lunes, 11 de marzo de 2013

Voz desnuda




La amplitud del murmullo colmó el lugar de ganas de escuchar, el azar había tirado el dado dorado. El chasquido se mostraba traslúcido, sin un par de cachos.

Ella no determinaba la salida, su corazón estaba en invierno, su mente disimulaba fotos, transmitía movimientos inverosímiles que marcaban el ritmo de lo pensado y transitorio. Su alma cubierta de espinas, la atraía a las noches rotas, a la fiereza de ser la que dominaba cada mirada que hacía. Era libre, nada turbaba su baile, lucha, su resurrección de cada día. Su atractiva melena volaba con su caminar, el ritmo de su cuerpo soltaba olor a rosas de Afrodita, era diosa sin saber lo que demostraba cuando nada le parecía como quería. No lucía su aureola, no tenía ganas de mostrar su mejor cara, ni su espalda bendecida. No era calculadora, no tramaba trampas rojas, ella era una más en el antro escorpión de una fulana de tal que emulaba a Madonna.

La amplitud del murmullo colmó el lugar de ganas de escuchar. Él agudizó su oído de manera sorprendente, aisló todo el sonido para concentrarse en aquella voz. Las luces llenaban el espacio, la música insistía, las caras se dibujaban, pero no se veían claras. Era un momento en el limbo de una dimensión desconocida, una matriz invertida, un hueco entre la algarabía. La música seguía, la gente parecía un bulto enorme y él no había tomado nada que alterara la noción, ni el balance de sus piernas aguerridas. Temblaba, parecía que flotaba. El sistema límbico disparó un estallido que no mermaba, y de nuevo aisló un sólo sonido que seducía a toda la paleta de colores que amalgamaba a su vida. Esa voz llegaba con gran magnitud a todos sus sentidos. El tono aterciopelado de la diosa, sonaba sin reparos entre sus neuronas, podía verla desnuda aunque llevara ropa, no sentía el morbo de hacerla "cosa", no tenía ganas de tenerla, (hermosa y libre la quería) sólo escuchaba lo que decía. Un potente imán le atraía.

(Los ojos café y el cabello ondulado, el canela en piel y el paso sagrado, la voz de estigma y la mirada de caricia... la paz en el rostro y el instante perfecto, la música que no oía...)

Nunca antes había escuchado una voz que llenara su alma de atención -algo dentro de sí, le decía: ella habla diferente, acércate a la desnudez de su voz bendita-

Yia





















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