lunes, 2 de septiembre de 2013

Vértigo



Asco, siento vértigo. Me duele la redundancia, como si dijera me duele el dolor. Me destruye las víceras de la inocencia, me arrebata las palabras, el oxímoron. Me truenan los dedos, la cabeza me da vueltas y nadie va a escuchar el grito que se perdió. ¿Hasta cuando la esfera dará vueltas?
¿Cuando vendrá el himno de amor? ¿Por qué tengo el vibrar que no me deja? ¿Por qué me siento respon
sable? ¿Por qué me pesa?
Siento asco, me duele el nudo, el corazón. ¿Dónde anida la certeza?
-¿Cómo podemos quedarnos a mirar, cómo podemos ser tan miserables? ¿Dónde está la alegría, la plenitud, la compasión, la piedad?-
¿No están? ¿Queda gente? Murieron, están allí. Allá están, ¿los puedes ver?, sólo querían respirar. ¿Ves hasta dónde hemos llegado? Eran niños, sólo querían jugar. Pero ya sé, quieres resolverlo. Quieres más. Te gusta el caos, el lucro, quieres poder, quieres matar. No, ya sé, quieres tomar lo que no es tuyo. Viniste a robar, a destruir, a engañar. La suma de muertos aumentará. Los ciegos mudos sordos, verán la tele y aplaudirán. Yo seguiré sintiendo asco y mi impotencia aumentará. Mi voz será un eco que se perderá con el azar. Yo sólo puedo hacer unas líneas que no sé donde caerán y dirás que mi misión es un absurdo. Esto dará vueltas en mi cabeza y raciocinio gritará: Qué irónico es proclamar la guerra y ser Nobel de la Paz. 


















Yia
























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