lunes, 11 de marzo de 2013

Mi casa




Siempre he sido hija tuya, madre, 
del viento y de la tierra,
de la luna que sonríe si me hace falta mi abuela.
Siempre he sido nube llorona, clavicordio sobre la mesa,
un enjambre de dudas nuevas, llenas.
Soy lo que soy cortando el agua de la espera,
soy fénix que naufraga, un pez que siempre quiso tener alas,
ya sé que necesito ayuda de las aves,
necesito ser infrarrojo en donde la oscuridad ya no deja nada.
Siempre regreso a mis pasos con mi cara de rara,
y recojo las plumas del camino
para tejerme unas alas...
Siempre vuelvo a ser mía, tan tuya, tan clara...
a ser del lugar en donde no sólo reclino mi cabeza,
en donde no sólo se tiende la cama,
en donde descanso en y fuera de mis muchas ganas.
Yo sólo quiero dibujar silencios en ese lugar,
en donde las paredes hablan...
y decir que mientras estemos juntos,
no nos hará falta nada.
Quiero ser y volver al lugar en donde
voy cuando sola me encuentro.
Es que siempre he sido hija tuya,
tuya, hija, madre...
Soy lo que lo invisible no dice en los textos,
lo que dice el fuego en la sangre,
eso que no es sólo eso...
la mirada tuya que se aquieta
detrás de todos los tiempos.
Soy tu hogar, tu cuerpo en mi cuerpo,
mi cuento de real, mi casa, tu templo.


Yia

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