viernes, 21 de junio de 2013

Francotirador- voyeur





Trenza la noche en las ventanas que miran.
El ardor es un promotor de posesión diversa
ella extraña en distintas fugacidades, por eso
no apaga la luz y sonríe sin distracción de ideas. 
Tal artefacto tiene versiones con velocidades
turbulentas, no lo usa, espera.
Se divisa en el espejo el encaje le amolda con paciencia
los pequeños puntos suspensivos la enfundan
toca la cortina y mira hacia afuera.
Abajo los autos, la avenida llena de luces,
parecen millones de luciérnagas.
Ella no truena los dedos, no toca el vino, espera.
El silencio se vuelve el veredicto, mira a la izquierda,
busca la libreta que está en la gaveta
en menos de tres minutos desenfunda un poema.
Ella está acompañada del jarrón, la cama y la mesa.
Tiene los labios desnudos de los besos que fermentan.
Sus ojos agonizan entre las paredes que guardan
la objetividad que a veces la sueña.
Su cabello largo de amazona rebelde tiene el color de la madera
la noche continúa su paso y el suelo es testigo
de los verbos que fueron paseando antes de esta
melodía lenta.
Hoy todo parece un blues, y se pone los tacones
para sentirse bella.
Cree que es hora de que llegues, no necesita
el azul de la llama que podría apagarse,
si no llegas a la puerta.
Traes la sonrisa contigo, no dices hola, sólo besas...

(Ya no estaba sola, la noche no es la misma,
no entornaron persianas, desde el edificio de enfrente
un punto rojo, binoculares negros, alguien los observa.)






Yia

fotografía de Nadir










































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