lunes, 1 de octubre de 2012

Portento mío





Escribo en la catedral del silencio en la musitación del espasmo claro,
ecuánime con la noticia del viento, 
emancipada por la renuncia del sonido,
en sortilegios magos de cero a negativo. 
A duras penas me dura la pena...
Qué delirio!
No te guardo en el estrado de un cajón de anticuario
ni en la lengua líquida de infinitivos, no te oculto en mi mutismo,
sales como ventisca directa de entre mis dedos a un réquiem inmortalizado
en off, en on, de intermitentes alusivos.
No morirás nunca en la puerta de mis desdenes,
no menguarás, rudimento de mis quereres y mitos
no podrás quedarte entre mis olvidos idos.
Porque te escribo, te escribo entre la niebla que Unamuno no deshizo,
entre las picadas del cuervo y el dintel que Poe hizo memorial y silicio.
No te dejaré entre mis vicios, suplicios...
como mandrágora que nace entre los espinos, tú serás mi fuerte,
mi principio de luz, portento mío.
Móvil perpetuo de termo-dinamismo,
esencia del amor que no se jacta por haberlo perdido.



No hay comentarios:

Publicar un comentario