viernes, 14 de septiembre de 2012

CAOS DE ESPERANZA



No quedó nadie después las sombras, para ese entonces el caos ya no existía. Mi fragilidad iba hilvanando a las horas de los destiempos, tratando de ponerle un orden a esta nada que me sobreviene por instantes perfectos. Entre las hojas al viento existe un momento en donde las preguntas son contestadas, pero eso nadie lo nota, pasó de moda -la indiferencia musita, sin lágrima alguna ni remota-
Lo que está en boga es no reclamarle a las abstracciones, ni sentir algún vello erizarse con lo que pasa. Allí estabas, respuesta acertada, dando la cara a las circustancias, devolviéndome mis fallas. Diciéndome que la deuda estaba saldada. Sobreviví una vez más a la partitura que no cantabas. No juzgaré tus denuedos de faquir invisible, que instintivamente se salva, no diré una sola palabra que nutra el infortunio ni tronche tus etéreas pisadas. Hay noches de días largos en los que me acuesto cansada y me parece soñarte de blanco diciéndome al oído los cuentos que aguardan. Entre silencios y escalofrios te acercas con tu voz pausada; siento el candoroso sigilo como si se enraizara, en mis membranas. Me dices no temas a la muerte dorada, nadie ha vuelto, para contar lo que vió cuando la luz se acercaba. Entonces, estás vivo? Sobrevivió tu nombre en el mío? Te cargué hasta la noche estrellada? Te llevé por los campos con hilos de color rosado... y no me di cuenta de nada?

Así me has visto, cubierta de incertumbres que no son más que lo que inventa una duda sana. Si de algo tengo certeza es de que tu provenías de todas las partes que me suenan enigmáticas, como ese caos que ya no existe. Qué tal si estoy equivocada, y si estoy inconsciente como todos ellos? Esos que estaban y no estaban...
Qué particular sentimiento de no saber nada o de saber que solo, me queda la esperanza.


Yia







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