martes, 18 de diciembre de 2012

Arrepentimiento (estado psíquico)



A veces la consciencia
se enturbia en vertientes bifocales
que se bifurcan.
Haciendo un paralelismo creciente
que nauseabunda.
Todo esto corresponde a la llamada
eficiente del ave
que llevamos adentro,
llevando dulcemente
nuestra carga y su peso.








miércoles, 12 de diciembre de 2012

EL CLIC


El estímulo no conocido
 viaja entre los sentidos
 porque la imaginación persuade. 
Se rompen las compuertas 
del espacio y el tiempo. 
Lleva a cabo la tarea de irse 
queriendo a sí mismo
 entre golpecito y golpecito. 
El comienzo,
 es esa nota sensible que entró en el sereno.
Esa llama que quema lento 
y de nuevo se enciende 
de a poco en ritmos suaves, 
cautivando aquel todo, 
que no querías que fuera mucho.






AMARTE EN EL SILENCIO



Llevo una guerra a cuestas con la metáfora 
de tus clamores sin sonido,
si con silencio has conmovido gran parte 
de este fiero vientre consumido.
Cálmame entonces, desde los diez mil pies
bajo las aguas de mi abismo.
Trátame de a poco y dime entre las pausas de la Luna,
que la distancia no mitiga el calor de la sombra
que cobija mi instinto.
Dime que la rosa de los valles no se marchitará con los días,
que si se marchita alguna, otra nace con el mismo aroma
entre sus pétalos dormidos.
Dame la razón que el alma no conoce,
que se mueva con cada uno de mis latidos,
que me diga que desde acá abajo,
todavía tengo tiempo entre respiro y respiro.

Háblame con la vida y sus teoremas,
como si las gotas que caen afuera
arrojaran a mis lágrimas a la brea
con el fin de extinguirlas de alguna manera.
¡Oh, cómo he querido interrogar a la noche!
¡A esta noche de hermosura,
que sin duda es testigo de la ausencia, y el pan de los suspiros!
Es verdad que queda gente noble, mirando a lo largo.
Es cierto que los clamores viajan sin sonido.
Antes de permitir que el olvido haga estragos conmigo,
que me traguen las aguas, que se quede vacío el infinito.
Antes de que mi nombre borre a mi apellido,
prefiero aborrecer las palabras y amarte en el silencio,
que amarra a tu corazón y al mío. 














UNA MIRADA EN EL TIEMPO





MY MUSIC BOX




No hace calor ni frío, no hay reglas ni horarios.
No hay tiempos precisos, no sé cuando ocurrirá el momento mágico. Acá todo es lo mismo, hablo sola, conmigo. Tengo deseos, pensamientos grandes y nefastos. Fui creada para algo, a veces dudo, y no puedo precisar para qué hago que lo hago, pero mi régimen es estricto. Este encierro fue mi destino. No puedo rendirme, ni quejarme, ni debe dolerme el esfuerzo de mis pasos. Aquí no puedo decir basta, tengo que seguir trabajando.

Entreno fuerte sin descanso, no paro ni tengo reparos. Mi encomienda universal es hacer el developpé perfecto. El arabesque que amen, el assemblé que no sea olvidado. Preparo minuciosamente mi peinado, debe estar bien recogido, debe mostrar la elegancia de la música que tengo. Paso horas practicando mis movimientos, mis piruetas, mis mejores fouetté son para mi público selecto. Me debo a ellos. Soy para ellos, y por ellos debo usar mi tutú a diario.

Es imprescindible mantener el peso adecuado, tener mi mejor sonrisa para cuando tenga que salir a mi espectáculo. Mis zapatillas siempre están listas para hacerme más alta y poner mis pies perfectamente apuntados. Dicen que soy inolvidable, que soy única e irrepetible. Entonces, llevo la carga grande de quedar bien con quienes vendrán a ver mi acto. Todo lo que sufro aquí adentro, se resume y se recompensa cuando alguien abre la tapa de esta caja de madera.

No sé si muero o si vivo, debo robar la sonrisa de quien me vea. Tengo que intentar que vengan de nuevo o le den a mi caja cuerda. Soy impaciente, me desespero, hasta que llega el momento preciado. Se levanta la tapa y corro apresurada, me posiciono, en attitude, con mi postura, dura, fija, en el mismo centro. Comienza la música clásica y mi baile se torna perfecto, cada movimiento fluye, dejo al espectador lleno de ensueños. Dejo grabada mi imagen en su subconsciente eterno.

Son mis 4 minutos, mis 4 minutos de gloria y de brillo.
Terminado mi baile, hago mi "reverence" me llevo la satisfacción del rostro del visitante, su alegría y recuerdo se queda conmigo. Yo sigo entrenando, grand plié, port de bras, tendue, fondue, arabesque y giro. Mientras tanto, aquí me quedaré para hacer feliz al siguiente ser, que tenga algo vivo. 









ASTRONIÑA



En la última arista que brillaba se paró de puntitas 
y al dejarse caer, cayeron con ella millones de luces líquidas.
Su caída a la velocidad de la luz transmitía serenidad inconclusa.
La hermosa vista al descender en sus ojos trascendía,
las osas mayor y menor, aplaudían, la inesperada hazaña de la niña.
Era valiente en su fulgor cual noble fuerza de criptón que fosforecía.
En el pecho un sentimiento, en el corazón un capullo de rosa se abría.
El aroma colmó el universo, la gravedad no había sido vencida...
La caída libre era el secreto para vencer toda fuerza que se interponía.
Hubo un momento gravitatorio, una pequeña parada en el cosmos,
un satélite sonreía, de allá alguien la mira, recuerda sus libros de astronomía,
recuerda la Luna que miraba desde el patio,
lo que su madre le decía...
Ahora lo ve todo con sus propios ojos,
la niña interior lo sabía.
Ella fue astronauta desde siempre, desde que dijo, lo seré algún día.









El último minuto de Teodoro



Adentro del castillo los paseos son largos, afuera se escuchan los pasos que dejaron rastros. El aire fétido cargado de herrumbre, nubes sustanciosas de egoísmo, paredes impregnadas de hollín negro invisible. Arco ojival de gótica mansedumbre, oligarca que asume su puesto en Los Olmos. Ojos inquietos del mandatario de todo, por más que el oligarca hablase y sus argumen
tos de cambio fueran los de mayor peso, no sería escuchado, sería tomado por oprobio. ¡Y qué si no estalla el ónice de la estructura, y quiere llevar su estandarte oneroso! Asido pues, del camino y sus rostros, sufrido de nada, herido del todo. El castillo queda intacto allá y en las cumbres de nada sirve el oro. Él piensa para sus adentros: No llevaremos ejército, ni manada, ni ojiva, ni honda, ni camándula. Las manos vacías serán la espada. El espacio en la oda se mantiene con lloro, se expresa con la carga, se inclina ante el socorro. Se escucharán estruendos de vida errante. Los paquidermos correrán mientras los truenos caen. He visto caer al más grande, al ostentoso, al pobre, al joven, al menesteroso...
Ah, qué será de las almas en tiempos de angustias, del comino que pernoctará solo. Qué pasará con metal que resuena, con el cimbrado de las cargas que llevan dentro. Los ríos de agua en los corazones rotos, serán mensajeros del suceso expiatorio?
Qué será de los quedan en mi árbol humano, genealógico? Si yo hubiera sido poderoso cual dios de ojos luminosos, le daría levedad a las cargas del pueblo que veo perecer ante la codicia de un farsante con manos llenas de quilates.

El castillo seguía intacto, la sinfónica toca un adagio, las columnas parecen sucumbir con la lluvia y el ácido de los años; todo es una ilusión aquí no habrá ningún cambio. Es arte lo que ven sus ojos, es furia, historia y es muerte, oxímoron, contradictorio. En la copa del oligarca un vino barato pide ser tomado. Está cansado de la pena, ríos brotan en la conciencia muerta, uno sólo no produce un comienzo, en la unión está el aplomo. El clero fantaseaba una venganza a diario, no pueden hacer nada, hay reclamos que causan daño, se sientan en la mesa redonda, clamor tras clamor, manos vacías y miradas desérticas. En el techo giran tabúes aglomerados, sus caras solas hablan, no hay derechos humanos. Venenos azules se solidifican sin pena ante la magnificencia del presagio. Augurios van de la mano de los cantos. El códice ha sido cerrado. En medio de la visión y el humo, una mirada cambió el panorama, su amada cargaba un conejo blanco, en su cuello una cadena llevaba el escudo del castillo gótico. Él tiene sed y no es de agua, quiere hacer algo pero no sabe cómo, la hora ha llegado, ha concluido el reinado de sus propios pasos.


















DESMEDIDA



No puedo querer de otra manera, solo puedo querer con locura desmedida.


Augurios desvelados prenden un camino, 
la locura ya no exuda huecos ni quimeras, 
llevamos adentro la idea de escapar con el mismo fin.
- pasemos la noche afuera...
Y mezcladas las horas con los minutos que se añejan, 
desprovista de mis años de acuarela
denuncié con voz ronca, y llanto salado,
 la ironía de las nubes negras.
 Vacía de todos los andamios de la noche
quise apagar con mi boca,
 la caricia de unos ojos que me entumecían.
 Me senté a tu lado y no vi que llovía.
Empapados de nada nos dimos a la buena del cielo en sincronía. 
Estaba mojada de ti, pues la lluvia no sentía.
Mi piel circundaba en tu sonrisa paradisíaca, 
en pluviales gotas de un rocío trasmutado sin pudor ni mentiras.
Me introduje en tu sombra y tú en mis pliegues plantabas bandera, 
y yo me mecía, y yo tan desvestida,
enviada de la vida, emisaria del rito solemne que nos había levantado
cual bestias que aúllan a una luna que no es mía.
Los coquíes se agrupaban en cantos que cincelaban
 a todos los ciclos de la naturaleza desconocida.
Se hizo tarde en la palabra que dejamos no dicha
 y nos pulverizan las miradas de los árboles,
y nos hacemos silencio entre los ruidos de un búho sapiente 
que nos intuye desde la rama que vemos si miramos hacia arriba.
Todo es hermoso desde tus ojos hasta el techo
 de las estrellas que nos miran, podré perderme otro minuto,
en tus fríos de seda piel que me queman sin malicia. 
Me fascinas. Te mueves suave, yo inmóvil te miro sin prisas,
 te gusta sentirme, con tus labios de cautela infinita. 
Soy libre como estela que brilla, recorres cada célula, 
cada poro de mi piel te envuelve en un elixir que hipnotiza, 
llevas horas rasgando leve y no me duele, ni me molesta que sigas y sigas.
 Algodonados gemidos nos detienen en series que parecen infinitas.
Permanezco desinhibida, levantado tus dudas, 
se desparraman más las ansias de volverme
 la ninfa de tus cuentos y fantasías.
Se hizo la luz, nació un día,
 no notamos que llevábamos horas forasteras mezclados
en la lluvia emitida. 
Somos los amantes que cuentan del comienzo
de las almas parecidas. 
Esos que etéreos vuelan, que crujen desde las entrañas de la tierra, 
pero un día cruzan miradas, y ocurren cosas como estas... 
no sé, debí saber que iba a llover, el aroma lo decía. 

















LOS TRES VASOS

El surrealista ve el vaso lleno 
de unicornios rosados.
El realista ni siquiera ve el vaso.
El optimista busca el vaso
en donde quiera que se encuentre,
esté medio lleno o de líquido escaso.
Si no tiene agua va por ella,
lo llena y la bebe entera, para volver a llenarlo.
El surrealista lo mira asombrado,
le dice -oye, pero yo di un primer paso,
el optimista le dice: pero, no seguiste,
para hacer volar lo imaginado.
El realista también lo mira estupefacto,
-le dice, pero cómo lo viste, si yo pasé,
y ni siquiera vi el vaso.
El optimista contesta:
- luego de pasar, te quedaste sentado,
estabas muy cansado,
esperabas las pruebas de mis actos.


















INCONGRUENCIA

Se abre paso incongruente, incoherente, resbaladizo, condescendiente, exuberante, impaciente, se abre paso entre la gente. Entre coplas y compases suaves, intermitentes. Se introduce sin ser llamado, sin que lo esperes. Sin que le pongas cruces se cuaja solo, te hace un ocho, un remolino con un viento ardiente. Te ilumina el rostro, te hace torpe, te incrimina, hace que te enquistes, que te enrolles...
Quiere que seas tú y te escoge, desea te que fijes en cada cosa que hace y dice. Te hace vivo y te hace muerte entre divinos. Te coleriza y alegra, te hace callar y cantar en silencio a gritos. Cambia todo de repente, muestra tu lado persistente, te sorprende, te dice basta y tú no lo oyes. Te cambia, sí, te cambia las cartas, juega contigo enfrente de la gente; cuando lo miras de frente se te ríe en la cara. Se abre paso incongruente, y ya es tarde si quieres pararlo, no se lucha en contra del amor, cuando entra sin que te des cuenta, cuando lo sientes como lo sientes...





jueves, 6 de diciembre de 2012

MELANCOLÍA EFÍMERA




Me mira de soslayo
abrumada por la estera
de un bien común,
ensimismada con las ansias de la nada.
Me trae a las puertas de la cumbre amoratada,
en pléyades de poesía.
Sus tibias serenidades se acarician
en la desquicia lúgubre,
en la constancia plena de la dicha.
Me mira en fuente viva,
en las muecas de una cara
que se mantiene a la par con la mirada de la vida.
Por enésima vez me doy por perdida
pues somos dos palomas heridas
que vuelan en raso cielo,
otrora del reloj de arena
que se resume en una pizca.











Currículum Yii vítae ''filosófico''




Habrá que aferrarse más a vivir, que a la vida.

Después de puestos los hologramas en línea,
 estarán pasando las partes plegadizas,
 los cursos mediáticos en volúmenes suicidas.
 Teorizo cuanto oré por mi sonrisa,
 separo la cantidad de diversificación
 en individualismos y anatomías fijas.
 Declaro que mis yos, "Yiis", 
están diversificando su uniformidad motil.
 No sé si me regalan conciencia, 
clima de paz aquilatada o nube de ironías, 
pero es de porción vital llegar a las conclusiones
 más trascendentales que existan.
El bien se difunde a sí mismo, 
no necesita clarearse en las manos del que lo posee.
La senda empírica se manifiesta en la medida precisa. 
Anochezca o no, en la mente, 
en el fondo del alma siempre anidará 
un centro de materia optimista.














RETO





Abandonado el sendero equivocado
quedo en ovación tranquila. 
De pie al convenio con mi cuerpo, 
enalteciendo las mil y una enseñanzas
que dejó la herida, y ya cicatrizadas,
las reales extensiones de mentiras...
Paso a descubrir el blanqueado mármol sin lejía.
Allí, de frente a mi entrecejo,
en mi mismo surgimiento.
Embestida de verdades producidas por hechos,
tratando de cargar mis días por el camino estrecho.
Pendiente arriba, dando por hecho,
que la misión es intransigente, ambivalente...
minuciosa por momentos.
Y porque quiero puedo,
tengo por sentimientos, claros de renuevo
en una mirada al viento,
un arsenal de disposiciones que encuentro,
paulatinamente,
de camino a mi próximo reto.




Andén...es



Hay andenes repletos de abrazos, 
colmados de nostalgia,
desnudos de palabras.
Hay andenes cubiertos de ganas,
con la mirada lánguida del tiempo,
con la caricia tierna de un hasta luego,
con el roce de una mano que no será olvidada.
Hay andenes llenos de un no quiero que te vayas,
con un nombre anudando en la garganta,
con un no sé que haré cuando no quede nada.
Hay andenes que se quedan grabados,
en la memoria tibia de una cara.
Hay andenes y hay silencios.
Hay despedidas que no acaban.



SALTO MORTAL





Vamos, ciertamente, aniquilando los sonidos del plasma de la noche,
encumbrados en la rencilla con el día,
en su finitud extasiada con la percepción grata de mil añejas
y crepitantes caricias inducidas.
Vamos entre los vástagos de la camaradería,
esforzándonos en conocer hasta la última pieza
de los dientes de la alegría.
Acallando el llanto infrahumano que dejó la mirada desdén
de un peligro que acechamos.
Anonadados con la ignorancia que nació con nosotros
desde el movimiento uterino de una madre que ardía en gritos.
Vamos en terrenos que nos oxidan las medias palabras que no dijimos,
enalteciendo al verbo en la calamidad de un silencio mal herido.
Vamos, vestidos de negro, claros de luna recién percudidos que se hacen belleza nueva
ante los ojos del coraje que dice que del otro lado del donaire,
me espera para la cena algún eterno, delicioso, vampiro de suspiros.
Vamos en la misma fecha en el horario marcado en entredichos
combinados en dos facetas, que tendrán el salto mortal del destino.
Vamos amando para vivir, hasta que nos toque morir con el corazón henchido. 































INMENSA LOCA ALEGRÍA DEL QUE CREA


Azul, rojo, verde y amarillo fueron un árbol del campo. Ahora tienen forma de estrella, óvalo, rubí y triángulo. Trataron de reagruparse en los espacios que faltaban en el cubo que no era un pentágono. El campo entero entró en una de las caras del cubo -cuadrado-.

Causó conmoción entre el origen y el infinito de un trabajador de madera extraordinario. Esto 
le gustó al no pentágono que no se componía de varias circunferencias que también deseaban ser parte de los desiertos, las estepas y las llanuras aromatizadas con espasmos. Nada era lo que parecía, la naturaleza se había armonizado, el creador reía entretanto, miraba su obra ensimismado. Decía, esto lo hice yo, es un no y es un sí, es mi invento sagrado, esto para mí es un milagro. El azul, verde y rojo empujaban con suavidad a las nubes para difuminar toda el área, el amarillo cortaba la amargura y colocaba flores en las orillas de una mente con axones de creatividad amada. Era para la nieta, que aprendería un mundo desde esas pocas formas que significarían una vida trazada. La naturaleza cantaba ruiseñores y entradas, pronto nacería la bebé que tanto amaba. Los dos triángulos, la estrella y el óvalo, hacían su trabajo, el no pentágono que sí era un cubo, era más que un recipiente que no tenía cinco caras.













TIEMPO OSTENTOSO


Cunden en su centro, 
las manecillas rítmicas en agasajos, 
tejen un enjambre de hilos 
en proporción perfecta hacia el victimario.
Ya vencidas de dar vueltas a diario,
anuncian la primera escena del acto.
Ha llegado en ansiado memorándum,
enviado por un cupido encaprichado.
Es de estatura exacta para que la mire a los ojos,
tiene la cordura idónea para la locura de su antojo.
Parece nacido de una madre reina que no necesita oro.
Sabe socavar el alma con sus planes de socorro.
Tiene la responsabilidad de ganarse un tesoro.
Corresponde con sutilezas,
con esos ojos gloriosos...
Es el Capuleto Shakesperiano,
el Romeo que suelta sus cadenas,
con la voz poética que se mezcla
con la siguiente fase del equinoccio,
es un plan que sobresale por barroco.















Fiebre

Así hacías cuando me enfermaba abuela... tomé tu voz un momento por que te extraño.


Te vi llorar con el alma encandilada 
y entre sollozos dijiste un nombre 
que no pude descifrar,
quizás me pedías uno
de esos juegos que sueles jugar.
Aunque la angustia de repente
parecía fraguar,
en ese momento supe
que era tiempo de actuar.

Tomé tu mano tierna y sin igual,
y clamé fuerte a las olas del mar:
Oh señor mar que das asilo a tantos peces
que tienes tantas historias que contar,
calma a esta niña con tu aroma
que las lágrimas paren ya!

Ella en vez de llorar más,
sacó sonrisa inmensa como el azul
del mismo clamor que le hice mar.

Ves mi niña querida no debes llorar,
vale oro tu sonrisa tómate
tu medicina tu fiebre bajará...