martes, 5 de febrero de 2013

MI OTRA YO





Era ella mi otra yo, en mi yo que cimbrea,
en la arista de un pensamiento que resuena.
Solía mirarla para encontrar lo que quería decir,
emulaba sus piruetas a secas.
Me fui de ella como quien sale mí,
en confusión que se replantea.
En paradigma que se diluye,
mientras huye de sus retóricas repletas.
La miraba en diva pose, en Mona Lisa paz,
en desnudez temporera,
en clarividencia de anatema,
en persecución pasajera.
Y de sus ojos nació un mar de acuarelas,
de los míos un óleo se entremezclaba,
haciendo longitudinales marcas de pena.
Era ella mi otra yo, una de tantas yo
que me miran de afuera.
Sólo esa se escapó,
entre la muchedumbre de la espera,
entre la timidez que me hace falta,
en la tipología de niña buena.
Pienso que a veces extraño
su hidalguía mercenaria, su chispa particular,
su elegancia transparente,
su desfachatez mental, su risa consecuente.
La miré Marilyn con su Monroe en la frente,
con su no me importa lo que digan,
"yo sé quién soy, así que déjame"
La miré y sentí vergüenza, le dije:
Dale entra,
me miró y dijo: ¿Estás loca?
ha comenzado la fiesta...
Era ella mi otra yo,
de todas mis yo, la más terca.


Yia










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