domingo, 6 de octubre de 2013

Nada es nuevo


Well you only need the light when it's burning low
Only miss the sun when it starts to snow
Only know you love her when you let her go
Only know you've been high 
When you're feeling low
Passenger


Ya todo está escrito, esto no es más que una ilusión pasajera. Esto no es más que una repetición de algo que alguien pensó. Somos los restos de la información, la reinvención de las mismas letras. La historia de la historia.
Jorge Luis Borges, Edgar Allan Poe, Franz Kafka, William Shakespeare, Miguel de Cervantes, Fedor Dostoievski, Víctor Hugo, Dante Alighieri, Jane Austen, Oscar Wilde, León Tolstoi, Julio Verne, Charles Dickens, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez... etc, después de ellos y otros más, ¿queda algo por decir que no se haya dicho?, ¿queda algo que no se haya pensado... debajo del Sol?
Una cosa sí sé: Somos enemigos de nosotros mismos. Aunque todo esté escrito, hay algo distinto en la reinvención. Siempre hay un silencio, siempre una hay puerta que deja pasar la luz. No hay nada nuevo debajo de Sol, pero hay un camino escrito en cada átomo de nuestro cuerpo, un ADN que te hace campeón, un correr tras el viento que hace desesperar a aquel que tiene el don.

¡Mira la montaña! El vértice anuncia la renovación de las cosas. El viento solemne nos prepara para lo desconocido. Continúa el ciclo. Las aves ya habían disfrutado precozmente de la lluvia. Así sucede. Lo propio ocurre sin que nadie lo vea. Si no pregúntale a las aguas que saben hacia donde se dirigen. Esta tarde también tú, Sol, estarás robándonos el señorío. Condenado a ser valiente, firme en la intensidad de calor que te toca. Todo lo que fue, aspirará a volver sin tregua. Se esconderá en la más recóndita gruta o en la corola de una flor escasa de sombra. Un nuevo atisbo se asoma, radiante de placer ante la magnificencia. Esa luz... esa que se extiende hoja por hoja, cubriendo toda la Tierra del rumor de las horas. Ese acontecimiento continuo, es lo que queda.

Esto es lo que queda después de los afanes. Lo que nos observa después de una buena lectura, luego de una exquisita comida... después del sexo, después de habernos saciado de todo. ¿Qué queda? ¿Acaso hasta el amor cansa? ¿Acaso hay ciertos vacíos que nada llenan? El sublime beso se acaba, se extingue la mirada del ser que nos trajo al mundo. Pasa, todo pasa. Después de todo lo que llevas adentro, esas conglomeradas diapositivas, esos retratos que fijas con los ojos cerrados para que no se escapen en las lágrimas...
Todo lo que nos llena, también nos vacía. Lo que nos deslumbra también nos defrauda. Luego de todo eso, sólo queda el vigor del silencio llenando todos los espacios con su paso lento. Esa luz, ese silencio..., de brinco en brinco sobre el mar, haciendo parada en las profundidades y abismos. Sólo queda eso, sólo queda el silencio.

Quédate pues, tú, silencio: Que ya me sacié de todo, que un grupo de poetas lo dijeron todo. Quédate, que esas palabras que brotaron por tu causa, temblaron, como yo lo estoy haciendo. Quédate tú luz, que ya sintieron lo mismo. Pero el código no es igual, cada quien nace con el suyo. Quédate y hazme aprender de mis errores, porque no quiero seguir teorías de ninguno. No hay encrucijada, ni atajo que me sirva más que no seguir ninguna cosa mecanizada. Sin quitarle el valor a la técnica, claro está, pero entendiendo perfectamente que algunas veces lo mecánico se agolpa en el sueño y se apodera antes de que uno mismo se de cuenta. Hay que hacer las cosas bien, eso lo tengo presente. Aprender, aprehendiendo, tomar la copa que rebosa en la satisfacción propia...

Quédate silencio, que ya me sacié de todo, que no quiero superar a nadie, mi meta es superarme a mí misma. Quédate silencio, que el Parnaso está lleno, que nadie entiende que no quiero ser grande, la grandeza se lleva adentro. Quédate tú, silencio, que no me interesa la cumbre ni el laurel que ostenta la codicia de ser primero. Cuándo entenderán esto, dicen que para llegar a este entendimiento hay que ser muy viejo... eso no es cierto. Todo es relativo, pregúntale a Einstein que siempre fue el mejor pero tuvo un desarrollo intelectual lento. 

¡Entra Sol en mis pupilas!, degrada la veta bronca que me hace ciega a las cosas del alma. Precipita en mi cabello una cascada, ondea en mí una bandera blanca.
Porque así de majestuoso eres, tu poder es irreductible y estás renovando tu centro conmigo. La armonía aún existe, cambiante, se reforma con cada palmada de conciencia en la raíz del ser. Quédate silencio, que todo vuelve a la normalidad, pero tú siempre volverás. No pierdas tu destiempo y hazme hablar cuando tenga que hablar. No hay nada nuevo debajo del Sol, pero mi imaginación sigue dando vueltas y no hay límites en mi creatividad. Esto describe el respiro que tengo, esto rectifica mi búsqueda, agudiza mi misión. He comprendido que siendo una diminuta mujer en este fragor de anhelos: Tengo afanes innecesarios y tengo vida, aunque la vida misma no me necesita.

Formo parte del silencio que cubre lo alto y lo bajo, lo pequeño y lo inmenso.
Quédate silencio, hazme tu ofrenda, háblame, como tú sabes hacerlo.







Escuchar luego de leer http://youtu.be/kTuLDimhKaY

Yia

fotografía de © Elena Zanotti.


















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