lunes, 11 de marzo de 2013

Lenguaje nuevo





En el intenso soliloquio de tu cuerpo,
ahí donde comulgan
las palabras que se empecinan en concederme
la fricción de un manojo casi mortecino,
se detienen el ímpetu y la danza,
se arremolinan las menciones obtusas,
acrecientan las pistas, fases, que me refugian.
Nada de lo era se place en reptar
desde la memoria inconclusa.
Nada quiere interponerse
entre tú y la bruma,
lo peor de todo es que me gusta,
me basta con la muralla
de un tiempo ido, con la premura de tu rostro
la duda que silbas, basta con el susurro que dejaste
en tu noche claroscura.
Aquello no que dices cuando tu lenguaje habla,
ese esqueje que se trenza desde tu mirada,
califica todos tus dones de manera exagerada,
me concede la dicha de descubrirte misterio,
te hace relicario dueño de mi atención,
urbe estática de toda la cuestión aquilatada.
Enciendes el fulgor escondite de mi verso,
la quiromancia no resulta si tu mano a la mía no se ata.
De todas maneras no hay líneas en las que crea,
no hay fuego si no hay chispa en la fogata,
no pasará futuro enardecido ni la suerte tendrá morada.
En el intenso soliloquio de tu cuerpo,
intento descubrir lo que dices cuando dices que me amas...
Intento persuadir a un nuevo léxico, lúcido,
definitivo, exclusivo, prerrogativo, inquisitivo,
que me muestre la intensidad de tu existencia
en cada palabra que en ti descansa.


Yia
























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