miércoles, 12 de diciembre de 2012

AMARTE EN EL SILENCIO



Llevo una guerra a cuestas con la metáfora 
de tus clamores sin sonido,
si con silencio has conmovido gran parte 
de este fiero vientre consumido.
Cálmame entonces, desde los diez mil pies
bajo las aguas de mi abismo.
Trátame de a poco y dime entre las pausas de la Luna,
que la distancia no mitiga el calor de la sombra
que cobija mi instinto.
Dime que la rosa de los valles no se marchitará con los días,
que si se marchita alguna, otra nace con el mismo aroma
entre sus pétalos dormidos.
Dame la razón que el alma no conoce,
que se mueva con cada uno de mis latidos,
que me diga que desde acá abajo,
todavía tengo tiempo entre respiro y respiro.

Háblame con la vida y sus teoremas,
como si las gotas que caen afuera
arrojaran a mis lágrimas a la brea
con el fin de extinguirlas de alguna manera.
¡Oh, cómo he querido interrogar a la noche!
¡A esta noche de hermosura,
que sin duda es testigo de la ausencia, y el pan de los suspiros!
Es verdad que queda gente noble, mirando a lo largo.
Es cierto que los clamores viajan sin sonido.
Antes de permitir que el olvido haga estragos conmigo,
que me traguen las aguas, que se quede vacío el infinito.
Antes de que mi nombre borre a mi apellido,
prefiero aborrecer las palabras y amarte en el silencio,
que amarra a tu corazón y al mío. 














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