jueves, 15 de agosto de 2013

Cordero



Hace algún tiempo, no mucho, encontré un cordero cerca de un barranco. Estaba herido, la muerte casi lo besaba, sangraba poesía. Junto a él se hallaba el paradigma. Un golpe de piedad empañó mi vista al ver como en sus ojos llovía. Podía sentir su dolor en la carne mía. Pasé largo rato mirándolo, inmóvil entre los temblores del mediodía. 

Era como si quisiera que sangrara con él, era como si su tormento fuera parte de mi vida.
Mis manos no alcanzaban la retórica. No era mi parábola favorita.
Los versos caían rojos de misericordia, faltos de ultrajes, vacíos de venganza otrora, pero estaban llenos de otras cosas, por ellos rodaba el carmesí que me acercaba a la gloria. Me detuve a mirar la segunda estrofa, esa que clamaba por los pobres, los enfermos y los que lloran. Cambié la vista de aquello, no pude con lo que se apretó en mi pecho. Entonces fue cuando usé el dolor como herramienta, y tomé en mis brazos al cordero.






Yia






































No hay comentarios:

Publicar un comentario