jueves, 20 de junio de 2013

Orión



No es que lo recuerde, es que me reclama. 

Durante 20 días comió y bebió; de la leche y la miel se sació. Durante 20 días pernoctó bajo la sombra de aquel adiós. Después de estar tantos días oculto, Sabbatto pensó que ya era hora de ir en busca Fraggatta. Habían sido pareja por muchos años. Ahora eran recién nacidos y llevaban la insignia de la no paralización en la muñeca izquierda. Eran parte de la rareza pero la sencillez los delataba. Anochecían estando despiertos y todavía tomaban leche de la madre que los criaba. Sabbatto sabía de Fraggatta, (sólo que no era fácil pensar en ella en un cuerpo tan indefenso).
-Los años no decidían sus cuerpos. Cuando hablo de recién nacidos, hablo de la nueva visión, no hablo de edades, ni de rasgos, hablo de volver a nacer, des-configurado.-

Trepó Sabatto por el puente de las ideas, inmovilizó a los cuatro vientos, y dibujó con una vara, el trasluz del encantamiento.

-Somos raros los seres humanos, destruimos lo que nos salva. Es sencillo expeler esto que tengo que hacer. ¿Quién quiere ser parte de esa manada? Somos consumidores de nosotros mismos. Inventamos ideas que (a la hora de la verdad) ni nosotros mismos creemos. Repetimos palabras que alguien más nos dijo que dijéramos antes de dormir y, ¿las creemos? No, no las creemos, somos muy cobardes como para tener fe ciega. Ni siquiera valoramos la vida que nos fue dada y para colmo de males, sólo creemos en ella cuando ya no nos queda más remedio, volvemos a apreciarla cuando casi morimos de un cáncer o cuando estamos a minutos de irnos siete pies bajo tierra. Hacemos reglas que ni siquiera seguimos. Dios dinero, puentes de mercurio, acetato de nada, politiqueo 101, locura mixta, dilatación o aceleración de la muerte, (todo eso hacemos y nada creemos). Luego, después de haber hecho tangibles a esas mismas ideas, consciente o inconsciente- mente, las usamos para destruir a quien no luzca como aliado, a quien discrepe de nosotros y de nuestros, -yo egos yo halagos que yo mega invento- para descuartizar al que está a mi lado. Porque seguramente tiene mejores ideas que yo o luce un estúpido título que no podrá llevarse a la tumba que ni siquiera pagó. ¿Quién quiere ser parte de ellos? Debo recordar que nací ayer. Así que debo lucir tan joven como se me fue encomendado. La página 80 del libro Gramatizer de Heralda, conjuro de fragmentación esquela de matriarca, dice que después de pasadas las dos de la madrugada, debo ir en busca de la que tiene el lunar en forma de Orión.-

"Hay cosas que no puedes evitar, el correr del tiempo no se detiene, las vidas siguen y los hombres renacen."

Fraggatta frecuentaba el abismo, hurgaba en él entre las cuatro paredes del silencio. Decir abismo aquí era decir, la calle, la sociedad en donde ponía sus pequeños pies. Era una escritora desubicada, (de esas que entran y salen de la realidad), coleccionaba poesía, sembraba arte, disparaba fotografías que lucían la desnudez del alma de las cosas. El cemento que vestía la cuidad, ella lo transformaba en historia que respirara algún vestigio de clara vida. Fraggatta era insípida, no tenía gracia al caminar, ni cadencia de nada, era una pequeña giganta que nadie veía.

Habían pasado algunas horas desde que Fraggatta vio la faz, hacían unas cuántas horas de haber visto como estallaban sus dedos enfrente de aquel (computador) rosado, que reclamaba su exoneración.

-Escribir es una de las mejores formas de exorcismo, puedo sacar a pasear mis rebeliones y gritos, puedo discurrir entre la verdad y el delito. Para qué decir que abro las puertas de la caja, si Pandora hace tiempo que cerró las alas, lo único que sostengo y vuelvo, y refuerzo, es que mis demonios son tan ciertos y la certeza de ellos es tan real, que ya son limpios, se reformaron, se han vuelto buenos.-

"Grama que condena mis pies allá afuera, naturaleza que no merece mi ineptitud y mi falta de sutileza, haz que llegue mi alma a su luz, que choque con la suya, que en pleno día la luna lo vea, alma de mi alma, mi delirio y facultad que me dejó la herencia, se tú el sendero que me lleve a la belleza de la puesta verdadera del fulgor de nuestra esencia. Haz que un sábado de lluvia se convierta, en los ojos del que lleva la misma marca que tengo en el brazo izquierdo, ese que despertó ayer y que aún no veo, llévame a las puertas de su corazón, convierte mi poema en un drama real, haz de este conjuro un correr sigiloso del poder de las letras.''


Sabbatto había dudado de encontrarla, miraba el suelo de aquel panorama con desdicha y pérdida. -En el centro de la cuidad no voy a encontrarla, qué tal si no me recuerda, quizás ella no sabe que sé. Estoy casi seguro que lo soñé, quizás ella no exista y yo la inventé. El sábado es día de guardar, quizás nadie salga a pasear, yo tenía la certeza de que ella vendría, total, bajo esta lluvia, no creo que... ella sea capaz de romper las reglas del lugar.-

Sabbatto caminó hacía el establecimiento de revelado de fotografías, (que estaba cerca del parque) era un estudio pequeño, tenía fotos por todas las paredes, y algunas frases desconocidas, las paredes emanaban poesía. Sabbatto dejó su paraguas en la entrada, e intentó limpiar sus zapatos, quería sacudirles la grama.

Al subir la mirada hacia el mostrador, vio a una chica rara que llevaba el cabello rosado, ésta no parecía interesada en su presencia, reveló las fotos que él había traído. Le dijo el precio a pagar, y él buscó el dinero en sus bolsillos, al estirar la mano para darle el dinero, ella vio que él llevaba la marca de Orión.


Fraggatta le dijo: y tú, ¿por qué no quieres ser parte de los humanos?
Él contestó, no tengo otro remedio que parecerme a ellos, mas no soy parte de ellos, no tengo por qué seguir siendo aquello, pues yo sólo veo con los ojos del corazón.

Fraggatta dijo unas palabras que él no entendió, le daba las gracias a la naturaleza por haber escuchado su petición.
Sabbatto sabía que el rostro de aquella chica despedía algo bueno, le miró la mano izquierda y allí estaba (también): Orión.




Yia








































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