miércoles, 28 de agosto de 2013

Convenio




Vengo de la muerte, en las trincheras del destiempo. Recorrí los parajes oscuros de la miseria. Transmuté en la distancia de mi cuerpo y fui otra, luego fui otra, después fui aquella. Y vi el granizo de todo lo que muere con dolor y sin dolor. Herí a muchos con mis dos ojos armas punzantes. Se clavaban recios entre las velas de entierro tras entierro. También dije cosas que entendí luego. Me comprometí con los errores que tenía que borrar con cada remiendo. Fui doctora y la vez la enferma. Fui la fiscal y la condenada. Fui la princesa más plebeya. Dejé que los esputos cayeran sobre los míos, y no porque quisiera sino porque estaba amarrada a un tronco de una historia. Fui lo que fui, y entre nosotros ya no habían fronteras ni símbolos que borraran la fecha y la hora. La palabra se hizo necesaria en esa parte en que la página estaba rota, asumo que era un plan del consenso. Tenías que volver primero, yo nacería años más tarde. Teníamos que inventar el pedazo que faltaba, nos tocaba escribir nuestro propio destino. Yo había aprendido mucho. Era el momento escoger la noche, el resguardo y la porción del cambio que nos cautivara los pasos. Yo te tuve en un pedestal, te vi maestro, mío todo, dueño de mi sol, luna y verso. Tú me tuviste miel, leche, pan, cebada imprescindible, maná interminable, musa tuya, nutrimento. 
Hasta que nos tocó decir adiós. Hasta que nos miró el señor encapuchado y nos dijo: lo siento se acabó el tiempo. 

(Ahora estás desintegrado, supongo que te toca un cuerpo nuevo.)

Pon tu mano etérea aquí. Está frío. Dormí hace mucho junto a la del lazo azul. Creí que era sencillo llegar, otra vez. Quiero indicarte la disposición de los cuerpos, los pondrás por orden de jerarquía, no, mejor por orden de tamaño. A mí me pones separada de ellos, que mi tumba sea del blanco de las perlas. Tampoco me han indicado la hora, mejor dicho el momento, disculpa, olvidé que de este lado no existe el tiempo. Me alegra tanto encontrarte... qué trabajo extraño nos ha tocado. El arcángel de vidrio me tiene mucho cariño, me ha preparado la casa la más bonita de la Deka Empíreo. Dice que en lo poco fui fiel. Tú cuéntame... ¿también tenías visiones? -le dije

Recuerdo aquella vida cuando de nuevo te amé, yo escuchaba con atención lo que decías. En todas las vidas reconozco tus ojos, pero sé que eres tú por tu voz interior. Yo era hijo de Hilcías,
 y un día vi una vara de almendro. Luego vi una olla hirviendo que se volcaba desde el norte. Los reyes de Judá, sus sacerdotes y sus príncipes pelearon contra mí, pero no me vencieron. Aquella vida de profeta fue fascinante, aún recuerdo tus verdes ojos entre aquellos mantos de mujer egipcia. - dijo

 De esa vida no recuerdo mucho, creo que era testaruda, siempre quise manejarte a mi antojo. Prefiero no acordarme, pero eso sí,
 te amé con cada símbolo y cada estrella que pasó por aquella época. Lo que me preocupa ahora es que pronto nos separaremos de nuevo, será duro el desencuentro. No te veré hasta que me toque volver a esa tierra de sufrimiento. Ya se escogió el vientre de la madre que te tendrá. Yo no naceré hasta que conozcas a mucha gente. Quizás ames a otras antes que a mí, creerás que no volveré, creo que no tendrás memoria de nada de lo que aquí estamos hablando. Puede que en algún sueño se trace alguno de mis nuevos rasgos. Sé que siempre tu alma esperará a mi alma, pero es tedioso todo esto, nunca entendí los designios del universo. - le dije

 Te voy a prometer algo, voy hacer una pequeña trampa, cuando llegue allá y aprenda a escribir, escribiré poemas de cómo te recuerdo, de cómo te anhelo, de cómo deseo volver a besarte de nuevo. Y será menos duro... y ninguna otra llenará mi vacío. Porque en todas te buscaré a ti, más no te hallaré, hasta que te vea venir.  - él dijo

Está bien ese será el pacto, cuando la madre que me toque me conciba, trataré de enfocar mi luz, me esforzaré por recordar algo. Le pediré al ángel de la guarda que tenga piedad de mi humanidad. Le diré que me asigne el don de interpretación y que me ayude a escribir, para así poder entender lo que tus letras tienen para mí. 
-le dije

Ven, ya debemos entrar en el pulmón del cuarto sello, no le cuentes a nadie sobre nuestro convenio. - me dijo

No, no lo haré...    
-contesté




(Desaparecen) 






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