jueves, 6 de diciembre de 2012

INMENSA LOCA ALEGRÍA DEL QUE CREA


Azul, rojo, verde y amarillo fueron un árbol del campo. Ahora tienen forma de estrella, óvalo, rubí y triángulo. Trataron de reagruparse en los espacios que faltaban en el cubo que no era un pentágono. El campo entero entró en una de las caras del cubo -cuadrado-.

Causó conmoción entre el origen y el infinito de un trabajador de madera extraordinario. Esto 
le gustó al no pentágono que no se componía de varias circunferencias que también deseaban ser parte de los desiertos, las estepas y las llanuras aromatizadas con espasmos. Nada era lo que parecía, la naturaleza se había armonizado, el creador reía entretanto, miraba su obra ensimismado. Decía, esto lo hice yo, es un no y es un sí, es mi invento sagrado, esto para mí es un milagro. El azul, verde y rojo empujaban con suavidad a las nubes para difuminar toda el área, el amarillo cortaba la amargura y colocaba flores en las orillas de una mente con axones de creatividad amada. Era para la nieta, que aprendería un mundo desde esas pocas formas que significarían una vida trazada. La naturaleza cantaba ruiseñores y entradas, pronto nacería la bebé que tanto amaba. Los dos triángulos, la estrella y el óvalo, hacían su trabajo, el no pentágono que sí era un cubo, era más que un recipiente que no tenía cinco caras.













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