miércoles, 12 de diciembre de 2012

ASTRONIÑA



En la última arista que brillaba se paró de puntitas 
y al dejarse caer, cayeron con ella millones de luces líquidas.
Su caída a la velocidad de la luz transmitía serenidad inconclusa.
La hermosa vista al descender en sus ojos trascendía,
las osas mayor y menor, aplaudían, la inesperada hazaña de la niña.
Era valiente en su fulgor cual noble fuerza de criptón que fosforecía.
En el pecho un sentimiento, en el corazón un capullo de rosa se abría.
El aroma colmó el universo, la gravedad no había sido vencida...
La caída libre era el secreto para vencer toda fuerza que se interponía.
Hubo un momento gravitatorio, una pequeña parada en el cosmos,
un satélite sonreía, de allá alguien la mira, recuerda sus libros de astronomía,
recuerda la Luna que miraba desde el patio,
lo que su madre le decía...
Ahora lo ve todo con sus propios ojos,
la niña interior lo sabía.
Ella fue astronauta desde siempre, desde que dijo, lo seré algún día.









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