jueves, 9 de mayo de 2013

Destino







Tanto sé de nada que de nada el tiempo se graduó en futuros.




Siempre sobre mis pies pisando flores secas,

cambiando charcos por mares que creen en la conciencia.

Pues se acercaron las palabras con anécdotas inimaginables,
con piezas sueltas vestidas de nubes diversas, 
con caras de sueños inalcanzables. 
Yo que tuve la idea de no querer llenarme de miedos seguros,
en esta discrepancia que se deshabita 
con un motor de soles y gerundios.
En esta coincidencia que no hace falta nombrar 
porque lo es todo.
Yo que debí incorporarme al equilibrio estacionado
de la pérdida,
que debí corresponder a la idea 
de no meter un tu con yo entremezclado.
Es, la acumulación de vida
queriendo ser el beso de tu boca, el milagro,
es la verdad que se arremolina
entre los vientos de un día de verano.

Siempre busqué los faroles que tuvieran la luz posible, 
el cielo abierto y las cuatro estaciones
de miembros honorarios. 
Yo que busqué el bienestar de mis heridas
para no cerrarlas con lo salado,
aquí me encuentro paralizada en el vacío
de un campo minado,
tratando de ponerle paz a la lengua que da vueltas
entre las grietas de un perdón olvidado.
A mí que me amarren con soga de dientes, 
que me quiten los peces de la cena,
que me suelten al aire,
que subyugue el canto de las aves,
que todo pase y que pase sin mí,
sin mi multitud de jardines, de ríos trasnochados...
que pase sin mis dudas, 
y mis muchas penas sin motivo, 
porque seguramente no escuchara nadie,
y el poema de William Henley ya no será un Invictus. 




















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