lunes, 22 de abril de 2013

Disintegration, Jezabel



Disintegration, Jezabel


Ella insistía en el pecaminoso rojo, tejía su enjambre de nombres, y coleccionaba memorias que sabían a desaire. Ella estaba sola y su cuerpo no aguantaba su propia sangre. Se llenaba de los halagos que le devolvían la parte del ritual de su escondida pedantería, de su vulgar fiebre de tener hambre. Insistía en suplicarse, en ser el escondite de los de renombre, quería intercalarse en los recuerdos memorables. Fingió la muerte, fingió engranaje, tiró del numen, quebró la copa que contenía el aire. Mojó la punta de sus labios con el veneno de su propia insignia, con el resquicio de su percance. Así se arrastraba, la que daba voces, la que repetía su tonada constante, la que usaba un vestido largo, pero sus piernas escondían la noche. Su mente era un laberinto, sus tramas eran recintos del "Olimpo" maldito, su vientre no cargaba a nadie. Su voz melodiosa, su cantar bonito, era el engaño mortal que entraba como un hilo en medio del oído de los que flaqueaban ante su estirpe de famélico derroche.

Ella, cansada del sueño que llevaba en su pecho. Bajó junto a los que le daban tregua al tiempo. Quiso sacudir al más joven, quiso confundir al más cuerdo. Dijo y maldijo, maldijo y continuó maldiciendo. Escupió, vomitó, tapó, promulgó, secó, mojó e hizo lo indecible para comer de lo que le pedía la razón. Dio vueltas, vociferó, culpó a la musa, culpó a la canción. Qué no hizo, qué no dijo para captar la atención. Los persuadió a todos, a todos los ató con el mismo cordón. Su inteligencia usó para manipular las mentes, su talento usó para robarles la entereza, su astucia nombró para arrancarles la mirada de un tirón. A esos, a los débiles, a los de poca fuerza en la retina, los de poca voluntad, poco temple, los de poco criterio, los de poca acción... los que carecían de propia emoción, a esos buscaba, a esos involucraba en su plan de seducción. Los sacaba a pasear, les decía beban, coman, vengan aquí, hay más y mejor...
Los juntaba en masas, los veía claudicar, y reía. Se postraban, y ella reía aún más. Se humillaban, y ella sorbía del vino, bebía del aroma del gentío que se agachaba, sorbía del hálito de vida que allí quedaba.

Todo para qué, qué ganaba. Qué necesitaba su piel cuajada, a qué quería contribuir con sus mil trastadas, ¿contribuía a la muerte?, ¿contribuía a no ser olvidada? Qué buscaba con su pobreza del alma, qué riqueza llenaba con su canallada. Acaso el peso del pasado no era suficiente, acaso no era suficiente arrastrar con su cara falsa, acaso su boca... ¿ya no sangraba palabras? Dígame usted Jezabel, de qué le sirve la estatua.

-Sí, usted la moderna, sí, la nueva, la que desciende con fuerza, la que toma el lugar de aquella reina, la que escupe falacia y ahuyenta la esencia. A qué le teme su melena, qué ruido le aterra. No me diga, ya sé, quizá extraña la cuarta trompeta, el templete del batallón o el redoble de puertas con timbre tenor...
Diga usted, la que calza de Donatella, la de la Dona Karan negra, diga a qué le teme, o si quiere conversemos allá en el pulmón de su espacio tenue, allá en donde -cuando está sola- las paredes gritan que usted es nada. Allá en donde usted sabe qué es lo que la mueve, allá donde ni los espejos quieren verle.
Dígame, ¿dónde la veo?.
- ¿La tuteo?- ¿Sí? -Pues dime tú... dime, ¿Aquí en tus sueños?, ¿Afuera?, ven escoge.
¿Te lo hago más fácil? ¿Te veo allí en tu costado latente? En donde se te cuela la pena...
¿Allí en donde los rostros de los que arrancaste lloran al verte? Te veo allí en donde la conciencia te muerde...
¿Qué esperabas que no iba a reconocerte, que no lograría verte?
No me subestimes, no malentiendas. Reconocería a una mujer que tiene lo que la fenicia le dejó con sello indeleble. Vería claramente lo que tienes entre tus azahares de opulencia, entre tus caderas de contorsionista persistente. Notaría sin dudar, que lo cortés no te quita lo serpiente.

Aquella noche, el temblor rompió de cuajo la esperanza, la mujer no entendía esa llamarada, el temor llenó sus manos de luz, el dolor sintió más dolor aún. Era tarde, las estrellas tiritaban lento, las lunas estaban opacas de suspenso...
Ella decidió salir de su aposento para dejar entrar al que se introducía en su sueño, pues sentía que estaba afuera de su embeleso.

-Entre, pase, venga hablemos. ¿Sabe qué es lo que me pasa, sabe lo que tengo? Decía la mujer con ojos llorosos, con el delineador negro bajando por las mejillas de aquel rostro pequeño.

-Yo sólo quiero que mi pueblo reconozca que puedo. Yo sólo quiero que se postren ante lo que tengo afuera del ''Pozo del Herrero''. Yo quiero que las generaciones sepan que las piedras no se clavaron en mis cueros, yo quiero... yo quiero, ser lo que represento, la encarnación de esto, de eso, de lo oscuro, de lo ajeno. Yo quiero acumular bienes, quiero el mejor paseo por las mansiones de los cerebros. Yo quiero que corra la voz de los martirios que se comen mis entrañas por dentro. -Replicaba la Jezabel, con un sonido que parecía honesto.-

-Tú sólo quieres a tus ''yos", tus mismos yos te tienen miedo. Tus yos odian ser como tú, por tal razón, vives condenada al mismo ciclo, al mismo barro, a la misma suciedad de tus huecos internos. Vives enlodando al pueblo con la estupidez de tu propio destierro. Veo que no te arrepentiste, veo que no sientes ni pizca de piedad por los que sucumbieron... en nada cambiaste, nada aprendiste en tus días buenos.
Te condeno. Te condeno a 7 años más de tiempo muerto. No tendrás amor, no tendrás consuelo.


-No, no me dejes, no cierres la puerta. Mírame no ves que lloro, no ves que tiemblo. Te deseo...

--Tiembla tu lujuria, tu lascivia en silencio, tiemblan tus ganas de poseer al mundo entero. -Decía el de su sueño-
(El silbido cerró la puerta... y al cerrar, se cerró un pacto nuevo).

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¿Por qué sancionaste a la mujer bella?

- Le he dado un tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su perversidad y sus agendas. He aquí yo la lanzo a las calles de la cuidad que tiene las puertas abiertas, la lanzo en una mañana y no se dará cuenta, envío gran tribulación a los que con ella se reflejan, si no se arrepienten de las obras de ella, también sufrirán las consecuencias...

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(... después de cerrar el pacto, cuando cerró la puerta)


En la mañana siguiente, se duchó con agua suficiente, lavó su rostro una y otra vez, secó su cuerpo, se tocó... sus gemidos saltaron por el apartamento 122, sintió que de nuevo tenía el control. Se vistió de lino fino, se puso un collar de oro macizo y no retrocedió. Caminó con aire de "llegué yo".
Al llegar al estacionamiento, el portero le pidió las llaves y ella se bajó de su Maserati sport.

No usó el elevador, (le tenía miedo) subió los escalones con sus louboutins de cierre posterior. Miró la nota que le dejó el del convenio en su interior, soltó una carcajada, y dijo: ¿Castigada, yo?

Volvió su rostro, miró el reloj, y tiró la nota al zafacón. Caminó por todo el pasillo y suspiró. Practicó su sonrisa, alzó el mentón.
Presionó el botón de la izquierda, entró en el cuarto ''del uso del poder con manipulación", y volvió a su escritorio en el sexto piso del señor presidente de la nación.


(escuchar después de leer) Disintegrationhttp://youtu.be/JhkZGqkIjPg banda sonora

Yia


































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