miércoles, 24 de abril de 2013

John Christopher Depp II




Levantarse un día y ser una de las mejores estrellas de Hollywood. Abrir los ojos y ver que todo es un sueño. Ser un simple poeta. No querer gloria y tenerla. Dejarse el cabello crecer y decir que nada importa si hago lo que me gusta. Ser eso y más que un loco escénico. 

Ser incoherente, persistente, impactante, valiente, y no saber que los demás piensan que eres egocéntrico. Ser amante de las letras, idolatrar la música desde el doremifasollasi hasta sus rabietas. Ser uno más entre la gente y aun así ser diferente. Ese es él, el que pierde la vergüenza frente al espejo, y se ríe de sí mismo cuando nadie le está viendo. Ese que repite el jean devastado por los años, aunque tenga el armario lleno de givenchis, donatellas, estatuillas y óleos de costosas telas. Ser ese que es fiel a su chica la guitarra, ese que puede camuflarse en el papel más gracioso, infantil, hilarante... o en el papel más épicamente fascinante. Ese que puede comerse unos cheetos o un salmón a la putanesca, ese que triunfa sin que nadie lo vea. Ser ese que desaparece por largo tiempo sólo para que cuando salga te quedes con la boca abierta. Ser tan humilde, completamente loco e importarte un comino lo que escriba la prensa. Leer y leer por largas horas. Ser ese que puede escoger quien quiere ser para salir en escena, sin dejar de ser él. Ser honrado y decir la verdad aunque duela, no caer bien por dejarse llevar por lo que la sabiduría que su corazón le muestra. Ser Johnny Depp e importarte poco lo que los demás piensan.



Yia

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