jueves, 22 de agosto de 2013

Contraste




Tu acento llega hasta mi boca donde pugno no estar al alcance de la fuerza oportuna. Suspiras de gloria al contemplarme nueva aspirante.
Mi piel de tono amaderado es un torbellino de la acción que te nubla. Persuades la actividad cambiante y el amor vaga por la redondez de la tierra que pisamos vasta, de criaturas escalofriantes. ¿Eres quién en mi crepúsculo afloras las mañanas de otoño? ¿Eres quién persigue mi dialecto mudo? Instancia poderosa que colmas mis signos vitales.

 ¿Eres el que mitiga el llanto que seduce a mi falta de atención y coraje? 
Quizás no noté que temblaron las profundidades.
¿Es que no tomé en cuenta los ojos tibios con escasos artificios, pero poseedores de la inmensa majestad que no rehuye? ¿Será que en las bóvedas sombrías de nuestro encantamiento anidan ensueños en un tropel de visiones?
¿Dónde estás amado diluvio? Lluéveme a cántaros y haz que me moje.
Que soy devota y tú llevas el disfraz del engendro que le roba la lira a las nubes. Dime pues tú, ¿de qué linaje fluyes? ¿De qué piedra salí viva?
¿Acaso sobreviví a las nueve vidas o las veinticuatro caricias del viento norte? ¿De qué piedra salió mi nombre? Recuerdo que las piedras hacinan las voces de su entorno, recuerdo que la mies es mucha y que la naturaleza esconde la letra que empieza el abecedario de todo. -Escuchas, ¿lo oyes? Oigo tambores lejanos de estaciones...
Veo como se posan las gárgolas que anuncian que no puedo negar mi condición de non grata en este mundo de murciélagos vampiros y castillos de herrumbe.

 -¡Mira, acércate!- la luz se ha vuelto difusa.
¿Es un mar o un oasis? Heme aquí; yo me adelanto, toma mi caracola y escucha el murmullo que posee los cuentos sin patrones. La verdad es que estoy acostumbrada a venir entre palabras, entre ascuas y ascuas brilla mi incógnita encumbrada. Vengo a tientas, porque me tentaste, 

me voy con vida porque sé cuánto sosiego descifraste. 











Yia




















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