jueves, 20 de junio de 2013

Por las venas



No sé, simplemente repta, entra en la particularidad que busca el acero.
Se hace barco sin puerto, burdas calcinadas que trasmutan en el vino.
De ese sino me ilumino entro en la cavidad frágil de las palabras precipicios.
Me ponen a escoger entre la porquería y el derrotero que predestino,
bien y brevedad de vacíos que hoy caminan

 en medio de una madeja de delirios.
Exhiben sus vergüenzas claramente, parece que somos mayoría,
vinimos a hacer el ridículo.
Procuran decir lo que piensan sin que se viertan las verdades

 que nos sirven de puertas.
Pero qué habilidad para cambiar el tono de las cosas,
qué don para hacer de los cálculos, amasijo.
Me ponen a escoger y tienden la mesa, 

me ofrecen opciones que no prometen tener 
una claridad que se documenta.
Me miran a los ojos mientras por dentro se muestra su mejor mueca,
juramentan que no me hará daño el presentimiento primitivo.
Dicen que predomina el límbico que decide que es la hora de la menta.
Insinúan que llegamos a escuchar el mandato de un ciego
que no se deja llevar por lazarillo,
me vuelven a mirar fijo.
La caradura se les dibuja sin que vean que noto 

que no soy capaz de creer en su presencia anatema.
Llevo la indumentaria para comer mentes brillantes
el raciocinio yerra por ellos y conmigo,
la mentira se pregunta si en algún momento
me has amado hasta el deterioro del menisco.
Bien, equilibrio y gran inseguridad llevamos dentro del vestido
camisa de fuerza para los que cenaron codorniz

 sin orar con el altavoz en volumen 5.
No hay uno bueno, no hay ninguno,
y yo soy una de las que no prometo
para que no me pongan entre la pared que clama las piedras,
ya una mujer lloró cuando la encontraron engullendo maridos.
Más todo es insinuado, todo es particularmente un conglomerado
de hilos que atamos con otros hilos.
Al llegar la noche recogemos los despojos de la suma de secretitos.
Antes de dormir las diapositivas se encargan de pasar lista
puedes ver como pasaste el tiempo enojado sin poder hacer nada
sin volver a ser lo que el ser humano era antes
de que la serpiente hablara de acertijos.
Al llegar la noche no puedes taparte ni con la mejor sabana.
Revientan los corazones que comieron de otros peligros.
Bien, equilibro y seducción, yuxtapuesta,
parecerá el hades pero es un día detrás del otro en esta vida,
que a pesar todo lo anterior nos da la oportunidad
de hacerle frente a eso que nos corre por las venas.



Yia

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