lunes, 11 de marzo de 2013

Mío




Tu aliento llegó, cruzó lo que teñía el cielo y el azul se dispersó por mi cerebro. Sé que no es una película que puedo ver en la sala rodante a la que llamo vida. La verdad es que te buscaba en cada mirada en armonía, te miraba en cada luna que entraba y salía, te intuía, vaho, sereno, rocío, figuración mía, y sólo mía. Pero eres cierto, lo sabía, siempre hay algún vivo en el cementerio, siempre hay un loco completamente cuerdo. A pesar de todo, ya estás aquí, qué bien se siente tu compañía, qué milagro hermoso es el encontrarte, agua, entre tanta sequía. Porque te bebo, agua y sangre, porque justamente soy vampira, nueva reina de tus palabras, dueña de tus viajes, proezas, tropiezos y fantasías. Camarada justa de perfecta sincronía, dura de roer, lenta para la ira. Cómplice que te presta los mejores años de la vida. Secuestradora, que te exhuma, celadora que vela las puertas inmensas de las plegarias que ni siquiera hacías. Dueña absoluta de tus rabietas y alegrías. Sabes... yo lo sabía, creía que no era cierto eso de la postrimería, ese pensamiento adverso, esa marca que recoge todo lo que representas ahora en mis ironías. Estoy de acuerdo contigo, qué locura más placentera, qué bien se siente el no ser el único extraño que extraña, que conoce lo que la hay entre la bilis y las entrañas, qué alivio sentir que lo escrito no es una página cerrada. Me alegra tanto el que hayas venido, con ese andar distintivo del que camina entre las letras que no culminan con el olvido. Me estremece el saber que no todo está perdido cuando caes en el abismo, me fascina ver cuando abres tus alas y le dices fin a lo que no te vio como lo tenías merecido, me fascina que seas el mejor humano que vuela entre tanto buitre malparido. Gracias por llegar, mío.


Yia


















No hay comentarios:

Publicar un comentario