miércoles, 23 de octubre de 2013

Tres

Yo soy ella y ellos fueron tres



(De frente al espejo)

Los llevó a su corazón y allí durmió con ellos manteniendo su apetito.
Los libró de sus miedos renunciando al oro y al vestido púrpura
que el rey le ofreció por su aplomo.
Les interpretó cada paso con cada hoja de vida que sostenía.
Supo inocular sangre nueva en cada cortadura que se hacían.
Cenó con ellos y sació sus carnes con el pan de las nubes.
Tuvo clemencia cuando tardaron al volver y nunca les reprochó.
Los amó a los tres como los leones amaron al que no se comieron.
Los guardó como el fuego 7 veces más ardiente los guardó,
y no les quemó ni el pelo.
Los vistió de lino cuando tuvieron que estar presentables
y los abrigó cuando tuvieron frío.
Los libró del valle de sombra cubierto de huesos,
y multiplicó sus bienes ciento por ciento.
Fueron tres sus amantes.
Sí, tres fueron.
Ante sus ojos fueron agradables, justificados porque sí,
porque el palpitar que tenían se acercaba a la palabra "bueno".
Fueron tres y tuvieron un orden respectivo.
Un nombre que se aislaba del otro nombre, un apellido distinto.
Ella soy yo, y yo fui quien los amé primero.
Yo hablo de ella como si fuese otra
pero ella y yo somos las mismas en la plata
que está en el cristal que me miro.
Fueron tres y en ellos tuvo contentamiento.
Cada cual sostuvo su alma sin alzar vituperio
en contra de su destino.
Y yo fui la cuidad que calzó sus pies.
Fui testigo mudo de todo el proceso.
Yo vi cuando a uno se le cayeron las carnes.
Observé cómo lo perdía todo y escuché
cuando alzaba su voz en cuello.
Aún así no se quejó y me quiso con lo poco
que le quedaba sobre los huesos.
Y yo fui la otra cuidad que supo de la cueva
que usó, el otro.
Tuve un lugar en donde esconderlo de los ojos
de la estatua que traía muerte y deshonra.
Hice que los pájaros le dieran de comer
para que recobrara las fuerzas.
Yo lo vi llorar -al segundo- cuando tuvo miedo.
Lloré con él y lo apacenté entre mis piernas.
Cuando tuvo que levantarse me levanté con él.
Lo vi correr por debajo de las flechas cuando
fue perseguido.
Sentí mucho orgullo cuando no se dio
por vencido.
También vi el momento de su hora,
pude presenciar el instante en el que su transporte
surcó el infinito en una llama ardiendo.
Al tercero no tuve ni que escucharlo,
siempre estuvo conectado a mi tímpano.
Él pudo descifrar los sueños que ningún sabio había
decodificado.
Él pudo interpretar lo que ningún conjuro había podido.
Él leyó la inscripción que escribió la mano
en la pared del rey soberbio.
Los amó a los tres, y, ella y yo somos los mismos instintos.
Tres fueron los amantes que se le permitieron
y cada uno de los tres nombrados en este escrito están
sustituidos de una manera enigmática que no voy a incluir
en este dicho.
Yo soy un lugar diferente en cada historia que escribo.
Los amé mucho y ellos también me amaron en alma, cuerpo,
semen, ayuno, silencio, saciedad y grito.
Ellos me amaron tanto, porque les mostré el camino.




(Se miró por largo rato, cepilló su cabello y siguió mirándose al espejo. Ocultó sus alas para no delatar la gran comisión y salió a buscar al próximo en la lista. Ahora todo es diferente, en aquellos tiempos tenía que ser un lugar, transmutar en formas diversas con el poder provenía del mismo sitio. Ya no tiene mostrarse cuidad o lugar específico. Aunque sigue siendo mujer cuidad, lugar, hogar, casa, y mitad de una, como antes. Los muros de este tiempo son distintos pero el fin es el mismo. Las paredes se tornaron de otra manera, los espacios son más fáciles de traspasar. Ahora sólo tiene que sentir la esencia del que está del otro lado.






http://youtu.be/WJTXDCh2YiA



Yia

































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