
Cambiemos de lugar, iré por delante,
tú irás al revés, cambiemos de papel.
Dime, qué se siente estar al borde,
cómo sientes las rodillas y el frío...
No me digas... yo te digo!
Se siente horrible ser como tú,
se siente el vacío...
A ver, tienes el remedio, la cura,
o son delirios míos?
Ven, mírame, háblame como habla la noche,
dirígime la vista hacia las cosas que no veo.
Já, como quisiera gritarte que me dejes...
que no vuelvas a pisar mi apellido,
que no camines más por la casa de mis parientes...
Ven, siéntate, me calmaré, iré despacio.
Comencemos otra vez...
Deseas un té, algo más fuerte?, o quieres
que te rompa los dientes con mi mirada insistente.
Ven, muerte, te reto a un duelo secreto...
quítame la vida a mí, pero a los míos,
déjalos disfrutar de sus momentos, por más tiempo.




Yia














miércoles, 2 de enero de 2013

ENCONTRÉ



Llevo horas buscando en el lodo.
Llevo una vida entera volviendo
al principio del fin.
Como aquel que va a todos
lados y a ningún sitio,
llevo todas ganas de comenzar
a surgir.
Llevo días buscando entre las hojas,
pernoctando entre las huellas del aserrín.
Llevo inviernos sin fríos entrelazados
guardando un abrigo limpio, desvencijado,
para quien desee subsistir.
Llevo tiempo mirando que lo añejo sirve,
y que lo antiguo de su mirada
no se pierde en la nada de un ataúd.
Llevo mis años contado anécdotas
que yo sólo entiendo,
porque las construí, amando aún.
Llevo miles de respiraciones constantes...
admirando las rarezas del ocaso
y las manifestaciones personales de la salud.
Llevo la mirada puesta en las dudas;
cada vez son mayores los recodos,
y cada vez hay menos manos que ayudan.
Tengo por seguro que mi tiempo en vela,
es parte de la esencia del tesoro que urdí.
Por eso entre buscando y buscando
he aquí lo encontré, he aquí lo que aprendí...

Encontré, que lo que no tiene lustre
es mejor que el oro.
Encontré, que lo que tiene oro no tiene
lustre glorioso.
Encontré, que un segundo puede ser milagroso.
Encontré, que el deseo persigue
a quien tiene las ganas de permanecer
vivo, aunque la vida lo ahogue
entre socorros y olvidos.
Encontré que en la oscuridad, nace la luz...
que el destino no es la meta sino el camino,
que la cuenta regresiva la decide lo incierto...
Encontré, que el verdor de la primavera
se renueva con la lluvia,
y se embellece con el viento.
Encontré, que la tristeza se aplaca
con un poco de cariño...
con el latido al unísono con el sentimiento ajeno.
Encontré, que un mendigo puede ser rey,
puede ser bueno,
y que un rey puede merecer el peor de los castigos,
por perverso.




Yia

EL UMBRAL



Puede inmiscuirse en la noche
y preguntarle a lo oscuro sobre la inmortalidad.
Intenta conmemorar lo que ignoramos 
por no querer presenciar la cumbre
esférica que no se va.
Puede exteriorizarse en miles de formas, 
que no son apropiadas para la mente, 
que no quiere ver por el cristal.
Puede ser la obra maestra sin realizar.
Sabe lo que se siente el caminar
entre los muertos que adolecen de paz.
Se parece a esa mezcla de ideas que retornan
cada vez que buscas más allá.
Deja claro que el quebrantamiento
trastoca la ironía del pensar.
Puede transfigurarse de a poco,
y ser equivalente a una logia de desmesura
sin igual.
Trata y tratará,
de anular el desprecio que dejó sobre la Tierra
la indiferencia mortal.
Permite a veces, de manera superflua,
que la esfera se expanda en lugares
que no podrías imaginar.
Lleva la moraleja densa que se siembra en el numen,
de quien va en contra del mal y la verdad.
Puede ser la pieza que le falta a algún
un poema inconcluso, que maniobra al azar.
Puede ser la respuesta a una pregunta,
que no existe, ni existirá.
Puede ser un párrafo perdido,
en algún crucigrama abismal.
Puede ser el camino de aquellos que conocen
los misterios de una mirada que atraviesa,
dulcemente, el umbral.




Yia

Hay un lugar



Hay un lugar en donde tú y yo vivimos solos en el tiempo. Cada vez, nos encontramos allí, somos nuestros pensamientos. Somos del mágico suceso de la espera y el reconocimiento. Hay un sitio en donde a nada le tememos, en donde si algo nos duele, se vuelve pasajero. Hay un retorno continuo que nos brota desde adentro. Una parte en donde lo perverso se vuelve bueno. Allí somos invisibles entre la gente. Sabes cuando te necesito, sé cuando quieres que pase a verte, como eres. En ese lugar nadie sabe que estamos, y nos gusta, así. Hay un lugar tan íntimo en donde respiras por mí, en donde mi sangre corre por tus venas, en donde mi corazón palpita tu nombre sin darse cuenta.
Hay un lugar en donde parpadean tus ojos, cuando parpadean los míos. Hay un solo lugar, en donde nos miramos con paz y nos apasiona el delirio. En donde no tienes que enojarte, ni padecer, ni sentir el existencial vacío. Allí, no te esmeras por querer saber más de lo que debes. Allí simplemente, te sientes quien eres. En ese lugar crees con fe ciega, sin importar los afanes del futuro. Allí, sólo vives con entrega, crees de manera dulce, porque sabes que estaré presente, y yo creo también, porque has estado siempre. Hay un solo lugar en donde mi vida tiene significado, en donde los besos son sagrados. En donde no existe el pasado, en donde el límite no está marcado. Hay un lugar en el que tu cuerpo y el mío son libres de toda vestidura. En el que nada puede hacernos daño, porque nos amamos con locura.








Yia

Qué puedo decirte amor...



Qué puedo decirte amor, que no sepas. 
Qué sale de mi pecho, que no intuyas,
que no beses, que no entiendas. 
Si de mí tienes la muerte y la vida.
Qué puedo sentir que no hayas sentido, 
si todo lo que vive en ti, vive conmigo.
Porque te siento prolongación de mi aliento,
la secuencia idónea de mi existencia,
la causa noble que ahuyenta todos los miedos,
la razón primordial que inmortaliza,
la conquista de la batalla del día a día...

Qué puedo darte amor, que no tengas,
si lo tienes todo en tus manos vacías.
Si la vida me muestra que en ti
se construye todo lo soy,
si el espejo refleja tu cara cuando miro la mía.
Para qué decirte amor, que valió la pena,
que el dolor fue el preámbulo
a la gloria que veo tus ojos,
que la espera fue la víspera de la plenitud infinita.
Qué puedo decirte amor, que no sepas.
Si el amor habla por sí mismo con el lenguaje
más puro que pueda existir sobre la faz de la Tierra.

Yia