viernes, 2 de noviembre de 2012

Te hago desplantes, ego...




Reconozco que me gustaría hablar de mis excentricidades, pero eso a nadie le interesa. Mis faltas, mis ironías, mis extravagancias son tan sencillas, aunque no dejo de ser extravagante. Soy de la clase de burbuj
a que tiene colores que se hacen camuflaje cuando bailan en el aire. Aun sé que falta ese instante, que rodea a la membrana de los mensajes que son de autocrítica. Esta vez dejaré de ser el tema, hablaré de ti. Desenfundaré tu espada y no te darás cuenta de que te vencí, ni siquiera tendrás pruebas. En quién voy creer? Ya no te creo, no eres lo que pensaba, caíste de tu pedestal. No eres la precisión que enunciaba paz. A ti no te salvan ni las anclas dobles, no te aguanta ni el muelle paralelo a tu hogar. El banco cierra cuando tú entras, piensan que traes el papelito que dice, arriba las manos, esto es un asalto. Y sí, empecé hablando de mí, ya no soy el tema. La materia no hace mella en la matriz de tus teoremas, inconsecuente, eso eres, inconsecuente. Nube de contradicciones, irrealidad de un nombre que se hace mantequilla, ante la presencia de un igual. No les sigas el paso, no les sigas! Solo basta con recordar la vez anterior. El pez grande se come al pequeño. La tentación te venció? Dime tú. No lo sé yo. Lo acepto con humildad, estoy hablando de ti, reconócete aquí. A ver, sé valiente. No querías sentir, libertad? Tengo una cuerda floja para balancearte entre los edificios. Grande! Si, eres grande, no lo dudo ni un segundo. No vine de hablar de mí, no lo creas. Te estoy mencionando en cada línea, imprecisa, con los ojos... con los ojos llenos de cantimploras internas. El nudo en la garganta no ha de faltar, yo te perdono. No te pareces a mí, no. Somos a veces, y solo a veces, idénticos en el espejo. Y eso lo lamento...



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