lunes, 11 de marzo de 2013

Anna y usted





Es parte del plan. El primer paso es tocar la realidad. Durar más tiempo de lo necesario. Crear una zona parecida a la zona eclíptica, dejar que los porqués sean la orden del día. El suministro de ideas deben vagar de mayor a menor. Las ideas grandes van primero, las que siguen sólo son el soporte de las mayores. Es un conteo básico, es la magnitud de un intrascrito vivo que tú mismo creas, un rescate imperioso, una vuelta más en el espiral de los histriónicos. Dicho sea de paso, este procedimiento tiene efectos secundarios, por tal razón es de sana gestión estar al tanto de los defectos, conocer bien nuestros puntos débiles, y obviamente usarlos como armas para vencer en cada fase. Ahora sólo basta con invertir los papeles, ocupar el lugar de alguien más, ese que siempre quisiste ser, (porque en el fondo ese eres). Impide que te afecte lo negativo de las ordenaciones que pasan por tu izquierda. Debes alejarte de los hábitos. Deja que tu futuro se asome, mira con cautela. Escapar de la realidad es el próximo paso, si saltas este paso, lo que resta no será alentador. Nubla tu mente y luego exhala lo que supuestamente allí estaba. Crea un paso militante entre tú y tus cuerdas nerviosas, esto es como si besaras a tu cerebro primitivo. Es algo sencillo, usa una idea para sugerir otra. Es una manera de sugestión, la llegada de otra idea a la mente, el paso a lo desconocido. Después de auto hipnotizarte, decides.

Anna no prestaba atención, el profesor decía cosas que ella sabía, nada de lo que éste decía le parecía coherente. Estaba aburrida. Hacía gestos, como si detestara cada uno de los ademanes del profesor. Se sentía insultada con tanta palabrería. Al final de la clase quiso ponerle fin a su enojo, quería hacerle saber al profesor que no le agradaba. (aunque realmente, lo que sentía no era eso)

- ¿Qué deseas, Anna? Nada. Bueno sí, mire profesor sólo quería decirle que eso de la auto- sugestión... conmigo no resulta, ni resultará nunca.

¿Por qué? Ah, pues, porque simplemente no me da la gana.

- Señorita, me parece que está siendo grosera, yo no estoy aquí para tomar decisiones por usted, mi deber es enseñar y el suyo es obtener el conocimiento que quiera.

(Jajajajaja) Eso mismo le dije, ya le dije que no quiero obtener ese conocimiento. Ah, que por cierto me parece muy tonto.

- A ver, si aquí la conocedora es usted, cuénteme, explíqueme.
Dígame que piensa, la quiero escuchar; me sentaré cómodo, bueno, si tiene tiempo...

(tomó asiento y cruzó la pierna, con cierto aire de superioridad y profesionalismo)

Cómo le decía profesor, yo no le presto atención a sus palabras. Yo lo miro a usted. Es muy guapo. Me gusta, y si quiero, por más que se auto sugestione, yo puedo tener poder sobre usted.

El profesor, no tuvo más remedio que sonreír...

(continuará...)



Yia














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