miércoles, 29 de agosto de 2012

LA BRECHA, LA OPORTUNIDAD NUESTRA



Su boca paraliza el mundo cuando besa. 

Aunque te sienta inapropiadamente cerca, me gusta pensar en que nos separa una puerta. Esa que nos individualiza y no nos deja leer lo que el otro piensa, pero yo si te leo, nuestras letras son más que simples letras.

El perdón abrió su paso, tuve que elegir, el camino correcto, perdonarme a mí misma por quererme tanto y no intentar creer en algo. Esta vez, tenía que creer. Habían suficientes razones para ocuparme de mi conciencia y enjuciar los por cientos que quedaban por disolver. Pacíficamente tomé la brújula en mis manos, y el indicador se inclinó en el sentido contrario. ¿Polos opuestos? La nueva dirección estaba marcada, no habían reglas para seguir, sólo un destello de ilusión y una brisa ajena con aroma de fresas. Mi frente en alto, era golpeada por los rayos de un sol que no molestaba, ni fingía un día un mejor. El día mejor se repetía todos los días. La brecha, la encomienda, la mirada de la vida, se oponía en todo lo que veía, pero la lluvia de una mirada, no.
- Creer en tí como defensa y olvidar que puedo sufrir, quizás valga la pena.

Caminé hacia el norte y me fui a mi casa.

- Si ir en pos de tu pecho al descubierto es la mejor opción, entonces dime que hago esperando a que vengas a mi encuentro (así pensaba antes de todo esto). No tuve que ir, todo pasó tan rápido, tu sombra vino hasta mí, ni siquiera estaba preparada para te cruzaras por mi lado.

La tarde pesaba en mis pies cansados de caminar en círculos perpetuos, el humo del cigarrillo era fingido,


 (no sé fumar, no lo sé hacer, no me queda... ni intentar hacerlo, estaban allí los dejaste y quise probar tu boca otra vez.)
No me gustó, lo apagué, no es lo mismo, tu boca sabe a miel. Me quité la blusa, el pantalón y el brassiere, caminé hasta la nevera, tenía sed. Una nota en la puerta, pinchada, con el marquito de imán que tiene tu foto, la nuestra. Decía, te amo, regreso a las tres.
El flash back fue instantáneo. -No nací para dejarte de querer.
Bebí toda el agua que pude. Cerré la nevera, se me erizó la piel, como si las verdades quisieran escaparse de una vez, como si el frío al cerrarla, quisiera apropiarse de mi instinto. ¿Y qué si la vida me está mostrando su lado accesible, o la dirección correcta? ¿Cómo que correcta? Ah... ya sé que no existe el día de ayer, pero me parece más bonito apreciar tus instantes desde afuera, flotantes, como vueltos a nacer una y otra vez. De ese modo debo improvisar un encuentro con lo que acordamos, que seguramente ya está en tu baúl de los recuerdos (intactos).

Acabas de llegar, y yo estoy serena. Inquieta por dentro con la mirada fija en el silencio. - Estuve escribiendo, te digo, y tú te ríes mientras me dices, lo sé, amor. Es genial lo leí, está perfecto, qué puedo decirte que no sepas ya.
Esbozo una sonrisa mientras me pegas a la pared y me cubres con tus besos. El mundo se paraliza y me fallan los nervios que ya no tengo. A veces quisiera preguntarte que pasó mientras no estaba en tu lista de misterios, pero no puedo, algo en mí sabe que no necesito saberlo. Nada de aquello cuenta, ahora somos todo lo vemos. (en nuestros ojos, en estos momentos que no sé si merecerlos). Quizás porque uno está acostumbrado a que todo fuera frustante, a que todo fuera un fallido intento.

Tú siempre me cuentas cosas que me dan risa, y a la vez absoluta paz, pero no me hablas de tus antes de ser mío entero. Dejo de escucharte un rato, te tengo, te huelo, te siento, me gusta pensarte tan intacto, y tú sigues hablando. Sólo te estoy mirando, ni sabes en que estoy pensando. Te digo, ah, sí, qué bueno, qué interesante lo que estás hablando. Yo me río por dentro...

Te vas a tu computador, te sirvo el café, y aunque estás ahí, ya te estoy imaginando. Si, siempre todo el tiempo. Eso es amor, creo. Supongo que tratas de adivinar mis tesoros, dices que soy un vasto océano no salado, un amanecer en Venus, una lluvia de cristales y rubíes en verano.
A mí me gusta verte, en casa, con tu barba casi impeceptible pero que casi está brotando. Amo que me prepares el frappe de mezclas impensables, de cítricos con chocolates, de malteados con jugos que de verlos causan espanto. Sólo sé que te gusta que a mí me gusten, el no entender mis gustos te hace sentir bien, te encanta lo raro que me hace ser la que prefieres; con eso me dices tanto. A mí también me gusta no entender tus combinaciones en el vestuario, no sé amarrarte la corbata, ni quiero aprender. Sólo tú sabes ese dato.
Terminaste de escribir, y vienes a mi lado, me dices lo mucho que te gustan los finales felices, pero sólo conmigo, porque los hago menos aburridos y llenos de nuevas historias, porque siempre estoy de tu bando,


 a todas horas, desde siempre, desde antes, de que me estabas también... esperando.

¿Por qué todo tiene que ser tan predecible? ¿Esto es el amor?
Creo que tendré la respuesta, mientras sigamos, soñándonos despiertos, a todas horas, a diario...















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