viernes, 15 de marzo de 2013

La Inmortal del goticista

En los altos decibeles, detrás de la dinastía,
después de Teodoro y sus arcas, 
luego de Delamen el hijo de la patria
cerca del Paño Norte, en la cumbre
del pacto con el alba,
antes de que lo inmisericorde comience
y se destruyan los pergaminos de Britania,
se diversificarán las escuetas remembranzas.
Afuera de las aguas, en la profundidad sin aura
en donde fluye la muerte haciendo escala...
un junco del tiempo llora reverdeciendo la distancia.
Y yo cepillo mis cabellos, frente a un crudo invierno
serena de nada, prisionera de las hadas,
curandera de la hacienda que me dio morada.
Tal y como contó la leyenda del alba rosada
esa que decía que mi pelo sería el pasatiempo
que me serviría para disciplinar las ansias.
Después de que el espejo sin duda alguna agonizara,
resuelta de mil ideas, y en estos reinos en los doy madera,
ser una pieza de lujo inmesamente buena,
no tiene ventaja aparente, no tiene el paso gris
que el murmullo resonaba.
En estos reinos cuyo príncipe no espera
a que se destiña la puerta, en estos parajes
de casta escuela y clases con equinos de largas puestas,
no veo mi cara desde que nací en la oscura selva,
dicen que la hermosura daña los ojos de quien la mira
y que mi gravitación se define ante su vil concupiscencia.
Y yo no tengo elección, su sarcasmo es quien me elige
dice que soy su miércoles, su salida del ayuno, su amante perpetua,
la plebeya que es más princesa que la fornica 

con el chófer de turno o con el que pone la mesa.



(escuchar después de leer: http://youtu.be/5anLPw0Efmo)

Yia

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