sábado, 23 de marzo de 2013

Mujer ninja





Toda dama del sigilo sabe como enfundarse en sus silencios, sabe hacerse menos sospechosa. Habla cuando tiene que hablar. Conoce bien su perímetro, es autodidacta y no conoce la palabra claudicar. Por eso cuando crucé miradas contigo supe que tenía que disfrazarme de lo que soy, supe que necesitaba perderme entre el gentío y caminar. Tu aroma fue la marca del instante, mi olfato supo descomponer cada molécula de tu ser circunstancial. Tuve que introducirme a la vulnerabilidad. Buscar en el tiempo y no pretender ser alguien más. Algo tengo de ninja, algo tengo de estela, algo tengo de luz, algo tengo de perpleja, pero si de algo estoy segura es de que soy efímera, creo que tengo varias limitaciones y que mis días están contados en el azul grisáceo del azar. Por tal razón no necesito esconderme, no intento figurar en las altas posiciones, sólo deseo tomar mi lugar. La gente adopta personalidades, usan máscaras o se sientan detrás del monitor a interrogar o a señalar. Eso no pasa contigo, amor, eso no tiene que ver con nosotros, vida. Estás allí tan real, desángrandote para mí cada día, olfateado cada huella que dejo, estás allí llenando mi habitación del verde de las hojas, pintando todo de verde, de verde agua de mar, de verde ojos, de verde selva, de verde paz. Yo, como todo ninja debo estudiar cada uno de mis movimientos, debo introducirme sin ser notada, aunque no puedo dejar de ser quien soy, porque sencillamente a mí no me viste ningún disfraz. - Sí, ese es mi trabajo de kunoichi extraña, tener cierta lealtad a través del vínculo emocional, ya que no es secreto para ti, que somos las líneas que se unen y se entrelazan en un vínculo casi ceremonial. Soy la que puede realizar todas las tareas diarias sin dejar de amarte. Puedo correr varias millas, puedo entrenar, puedo encargarme de cuidar el panorama y destrozar el de tu cama. Incluso puedo participar en tus trabajos de inteligencia, saborear tus sabotajes, inmiscuirme en tus contraindicaciones. Sí, también puedo cocinar, puedo preparar el agar en el laboratorio, salvar a el mundo de alguna bacteria o de algún espiral. Puedo mirar a los niños en el parque e inventar un hanami nuestro en plena temporada otoñal. Porque una kunoichi no deja de ser lo que es, aunque no lleve su pijama negra puesta, siempre llevará por dentro el grito -yiah- de la fuerza. Por lo tanto lo que quiero decirte con esto de ser tu ninja - además de que quiero que sepas me encanta la sabiduría oriental - es que no dejo de ser lo que verdaderamente soy cuando te descubro cada día más. Esto del disfraz no es un engaño es una asíntota entre tú y yo, y los demás, es la complicidad de las letras en símbolos que se trazan en escalas que sólo tú y yo sabemos descifrar. Amo cuando me miras de esa manera, cuando intentas conocerme sin darme cuenta. No hay mejor piropo que el que me digas que hasta mis puntos suspensivos son endiabladamente sexys. No hay nada mejor que ser, y ser lo que soy al fundirme con tu esencia, no hay nada mejor que ser la que conoce tus piruetas.



Yia

























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