martes, 27 de agosto de 2013

ESPEJO




La quietud nos detuvo en el instante preciso. 
Faltaron las palabras que eran necesarias para lograr los verbos. 
Disentí de la equidistancia justo cuando el murmullo del viento se organizaba. Ay... de aquellas historias que fueron más que las que fueron. Quisiste eludir, me dije. Y ahora cómo se vive después del beso. Ya sé que son vigas de cristal que se pudren cada día enfrente de nuestros ojos. Dicen los poemas amigos que esto no es en balde. Te diría que intenté reparar el espejo y que junté los pedazos con toda la calma del mundo. Pero fue inútil, se cayó de nuevo.
Entonces -como siempre, terca -dije, sólo lo unirá el fuego.


Tú me miras así, con toda la ternura del ocaso y dices no sé qué cosas. Es que eres una mujer fascinante - me dices. No me queda más remedio que decirte, - no sé de qué hablas. Eso de ser fascinante no me lo enseñaron. Yo soy hija del mar, y todo lo que hago queda salado.

-Eso no es cierto. Es que tú no sabes lo que posees y que yo sí puedo ver, cuando me miro al espejo. - dijo

No comprendo, a ver, lo que yo tengo y que no me veo, ¿tú lo ves en ti? - le dije
Ves que sí entiendes, cielo. - me dijo

-Entiendo, pero... ¿sabes? (empecé a contarle)
Recuerdo que un día me senté en un lugar donde todos rezaban algo en voz alta. Yo decía lo mismo. Seguí asistiendo como de costumbre, hasta que una señora me dijo, - no puedes venir más, eres muy bonita como para estar aquí. Tú los harás pecar-

- ¿De qué hablaba esa mujer? ¿Por qué, si yo sólo quería escuchar? Yo sólo quería aprender de lo que decían... -dije

¿Y por qué recuerdas eso?, precisamente ahora cuando ese no es el tema, amor. -dijo él.

Siempre ha sido el tema, contarte lo que dice el espejo- dije.

- Ella no te conocía, mi vida, estaba celosa. No te conocía, pero veía, sabía que eras infinita y tú lo has dicho, eres un mar. Fue tu primer encuentro con la envidia y no será la última persona que te mire como enemiga.
Si ostentas el fuego, el agua, el viento, tú eres todos los elementos juntos y más que eso. Eres todos los elementos representativos con sus divisiones y familias. Tú eres la plata, el oro, el estaño, el silicio... -dijo.

¿Y por qué tus ojos están a punto de estar mojados, cuando me dices eso? No concuerda con lo que me quieres decir. ¿Qué te pasa? - le dije.

-No es nada, cielo. Sólo que veo que eres noble y eso me hace sentir orgulloso de ti. Debes tomarlo como un mal chiste, reír de eso, olvidar.
Eres hermosa en todo el sentido, mi poema preferido.
-dijo


Ah, ¿y yo... te hice pecar a ti? -le dije
Sí, a mí, sí... y con qué gusto. -dijo

-No me hagas reír, cielo. - le dije.

Con ávida voz escarbé en la tierra buscando tesoros y ninguna esencia se asemejaba a la mía. Toqué en los corazones puertas, puse cerrojos, cautivé a muchos rostros, luché contra nueve mil ogros. Me dediqué a la poesía.
No descansé vida por vida. Tracé puntos cardinales, caminé marginales, lustré conciencias y me mantuve cautivo mirando hacia el Hades. Hasta que me topé contigo. Hasta que vi que algo era bueno. -dijo

A ver amor, mirabas hacia el Hades y, ¿allí estaba yo? -le dije
-Sí amor, estabas ardiendo en llamas. Era inevitable quemarme contigo.

Cielo, entonces, debo entender que, ¿en el infierno existe el amor?
No cielo, 
el amor ya nos había escogido. 
Tú eres el mar y tu mar tiene el poder que consumió al infierno entero. Tú me salvaste de aquello, cuando te vi, vi mi reflejo.



Yia















































No hay comentarios:

Publicar un comentario