lunes, 11 de marzo de 2013

CONTEMPLARLO


Contemplarlo no era un esfuerzo,
era como ver el vaivén de una hoja cayendo,
o una rama jugando con el viento,
era habitar toda la nada, con solo verlo.
Contemplarlo era la manera más simple de parar el tiempo.
Contemplarlo era respirar de nuevo, de nuevo, de nuevo...
Contemplarlo era disfrutar el silencio.
Contemplarlo era reconocerme, en su hábitat interno.
Contemplarlo era conocerlo.

Yia

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