martes, 9 de abril de 2013

Preludio



Escribí algo para ti, es una historia confusa, pero el final es bello. Sabes, estuve callada unos días. Quizás prefiero el anonimato, me gusta interponerme en las sombras a plena luz del día. Creo que necesitaba analizar algunas ideas, porque en realidad tengo infinidad de ellas. No dejé de escribir, no, sólo me fui de ti. Es más romántico así. Sí, escribí para ti, tenía ganas de verte a mi manera, desde mi perspectiva extraña, pero sin cambiarte los teoremas.

Todo empezó cuando le añadía algunas páginas a mi novela de Teresa la Escort, ella tendía la cama y prendía la lámpara de neón, pero de repente vio una mancha en la pared y se distrajo. Teresa se conmovió, recordó que esa mancha era exactamente como la que tenía en el corazón. Ahí fue cuando entré yo, miré la libreta y dije, hoy no Teresa, quédate ahí por hoy, no te muevas. Teresa me miró desde la página, sonriendo, como si supiera que algo me daba vueltas en la cabeza. Yo la conozco, yo la creé, sabía lo que estaba pensando. Imagino que decía: Qué linda mi creadora, es tan sensible, me encanta que esté tan loca-cuerda y que disfrute tanto lo que hace.

Luego de cerrar la libreta, busqué entre mis libros, y me topé con un poema cínico y amargado de Bukowski, a pesar de lo ácido de su estilo y sus rabietas con o sin sentido, sentí su sinceridad. No creo que haya algo más bello que ser sincero. Me fascina la gente que no le teme a verse expuesto, que escribe así, clarito, con su idiosincrasia intacta, con su vos o su eres, con su quebranto, sus piedras de tropiezo, con sus lágrimas de medio lado y su -bah, que piensen lo quieran, esto es mío, y así lo escribo... -
Al rato encontré varios de Poe, de Baudelaire y, ay, me fui en un viaje maravilloso. La doctrina baudeleriana tanto como la de Poe, tienen esa magia que en cierto modo es antiética, pero bueno, realzan el trabajo, el análisis, y el anhelo por la belleza distinta, que cree en el poder del artista para superar todos los tropiezos de la vida.

Uno de ellos dijo: Yo no pretendo que la alegría no puede asociarse con la belleza, pero si afirmo que la alegría es uno de los adornos más vulgares, mientras que la melancolía es; por así decirlo, su ilustre compañera hasta el punto que no concibo (será mi cerebro un espejo hechizado? un tipo de belleza en que no entre la desgracia... )

La verdad es que no vine a hablarte de ellos, sólo quería que supieras, que para mí eres el preludio más hermoso en mis letras. Te hablaba de ellos, porque lo mismo me pasa cuando te leo, así suenes crudo, rudo
-
¡gr!-, cómo muerdes...
Así suenes tierno, lloroso y hecho pedazos que alguien dejó en el suelo, así grites y grites desde el fondo del mar, o en gravedad cero, así no pretendas impresionarme ni trates de hacer que piense que eres espectacular... así te quiero, de mil formas diferentes, más de las que puedas imaginar.

Estuve callada unos días, y no concibo una manera más valiente que esta para decir lo que quiero decir, y sí, es verdad que me voy a ratos, pero ten la certeza de que cuando llego escucharás el timbre en tu corazón y no vas a parpadear, porque van a llegar mis disparos de adrenalina. Así que prepara tu medidor estadístico de fatiga y productividad, prepara tu electroencefalograma de medición de los niveles sanguíneos de catecolaminas, fluorometría, y tu aparato de cuantificación de los neutrotransmisores por espectrofotometría, porque lo que te viene no está fácil, bueno eso decía mi abuela.
No, es chiste amor, nada de eso, todo es maravilloso cuando se da y se recibe de corazón, con la belleza de lo simple y hermoso del verdadero amor. Aquí no hay egos que valgan, recuerda que me gusta la gente que no pretende nada, pero que sus pasos son firmes como quien lo pretende todo.

Como te decía al principio, escribí una historia para ti, de ti, en la que tú y yo nunca salimos de la historia, y aunque a veces nos toca el papel de estoicos o el papel de renegados...
y aunque a veces cambiamos de escena, y nos toca otro paraje, otras fechas, otras gentes, y otras esquelas, siempre terminas diciéndome: te amo.


Sí, escribí una historia algo confusa, luego te la leo, tú sabes cómo y cuando.





Yia

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