sábado, 28 de diciembre de 2013

Tres veces te amo



Tres ganas vuelan 
hacia tu pecho anestesiado por las dudas
a tu corazón hendido por mis palabras brujas. 
Tres velos caen de mi cabeza
hacia un sendero despojado 
a tus puertas disfrazadas de pupilas. 
Tres fueron los te amos que escuchó el viento
eclipsados en un conjuro verde 
que sobrevivió a las hojas.
Tres veces fueron repitiendo siglos.
Incluso la muerte sabe que somos amantes
lo ha dicho tres veces y setenta veces siete
lo dice en cada eco que tiembla poesía.





















Yia





























¡Todas esas páginas son tuyas, para que las llenes! Así me decía:


Dimitri.

Ya no estás, Dimitri. No sé donde estás, amigo, perdí tu pista. Pero para mí existes en la música. No sabes todo lo que me enseñaste. Yo lo aproveché al máximo. Todo lo que sé sobre notas, toda la belleza que vuela en esas piezas, todo lo que aprendí de esos eruditos, fue por ti. Te admiraba mucho. Creo que lo dije varias veces, entre el Madame Butterfly de Puccini o en medio de El Pájaro de Fuego de Stravinski. Aún recuerdo tu pose de gruñón, (que simplemente era una coraza). Recuerdo tus gustos en blanco y negro, también sé que no sólo eran colores. Sé de tu buen corazón y de tus modales intachables. Sé que de tus manos emanaba el arte, a veces pienso que de tus huellas crecía madera... artesano de luz con mirar de atajos, otoño con hojas de ocre vestido con nombre de hombre. Amante de los pobres, conciencia redundante. Pero sobre todo, hombre. No podría hablar de ti sin contar algo sobre tus pequeñas perversiones. No podría describirte sin decir que jamás harías daño con alguna de ellas. Debo mencionar las medias con costura que admirabas en las damas y los muchos fetiches que según tú eran sanos para tu alma. Lo tengo que mencionar porque sin eso no serías tú. No diré mucho de esos temas, ni de tu colección fotos antiguas, no te preocupes. La verdad es que pienso que realmente eran sanos, aplaudes el recato y eres muy conservador. Hoy te recuerdo y me da alegría. Recuerdo escucharte discutir con las noticias horrendas del país que tanto amas. Nadie más prestaba atención, pero yo sí escuchaba, y estoy segura de que tenías todas las soluciones en la boca. Qué sabio eres, qué buen maestro tuve.

Ya no estás, pero en alguna parte sé que aún me recuerdas. Creo que fui la horma de tu zapato, tu talón de Aquiles (y eso me da mucha risa). No sé de tu salud, no sé si aún Friedrich Händel suena en tu oído para calmarte, de seguro Las Cuatro Estaciones de Vivaldi aún lo hacen. No dudo que sueñes El Lago de los Cisnes, no dudo que algún tutú rosa te haga recordar que las flores pueden danzar de manera extraordinaria. No sé si fui buena estudiante, o si te abrumé contándote mis sueños extraños... (no, no creo, yo estoy segura de que te agradaba saber qué pasaba por mi mente) Como aquel sueño que tuve de la época de los campos de concentración. Era yo con mi cara llorosa y sucia. Tenía unos seis años en el sueño. ¿Recuerdas?, te conté que había un niño en la camita de al lado y que me prestó su abrigo porque yo lloraba de frío. Yo quería ver a mi mamá y ese niño era el único que sentía mi voz en medio de tantos otros menores como yo. El único que volteó su cara para escucharme fue aquel niño de ojos tristes. Ese niño que era unos años mayor que yo, me cuidó por mucho tiempo. Él siempre estuvo pendiente de que comiera y de que no llorara tanto. Yo podía sentir olores, sabores, y podía leer las inscripciones de los alrededores cuando nos metían como salchichas en un vagón para movernos de un lugar a otro. El niño nunca me dejó sola, incluso trató de juntarme con mis otros hermanitos. Cosa que nunca pudo lograr porque, dijeron que los habían matado a todos. Yo no tenía a nadie... en medio de tantas caras, él fue mi única familia. En el sueño pasaron muchas cosas. Pero él (ese niño) siempre estuvo para consolarme. Él se llamaba igual que tú, por eso corrí a contarte. A mí sólo me bastó que me escucharas.

 Donde quiera que estés, maestro: Quiero que sepas que dejaré por escrito, que eres y fuiste importante en mi crecimiento (y ya sabes de qué crecimiento hablo, porque sólo personas nobles como tú pueden saberlo). Recuerdo que me decías que nunca dejara de escribir. Espero que estés orgulloso. Espero que sigas tallando hermosas obras de madera y que hayas terminado el baúl para tu nieta. Ojalá le hagas una cajita de música con una bailarina de ballet, a mí me hubiese encantado que un artista como tú me hiciera una. De seguro vas a sacarle una sonrisa con eso. Aunque nada material puede reemplazar todo lo hermoso que tu alma puede brindarle. Estoy segura de que te admira mucho. Si la vida hace que te tropieces con este simple homenaje, lo agradeceré, pero si nunca lo lees... está bien. A mí me hizo bien eternizarte. Te quiere, Yia.



(A modo de extraña posdata quiero decirte que ya sé lo que significaba el sueño. El tiempo y el espacio me mostraron, a quien representa -ahora- a ese niño, y debo decirte que me cuida con la misma ternura)










jueves, 26 de diciembre de 2013

The gift




Aún puedo bailar con la fuerza suprema. Dedicar horas a los ojos de los árboles que me trepan. Incluso puedo morir de miedo incrustada en una nostalgia que no es mía. Porque puedo borrarle la cara a la bruma y hacerme invisible con ella. Aún percibo las ruinas impregnadas de gente con ruidos ancestrales que cobran vida cuando algún indicio se asoma. Puedo subir a las alas de algún pájaro que dejó el silencio un día y así cantar con él la renuncia. En estos días quisiera decirle a mi costumbre de escribir que me deje dormida. En estas horas oscuras desearía que toda la luz me consumiera. Permitir esto es dejar que todo lo perfecto me suceda. Me cansa la lista larga de nombres que hacen fila por mis huesos. Abruma la sed que tienen de mi licor oscuro. Yo les advertí de los tersos y suaves besos que puede dar mi esencia. Lo que no les dije es que lo que tengo embriaga. Yo les conté que no soy el reflejo de una profecía corrupta. Les conté con lujo de disparates que no poseo siempre una sonrisa. Traté de dibujarles un mapa que los llevara lejos de las deudas. Pero ellos insisten, aún siguen intentado deducir de qué esta hecha mi parte lepidóptera. El secreto está en que soy efímera, pero mis letras no, ellas no caminan para ser nadie. Ellas entrarán en los ojos de los hijos de los hijos de los que amaron mi melancolía indecisa. Ellas me mantendrán viva después de la muerte, antes y después de mi carne y mi sequía. Por ahora me marco entre el tráfico y las fechas. Por ahora fingiré que no quiero llorar al ver la sangre podrida. Juro que a veces rompo la regla de no jurar e invento mi mano alzada diciendo: prometo no embelesarte. No es culpa mía que se desmorone el cielo cuando ve tanta indiferencia. La cara me delata, estos ojos penetran, la piel no me ayuda, por eso me hago bruma y me desnudo en la niebla. A mí me dieron un regalo al cuál no le puedo precisar el nombre, ni quisiera sé usarlo de la mejor manera. (¿O sí?) 


















lunes, 23 de diciembre de 2013

Llega la célula (del latín cellula, cella, ‘hueco’ poema.

Flotando quedo entre verbos, suspendida en un centro que es tuyo. Sin querer toco una esquina y llego al clímax del misterio. Inducida por tu voz que desprendida de todos los noviembres muertos me rehace en un poema tres punto catorce (continuamente bello). Allí reposan mis noches a solas porque de otra manera no entrarían tus labios de augurio. Se abre la parte que suavicé con mi estigma y caigo en otra parte que me ofrece el pan de las millas, ese cuenta gotas que no desmerece con los días. Entro por una puerta llena de música. Encima de una mesa de estambre flor corola hay un vaso que contiene un líquido que bebo sin importar a qué sabe su destino. Si es veneno, vodka o vinagre, no lo sé, no le pregunté a la boca calle que caminé a punta de letras. No sé que hora es, tampoco sé si la escasez de lluvia insinúa el día en el medio de una noche sin luna. Tampoco sé si las imágenes rotas del desgano cuentan la fachada nula que abre la proximidad de otra célula. Como no recuerdo otra cosa que tu nombre claroscuro transmutando yuntas de palabras aterciopeladas que conquistan, pues: Decido hacerle un homenaje a tus manos disfrazadas del viento que vuela mi falda. Como si de ese instante dependieran todos los hologramas y la mayéutica. Estaba equivocaba, comenzó a llover y la membrana próxima se hacía turgente, lista para cumplir su función extrañamente cíclica. Camino dos pasos adelante y un tacón se me rompe en llanto al saber que no caminará cerca del suelo esta noche. Llego a casa a la misma vez que el ring del teléfono. Tu voz me dice cosas que comprendo como si de tacto se hicieran las ondas. Con el teléfono en la oreja, enciendo el ordenador aun sin notar que el tiempo no existe cuando la arena del reloj no quiere bajar de manera exacta. Allí se encienden mis letras e iluminan mi habitación, te leo las primeras dos líneas y me callo. Del otro lado de mi oreja te escucho en silencio como si me escucharas detrás de la puerta. El timbre suena, dejo caer el teléfono y corro a ver de qué color es el amor de todos tus poemas.












miércoles, 11 de diciembre de 2013

300




En las bases del infortunio. Sabiendo que enfrente de todo esto estaban las dudas.
 Me dispuse a juntar a los mejores. Para escogerlos vi sus cabezas y la forma en la que tomaban agua. Si alguno decía la quiero fría, estaba eliminado.Si alguno decía que sí a mantenerse de pie en medio del desierto, ese servía. Si alguno podía sostener la vista a los montes, ese sí, ese tenía fortaleza. Eran muchos y sus lenguas, decían y decían. 
Pero yo sólo quería 300, sólo esos. No eran altos, no eran fuertes, eran los que yo quería y punto. Después de las once, los llevé a las puertas de la Torre y allí sembraron la reprimenda. Escribieron los pasos a seguir y marcaron el área. Los enemigos eran muchos, quizás nos triplicaban en número. Eran más que eso, eran muchos. Nos tenían rodeados. Eran 135 mil para ser exactos.

Tomeos, Restro, Normen, Frague, Dou, Caster, Mohigue, Turme, líderes y al mando. Estaban dispuestos a recibir mis órdenes. Yo, Yocasta, mujer de las cartas. Hija del Rey Justino, el que nadie sabía que era mudo. Estaba dispuesta a acabar con los adversarios uno por uno. ¿Cómo lo hice? ¿Cómo hice para que el pueblo no supiera que mi padre no hablaba?
A la hora en la que yo tomaba el baño, él escribía recados en la pared de mi aposento. Luego yo transcribía lo que me dejaba dicho. Al otro día la pared lucía pintura fresca. 

Todo parecía un rito. Todo estaba predicho. ¿Cómo hice para mandar a hombres? 
Me uní a uno de ellos en mente, alma y cuerpo. (Confesión que ahora les hago, nadie sabía) Creían que era una doncella. Me convertí en otra, en otra, y en otra, pero volví a ser la misma. Aprendí a tomar la espada, a correr en los paseos esteparios y comía legumbres para estar más sana. Me gané el respeto de todos, además como hija del rey, tenía privilegios. Más que su hija, era portavoz de sus preceptos.

La batalla había llegado, y yo, como era de esperarse estaba preparada. Hice que formaran líneas y les di las mejores armas: Una trompeta y un cántaro de vidrio con una mecha ardiendo (adentro). Los enemigos miraban desde lejos y se burlaban. Yo los miraba con el rostro pasivo. Mis trescientos no se movían, sabían que tenían todo para ganar. Ya tenían fuerza en la mente, había paralizado sus pensamientos. Ellos sólo tenían una frase persistente: Por amor, por mi pueblo. Eso era lo único que decían. Era repetitivo como un mantra poderoso que los hacía invictos.

Estábamos en fila, distantes, pero enfrente de ellos. Nadie comenzaba. Así que dije: Ataquen. Los míos comenzaron a tocar las trompetas y el ruido ensordecedor se apoderaba de todo. El sonido era tanto que los cántaros se rompieron, el brillo de las mechas ardiendo era tan fuerte que encegueció a los adversarios. Ellos se abrumaron. Parecían confundidos. Algunos caían postrados de rodillas, como pidiendo clemencia. Otros se cortaban entre ellos mismos. Del otro lado todo era un desastre. Se mataban unos a otros.

Mis trompetas seguían sonando y tuve lástima de lo que pasaba del otro lado. Dije basta,

 y Tomeos alzó su mano haciendo la señal de que soltaran las armas. Turme besó la insignia, y... Dou, Frague y Caster planearon la retirada. Mohigue, Norme y Restro decidieron quedarse conmigo. Queríamos caminar hacia los cuerpos que quedaron en el suelo. Ciento treinta y cinco mil cuerpos en el piso. Todos habían muerto.

La noche siguiente tuve un sueño. Cuando desperté, noté que en la pared había algo escrito en letra dorada. Decía así: Cuando se levanten contra ti, no necesitarás 300.
 
Tus adversarios no serán correspondidos, ellos caerán de sus propios pies,
 se odiarán a sí mismos. Aunque contra ti se levante un ejército, tu luz será mi voz de trueno.



( luego de leer: http://youtu.be/r_8ydghbGSg)

Yia




























jueves, 5 de diciembre de 2013

YAREIKA NAHIR







No puedo escribir para ti sin que las manos me tiemblen. Lo que existe, lo pensando, lo escrito, no alcanza para expresar lo que quisiera poner en estas líneas. Porque las palabras no son nada y no pueden llegar a lo inmenso de este sentimiento. Un día como hoy conocí el amor en el estado más sagrado y puro. Un día mi vida se colmó de alegría y de un gozo indescriptible. Un 5 de diciembre tomé en mis brazos a la estrella más brillante del universo. Nunca había visto tanta belleza, nunca había sentido de esa manera. Unos ojitos grises llenaron todo el lugar de mundos nuevos, de risas eternas... No puedo escribir para ti sin que salten mis lágrimas, eres todo para mí. Mi vida es tuya. Eres mi orgullo. Te amo con todo el aliento que tengo y que no tengo. Te miro y se estremece mi alma. Te veo tocar el piano y el alma se me sale por la boca. Tu talento, tu inteligencia, tu bondad y todas tus virtudes me dejan absorta. Nadie me conoce como tú. Eres quien continúa las canciones japonesas y coreanas que canto gracias a ti. (porque te gustan). Conoces bien el harajuku, el ulzzang, el kawaii, de ti aprendo tantas cosas. Eres quien ama la música como la amó Bach. Eres quien conoce lo que pienso sin que lo diga... con solo mirarte, sabes lo que tengo en la mente. Nuestra conexión es única. Eres tan distinta y tan especial. Sabes tanto en tan pocos años...
Tu sentido del arte, tu humildad, tus gustos excéntricos te hacen ser tan auténtica y a la vez tan parecida a mí. Eres una creadora, no paras de hacer cosas nuevas, siempre tienes un nuevo reto, algo que coser, una melodía que componer, un traje que cortar, una cartera que transformar, un dibujo que convertir en maquillaje o una pintura que convertir en algo para usar. Tu imaginación no tiene límites. Yo te miro y no me queda más remedio que decir que eres algo divino... como los ángeles. Eres como una lluvia torrencial que moja mi alma sin parar. Tu amor me empapa de felicidad.

De ti puedo decir tantas cosas, porque te conozco como a nadie. Amo que seas tú, que escojas lo que te gusta y te hace feliz. Confío en ti, porque sé que el camino que formo en tu alma es el camino del no te puedes apartar. Tu corazón pesa y tu discernimiento es inmenso a tu corta edad. Amo tus cosas, tus ideas, admiro tus gustos raros. Eres mi Wednesday Addams y así te adoro. Aunque en vez de corazoncitos prefieras las cruces y te guste el color negro más que el rosa...
Aunque te gusten los vampiros y quisieras tener los colmillos de drácula... ( y te gusten los zombies, las estatuas, las iglesias, los cementerios, y... las muñecas de porcelana que te gustan, dan miedo) así te admiro, así te quiero. Tú misma te nombras Creepy... si fuera por ti el mundo vestiría con modas extrañas o con el look gótico. (Pero eso no es nada, son solo gustos que te hacen ser tú. Así te amo y estoy orgullosa de ti). Tú causas mis sonrisas. Tú no SABES que reflejas luz, que llenas el universo con el amor que despiden tus ojos. Eres tan graciosa, divertida, tierna, hermosa... maravillosa... yo suspiro, trago, de nuevo respiro... yo me quedo corta para decir lo grande que eres. Me siento bendecida, es honor ser tu madre. Feliz cumpleaños, hija.


Te amo.


































jueves, 21 de noviembre de 2013

FRATER MEUS



Una parte de mí trata de olvidar lo que sucedió. La otra parte que me resta intenta entender por qué lo hiciste. Lo acepto, me he rendido. No te justifico, no. Después de la expulsión todo era posible. Todos estábamos confundidos. Nuestra madre hubiese querido la paz entre nosotros. Pero tú decidiste ceder a la ira. Jamás pensé que fueras capaz de hacer lo que hiciste. Recuerdo tu última mirada. Luego de eso, todo se puso oscuro...
Todavía recuerdo cuando me libraste del lobo pardo, ¿recuerdas? 

Éramos niños... fue en invierno, junto al río. Aún puedo ver la túnica púrpura que hizo nuestra madre, la construyó con las hojas de aquella planta que crecía justo en la entrada del precipicio. La hizo para mí, pero yo decidí dártela. No soportaba que tuvieras frío. 
Creo que iba bien con el tono de tus ojos. Te admiraba. Eras bueno labrando la tierra. Hiciste cosas maravillosas que nadie notó.
Ha pasado mucho tiempo desde el suceso. He venido a pedir la llave por un día. 

Y no quisieron dármela. Me negaron el pedido. No quieren abrir la puerta. Me dijeron que hay puertas que no deben abrirse. Dicen que eres malo. Dicen que tienes uno de los puestos más altos. Que estás sentado a la izquierda del trono. Que después de haberme matado, mataste a muchos. Pero, ¿sabes?, a mí sólo me importa mirarte a los ojos y decirte que te perdono. Me puse a pensar y no sé si yo merecía ser más agradable a sus ojos... (ya sabes de qué hablo). No sé por qué me favorecieron, si tú actuaste con la misma devoción. No lo comprendo. Tu ofrenda no me parecía peor que la mía. Nunca entendí. Yo siempre te amé. Ya sé que no puedes amarme, que has cambiado. Pero no puedo aceptarlo. Me niego a creerlo. Allí debajo del azufre que te cubre debe quedar un rastro de mi hermano. Estoy aquí sentado en la entrada de el centro de la Tierra, escribiendo una carta para ti. Espero que en algún momento te enteres que vine a pedir que te dejaran salir. (Cambiado). No sé si esto es un error. No sé si estoy pasando los límites de lo imposible. Puede que esto sea uno de los misterios que escondieron para que las 7 siete grandes no supieran que podía hacerse. Pero entonces, por qué creo en tu redención. Mi corazón dice que existe una manera. No creo que puedan darle la oportunidad a Judas, pero a ti...
Estoy aquí por ti, hermano, por ti estoy pidiendo una vez. Una vez para ver la compasión en tus ojos. Dicen, que no llorarás, que no tienes la mínima apariencia de lo que eras. Yo sí puedo reconocerte. Si esta carta llega, si puedes escuchar, quiero que sepas que entendí tu frustración y que no te guardo rencor. Tu hermano por siempre.


- Abel




http://youtu.be/1FH-q0I1fJY
Por Yia Rellis Byron






























Endiabladamente bella




El hombre sabio tuvo una excusa
en medio del sueño.
-Haré una hembra
para perder la razón-
Pactó con el coito de la rosa
para ganar tiempo
entre la abeja y risco.
-Será sabia como yo-
Creció en estatura y buscó
los secretos de la luna
para hacerla su vicio.
-Será humilde pero con talle de altiva-
-Amará la poesía más que a la vida-
-La haré endiabladamente bella
 y será mía al salir el sol.-


Me creó a su medida.
Limó sus dedos y sopló
en mi rostro hadas negras.
Allí en lo profundo de la esencia
plantó el hambre insaciable
que hace que tenga sed
de la lengua que roza lo corto de
mis tres letras.
-Será buena-
Me dio un corazón enorme
que pudo ajustar para que cupiera.
-Quiero que sepa decir no
 cuando deba-
Miró el mar y mezcló
el horizonte con la mirada
de una virgen mascando
la hoja que espera.
-Será humilde pero con talle de altiva
amará la poesía más que a la vida-
Cercó las nubes e hizo bramar
fuerza animal en mis piernas.
-Deseo que sea tierna-
Puso un trueno debajo de la aurora
para protegerme de la niebla.
Quiso fornicar pero no lo hizo
así que tomó sus ganas reprimidas
y las arrojó en mi vientre
a manera de bautizo.
-La haré endiabladamente bella, dijo.
-Será mía como el cielo y la tierra-







Yia







sábado, 9 de noviembre de 2013

Quimio 9



 Los ojos afilados apuntan a vengar el frío. Adónde marcharán las estaciones que no ven la mayoría de los ojos. Me estacioné en el invierno y la orgía de palabras comulgan sin arrepentimiento alguno. No late el corazón como solía hacerlo. La temperatura de la habitación parece anunciar que no siento ni padezco.
 Qué eres tú y cómo harás para que no me rompa el silencio. Pondrán la colección de vestidos iguales en la sexta gaveta. Cada día van a ponerme el mismo estilo. Adiós a la pasarela de mis sueños. Dividirán el libro de la estrella y lo echarán al fuego. Eso ya no importa, estoy harta de leer el mismo capítulo. Somos muchas las que estamos paralizadas, para ser exacta, nueve y media, porque una perdió la parte inferior en la caja del olvido. Qué habrá sido del ultraje inquieto que hizo que Ofelia perdiera el cabello. Cómo podré difuminar la cara de Elvira antes de que le extirparan lo que le quitó la vida. Qué eres tú para pudrirme por dentro. Esta clínica blanca me persigue en los versos. Detesto el olor de este sitio. Las enfermeras parecen momias, al parecer nunca tienen sueño. Hace una hora me vi más allá que acá. Con tanta gente mala en el mundo, cómo puede a ocurrirme esto. Cómo odio no poder ver el salir sol. Cómo odio ver el suero cayendo.




(Lo siento mucho, amiga. No debí escribir esto, pero no pude evitar leer en tus ojos. No pude evitar tratar de sentir lo que estás sintiendo, creo que ni siquiera se acerca a tu dolor. Te quiero. Quizás nunca veas lo que escribí. Sólo deseo que no dejes que te venza. Lo siento mucho, lo siento.)

Yia
















viernes, 8 de noviembre de 2013

PRINCIPIA ALCHIMIAE





Me cuentas de no sé que cosas. Me río por dentro. Tomo un sorbo.
No sabes cuán grande es el espectáculo que estoy presenciando.
Cruzo la pierna, comienzo a escucharte. Opino de la pintura que veo en la pared.
Digo qué bonita. Dices es un asco. Muero de risa. Sabía que ibas a decir eso.
Me cuentas del postimpresionismo y tus dotes de emular a Van Gogh.
Se asoma una pizca de ego pero luego la soplas con una sonrisa.
Eres hermoso. Eso no lo sabes. Ni siquiera te importa saber como luces.
En cambio yo, llevo en la cartera un espejo y un lápiz de labios.
Has tratado con todo tipo de mujeres.
Me conoces bien y sabes que no soy frívola,
dices: que más da lo que otros piensan.
A mí me encanta que seas muy femenina.
Pides otra copa, dices, a ella lo mismo.
Me tomas la mano izquierda y me regalas un poema.
No puedo decir nada, qué quieres que haga estoy enamorada.
Te miro tanto que el silencio de mis ojos te roba el alma.
Me miras tanto que no puedes mirarme más. Cambias la vista.
Dices: vámonos, no aguanto. A tu casa o la mía. Te digo: en el auto.
Ahora te ríes como pensando... yo miro tu cara y sé a lo que vamos.
La espesura del poema se hizo de respiraciones y lapsos.
La magia se esparcía en los colores de un largo infinito...
Gemimos hasta que los cristales se volvieron opacos.
-Estoy loca... sabes, estoy loca. El que está loco soy yo, loco por ti, estoy loco-
Me besas de nuevo. Me ayudas con el vestido.
Manejas hasta donde dobla la noche. Nos bajamos del auto.
No sé cómo hiciste, ni qué llave usaste, pero entramos a un viejo teatro.
Me cuentas que en ese lugar existen voces del ayer y que aún te reclaman.
Yo te digo que tengo tanto que aprender
y que amo que me muestres tus deudas con la nada.
Nuevamente te acercas y me robas un beso. 

Me dices que valió la pena enterrar el pasado y arriesgarnos en esto.
Veo un piano. Lo desempolvo un poco, toco algo y me dices,
recuerdo eso. 

La noche parece interminable.
No dejo de agradecer cada minuto que vivo.
No dejo de investigar la alquimia de tus ojos.
No dejas de hacerme saber lo grande de este encuentro.
Yo no sé. Yo no lo sé. Yo no sé si esto es un sueño. Cierro los ojos, los aprieto.
-Me dices: Yia, no estás soñando. Mi amor, amor mío.
Lo estás viviendo. Me está pasando, te está pasando.
Estoy aquí, contigo.








Yia























jueves, 7 de noviembre de 2013

Escritor

Un mundo oprimido se desploma en manos de un escritor. Él se detiene en la contienda, mira el desastre y suspira. Busca otra hoja. Tantea el sueño y la conspiración. Él trata de ser arquitecto, recoge los pedazos de su miedo, los une con el compromiso de su pasión. Pone cerraduras en los puntos cardinales, deja pasar el mar, construye puentes de acción. Organiza su línea de escape, inventa la libertad, practica la sonrisa que tendrá mañana, diseña la esperanza, lo ve todo mejor. Él no se engaña, contiene el secreto en su interior. Trabaja duro y no es vano, crea un mundo nuevo desde su sillón.









Yia


Amor
seré tuya
aunque se vuelven en contra de mí 
las preguntas.
Morderé la manzana con gusto
porque tengo hambre.
Estoy llena de sueños y augurios
que se sumergen en el milagro del vino.
De nada vale que huya del presagio.
De nada servirá que ahuyente los pájaros
-siempre vendrán a buscarme-


Yia

Cancerbera


«Quiero ser tu cancerbera»,

le dijo la niña concupiscencia 
a la muerte traicionera.
Ahora son inseparables
juegan cartas en la puerta.
«Quiero ser tu cancerbera»
le dijo con una sonrisa
y la muerte asegura
que no hay niña más buena.







Yia







Tu lengua


He alcanzado la fortuna 

pero fue en tu lengua
sobre el magma ardiente de la poesía
a un metro del tercer cielo 
cerca del arcángel y del cantar de los levitas
donde he palpado tu piel a orgasmos rosados de lujuria
Fue aquí en la entrepierna de la vida
donde supe las teorías lejanas a los ojos de los amantes furtivos 
que penetran en el libro blanco de sus propias sombras
y entonces veo consumadas las promesas del azar
El porcentaje de incertidumbre queda a la intemperie
de nuestra única verdad




Yia

martes, 29 de octubre de 2013

Mesmerizing knives



http://youtu.be/VEJjkDbJ_Rc


El teatro vacío lleno de nada y era eso
sólo un mar de caras sin vicio de estar mirando:
Cerraduras claves de un infarto momentáneo,
seguir exhalando miedo exhausto.
Duro rendimiento de orillas al final del celo
grito de membranas de una entraña sin gruta
inhibición de renglones que mueren necios.
La mayoría se conforma y yo me siento
poseída por la inanición de esta penumbra.
He de traspasar, sí, lo traspaso,
gélida sombra que invita al descanso.
Mírame sufrir, sí, mírame,
que grito y gimo con la espina que me han lanzando.
Mátame si puedes, que Rómulo y Remo
serán testigos.
Caín y Abel también saben de lo que estoy hablando.
Sigo carcomiendo mi secuela en este suplicio.
Mírame tensar tus esquemas cuando giro.
Verás que no detienes mis filos en el borde.
Sabrás que nada cambia la ruda gama
de los espectros que se estiran mientras vivo.
Júrame que no duele, dímelo.
Apunta hacia mi cara, desarticúlame a besos.
Grita conmigo si es necesario
haz valer el dictamen que ramifica
el muerto que acuchillo.
Toca piano y no me mires con ojos añejos.
Ya se me pasó la rabia o será que la tengo.
Grita fuerte, que salga eso que llamas canto.
Grita reflejo, que estás mirando lo inservible.
Redúceme a cenizas y después sóplame.
El negro brillo que no es suelo suena mis presagios.
Bésame muerte que eres bienvenida, si no quieres
poseerme, entonces, por qué su nombre me alucina.
Grita, que no te escucho y me quedo sin fuerzas.
Me duele hasta el tuétano del hueso que no has devorado.
Baja las cortinas que nadie vino a ver el acto...
Venció el teatro mientras me imagino de tu mano.





Yia