jueves, 11 de octubre de 2012

Arrebátame las horas, ve, y grítale al sendero que no debo pasar, que las huellas no están garantizadas y que la mesa espera tu té caliente. Porque tu pecho es mi respaldo sin dudar. Reclámame tuya, sin pensar.






- Fui misterio, brújula, mar. Fui tu codicia, mapa, azar. Fui tormenta, viento, velas. Fui tu hambre, sed, arena. Fui tu mujer, espada, pólvora, estela. Fui tu batalla crucial, botín de guerra.






viernes, 5 de octubre de 2012

DuMart Murder

DuMart Murder

Capítulo I

Abrió la puerta de la habitación con sigilo, en menos de cinco minutos, el caos permeaba. Los ojos tambaleantes, bríos lumínicos, grito desesperado, mirada de miedo, un flash de rostros, todo se nubla... alguien cae al suelo.

Pasadas las horas, el Sr. Jeff DuMart hace una llamada al 911. Su voz entrecortada informa: Mi esposa ha sido asesinada...
- cuelga el teléfono.

Al llegar el rescate, la escena del crimen exhibía rastros de sangre por todo el lugar. Las paredes, la puerta, la cama, el espejo, todo el suelo estaba manchado de sangre de manera espeluznante. La señora Merryl DuMart socialité de 52 años de edad, mostrada una contusión enorme en la cabeza y una herida grave en el cuello (hecha con un arma blanca). Había sido brutalmente degollada. En el lado izquierdo de la lujosa habitación, yacía un puñal (Tutmosis III), con las iniciales de su esposo. (J.D.)
El Sr. DuMart, también estaba herido, tenía una cortadura entre el cuello y el hombro izquierdo. Al testificar, dijo, que cuando despertó en el suelo... lo único que recordaba era el sonido de la puerta, el rostro de su esposa y un golpe que le nubló la vista.

Tras días de investigación el Sr. Jeff DuMart era el único testigo, por ende, el único sospechoso del crimen.
¿Por qué? El arma blanca le pertenecía. Él se declaraba inocente, pero todo lo señalaba. Los investigadores sujetaban la teoría de que él mismo se había infligido la cortadura luego de asesinar a su esposa, todo esto con el fin de disimular y hacerles pensar que habían sido victimas de un asalto domiciliario.

El incidente ocurrió, domingo, cuando los sirvientes de la mansión DuMArt ya no estaban. La mansión poseía una alarma de alta tecnología que funcionaba a la perfección. ¿Cómo pudieron encontrar la numeración de la alarma?
La clave era confidencial, era casi imposible burlar dicha seguridad.

La hija adoptiva de la pareja Kathleen DuMart, no se encontraba en la mansión en el momento de los hechos, estaba en las afueras del país en un viaje estudiantil.
Al escuchar las noticias, las murmuraciones y los señalamientos que le hacían a su padre, Kathleen organizó una gran conferencia de prensa, en donde entre halagos y palabras amables, hablaba maravillas de su padre adoptivo. Ella aseguraba que él era incapaz de cometer un acto tan atroz como ese. Contaba anécdotas y repetía, que su padre era un ser de luz, un trabajador incansable, un esposo y un padre extraordinario.

La familia Dumart residía en La Jolla, la comunidad adinerada más inmensa que existe dentro de la ciudad de San Diego, California. En ese lugar privilegiado viven las personas con los sueldos más altos del país, así como políticos, celebridades y cirujanos plásticos de moda.

La noticia rodó por todo el país, Jeff DuMart era vituperado y señalado, constantemente.

¿Se trataba de un crimen pasional?

¿Acaso Jeff dio la orden para matar a su esposa? ¿Por qué Jeff asistió al entierro de Sra. DuMArt? ¿Quién es el autor intelectual de este crimen aberrante? 


















Raso






Suben aeroplanos,
como precios dilatados.
Bajan las estrellas
el brillo las marea,
si no tienen presea.
La noche se persigna, 
el día le reclama.
La farándula grita
mentiras tras mentira.
El numen de la vida
exhala costumbres,
la rutina se siente
infinita,
el hambre calla verdades,
se exhibe la glotonería.
El bueno del malo se burla, 
el malo se vuelve bueno,
el bueno no era tan bueno,
la sociedad se ríe todos,
las aves vuelan raso
nada las limita.









Dilema de dilemas



No hay dilema más nublado que el sexo disfrazado
de amor,
que el amor disfrazado de engaño.
No dilema más errado que obstaculizar
 al que está pensando en conocer
lo que nos lleva al cambio.
No hay dilema más lamentable que
decir lo lamento sin lamentarlo.
Es no tener la bujía marcando hacia el cielo
que está después del cielo más lejano.
Es mencionar que la vida
es sueño
y ni siquiera te atrevas a soñar algo genial
de limitación cero izquierdo.
No hay dilema más obtuso que buscarle olores      
a quien no le huelen las azucenas, ni los geranios,
 ni los días lluviosos,
de verano.
Es caminar descuidando las mejores metáforas
de las palabras tersas que vacilan de vez
en cuando.
Es andar con la sequía
de ser como cualquier lunes,        
sin querer comenzar de nuevo,
sin tener esperanzas
de una tarde que no sea tarde,
de una luna buena que sepa buena,
ese es el dilema de dilemas,
que es peor que intentar 
quitarle al mar lo salado.




lunes, 1 de octubre de 2012

Portento mío





Escribo en la catedral del silencio en la musitación del espasmo claro,
ecuánime con la noticia del viento, 
emancipada por la renuncia del sonido,
en sortilegios magos de cero a negativo. 
A duras penas me dura la pena...
Qué delirio!
No te guardo en el estrado de un cajón de anticuario
ni en la lengua líquida de infinitivos, no te oculto en mi mutismo,
sales como ventisca directa de entre mis dedos a un réquiem inmortalizado
en off, en on, de intermitentes alusivos.
No morirás nunca en la puerta de mis desdenes,
no menguarás, rudimento de mis quereres y mitos
no podrás quedarte entre mis olvidos idos.
Porque te escribo, te escribo entre la niebla que Unamuno no deshizo,
entre las picadas del cuervo y el dintel que Poe hizo memorial y silicio.
No te dejaré entre mis vicios, suplicios...
como mandrágora que nace entre los espinos, tú serás mi fuerte,
mi principio de luz, portento mío.
Móvil perpetuo de termo-dinamismo,
esencia del amor que no se jacta por haberlo perdido.