martes, 24 de septiembre de 2013

Parte 1: Los Cat-humins





Dijiste que era suficiente, que no era bueno que me preocupara tanto, llevabas el sombrero de mi tío abuelo, sé que no te gustaba, pero yo te lo regalé y tenías que honrarlo. Recuerdo que se asomaba el ocaso, aún puedo sentir el olor de las amapolas, aún puedo escuchar el ruido del motor de nuestro auto. Me dejaste conducir, te daba gracia mi cara de seria al tomar el volante. Tarareabas una canción en francés, y yo moría por dentro al pensar en lo que nos esperaba al llegar a Daktob...


(Daktob) No estaba en el mapa. Al parecer el lugar no existía. De dónde había sacado yo que allí estarían las madrugadas tibias. Seguí manejando, tenía que encontrar algo con ese nombre. Estaba segura de que no lo había inventado. Paramos en un viejo bar, pediste un trago y preguntaste por algún lugar llamado Daktob. El propietario nos miró de arriba a abajo y nos dijo: deben irse lo más pronto posible, este no es lugar para ustedes. Ese nombre sólo lo saben los cat-humins. 

- Los cat... qué - le dije.

- Sí, son personas que se reúnen en el bosque y hacen no sé que cosas secretas.
    -contestó

- Pues, yo necesito saber donde está ese lugar, debo llegar, si no perderé la vista para siempre. Tengo una condición en los ojos, ningún médico puede ayudarme. - le dije al propietario del bar


Tú caminabas por bar, y mirabas hacia una mesa, (con detenimiento). Pasaste los dedos sobre la madera y me dijiste: Estuvieron aquí. Cómo lo sabes, te dije. Mira, está tallado el símbolo que dibujaste ayer.
- Es cierto, debo encontrarlos pronto. Esto lo confirma todo. -te dije

Era muy tarde así que decidimos quedarnos en un motel cercano al bar. Yo te miraba, me gustaba pensar que podía descifrar tus pensamientos, aunque de seguro estaba lejos de saber qué pensabas. Interrumpiste el silencio y dijiste: Si el nombre del lugar sólo lo pueden saber los cat-humins, cómo es que el tipo del bar sabía del tema. Es decir, si él sabe, entonces también es uno de ellos. 

No lo había pensado. Tienes razón, debo buscarlo. Ven, acompáñame, necesito verlo de nuevo... 
-te dije con exaltación


El propietario había dejado una nota con el dibujo que ya conocía, era el mismo que estaba tallado en una de las mesas. Era muy raro, esta vez, el símbolo formaba mi nombre. La nota decía:
(Cuenta la leyenda que una hembra tendrá un prisma base en cada ojo. Poseerá la maldición de la belleza. Crecerá entre sueños y figuras interminables. No podrá ver después del tercer llamado, en una fecha estipulada perderá la vista. Antes de eso será usada para atraer a miles a un nuevo régimen y encomienda. Será perseguida porque va negarse. Sólo una cosa puede cambiarla. Debe llegar Daktob, y hacer un sacrificio enfrente de todos los conocedores del llamado. El pedido del sacrificio no será revelado hasta que ella tome la decisión más difícil de su vida.) 

De todas maneras quería hablar con el propietario del bar, pero no pude encontrarlo. 

No sé si fui usada. Pero sí hice cosas que nadie haría. No sé si junté a personas para hacer algo o creer en alguna cosa. No tengo idea, no sé nada de esto. No sé quién soy. No sé si ya surgieron los llamados. No entiendo nada. Sólo sé que tengo esto horrible en los ojos. Nadie puede verlo pero cuando me reflejo en los de otro, de mis ojos salen cientos de colores que me hacen ver la miseria de la gente. Veo su lado oscuro, el verdadero rostro se dibuja. Puedo ver sus perversidades más ocultas, sus gulas, sus vicios, puedo ver el gusano que no se cansa de comer la carne que está en el Hades... veo cómo sale y entra de las órbitas de los ojos de la persona, observo cómo se regodea por cada orificio nasal. Veo cómo se alimenta de las comisuras de la boca. No se cansa, no tiene afán de terminar. El gusano Tenebrio Seis sigue al pie de la letra las instrucciones que le fueron dadas allá en el fuego eterno.  - pensaba

Tú me mirabas con el rostro lleno de impotencia, pero a la vez podía ver que cuando te miraba a ti, todo era distinto. (Caminamos un poco) regresamos a el cuartucho del motel. Allí trazaste en el suelo un círculo y en medio de él nos quedamos dormidos, juntos, muy juntos. (No nos importaba en qué condiciones estaba el piso. Yo creía en tu protección, así que entré sin hacer preguntas) Cuando desperté ya no estabas. Salí a buscarte por los alrededores, grité tu nombre sin cesar y lloré hasta más no poder. Sentí que sin ti, no tenía la valentía para continuar, sin ti no tenía las fuerzas para enfrentar a los dueños de las madrugadas tibias.  



Continuará...












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