jueves, 11 de julio de 2013

POLVO



-Somos un punto en el universo y nos creemos la gran cosa. 
Creo que el vacío que siento, es parte del vacío que veo en el cielo y lo contiene todo.

Nadie me dijo cómo se hace. 
Comprender algo de esta magnitud, es difícil.
Vas y miras de reojo, quizás no puedas dar el paso, pero caminas.
Un día de esos te cruzas con la noche estrellada y los versos en ella tiritan.
Una tarde te gradúas de nada y todos piensan que eres algo.
Y tú no comprendes qué es eso que tanto miran.
Te enfundas en tu mejor cara y vas como quien no sabe la cosa,
y es verdad no sabes nada.
Das vueltas en el mismo sitio y preguntas: qué es esto que me pasa.
Ríes con el vecino, y le mandas flores a una tumba que ya no tiene ni los huesos.
Al llegar a tu casa, te miras en el espejo y no te reconoces,
(¿Qué ha pasado?)
La almohada no miente, las certezas la dominan
y ya te cansaste de pensar en tanto.
Qué es la verdad que nos ata...
el que no siente el vacío de estar vivo se miente así mismo.
Vivir es esto, tener rabia, no entender nada de nada.

Buscas un libro, escribes par de frases, ves la tele, compras online,
lo que te llega te queda enorme, y vas a regalarlo.
Cuentas las sonrisas y sales al encuentro de nada.
Comes como debe ser, te ejercitas con la llovizna 

y no cesas de clamar al cielo en silencio.
¿Te escuchan? ¿Te vieron?
Vas al lugar -de donde viniste-, para sentir tu niñez adentro,
miras la casa que vio tus primeros pasos,
y recuerdas que te metías debajo de la cama para esconderte y no lavar los platos.
Te ríes recordando. Llegas al silencio del verano,
y nuevamente te estás escuchando.
Es difícil comprender esto, cuando a la vida desnudos llegamos.
Cuánta voz se me pierde entre los dientes y cuántos no entenderán
lo que estoy hablando.
No, a ellos no les pasa, ellos son los optimistas, 

y nunca han sentido el peso de la búsqueda y sus tratados.
Y esto no es un texto triste, es la verdad que todos callamos.
Arde la vida, nos duele el milagro, todos somos parte del mismo licuado,
70 por ciento agua, que carga el apellido del pasado.
Todos sentimos que hay que decidir el siguiente paso.
Esa voz habla, estás escuchando...
Yo no sé si soy autora de palabras que renacen sin yo saber de dónde sale tanto.
Quisiera entender lo que ignoro, 

aunque nada de lo que se me diga podrá cambiar mis propios pasos.
Quisiera saber por qué me pregunto, 

quisiera saber que contiene el vacío que todos cargamos.
No creas que porque esté consciente de esto 

voy a dejar que el peso se vuelva mi presagio.

-¿Qué es eso que me estás dictando?- Me estás interrumpiendo...

Debo vivir dignamente, aunque no entienda el porqué de la vida,
y Descartes aún se lo está analizando.
No hablo de algo que sé, la certeza misma se está mostrando.
Mis dedos corren solos y el ordenador viaja,
-quién me dicta lo que escribo-, no lo sé, 

solo sé que no le temo a la incertidumbre que me está abrumando.
La mente se nubla, los dedos paran, algo se está formando,

 vuelvo a escribir y la certeza va contestado.
Llega el silencio. Escribo lo que me dices paso a paso.
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Debo decir que has resuelto esto que tanto me he preguntado.
-Me dices que debo decirlo, y aquí lo dejo grabado:

La vida es amor, eso es lo único sagrado.
Para eso vinimos, para amar llegamos, para olvidarnos de nosotros mismos 

y dar lo que al otro, pueda hacer feliz.
- aunque nunca sienta que está acompañado-
Por eso somos tantos, para unirnos y darnos la mano,
por eso todos sentimos el vacío, porque debemos llenarlo.

-Y con esto concluyo Yia, puedes dejar de escribir-

Sentirse bien parado es balancearse agonizando,
estamos depreciando pero vamos amando,
somos polvo y al polvo vamos.








Yia



















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