jueves, 12 de julio de 2012

De tus yos, mis, tus, tantos...



Pasar frente a mí, desde mí para ti,
desnudando mi yo, sin mí, por ti.
Anudada por un sí que es más no,
por momentos,
que se muestra en acentos de una huella sin fin.
Y sí, me vestí,
de tu mirar en misteriosos compases, léxicos,
que algún día fueron pares de mis virginales recuentos.
Cara de ángel no tienes,
tampoco quiero que la tengas, te creo,
parecera mentira, pero son versos bellos.
Y basta con tenerlos, cargar con ellos,
tragar todo lo que sale,
como sabes que puedo hacerlo.
Sin duda alguna miedo no tengo, no se ha escrito nada
que no venga de nuevo,
de cualquier fosa, vacía, llena, de tantos, tantos,
de miles de experiencias,
frágiles y fuertes, numerales que creemos a la izquierda,
escenas del desvelo, lo recalco.
Y dirás ella es joven, qué sabe de lo que hablo,
más no comprendes que no nací con años,
soy lo que absorbí de noches enteras observando
los astros.
Aquellos, que no perdieron su tiempo,
en un cielo que se no queja de andar brillando.
Pasa que no soy de piedra, mi ombligo tiene forma
mi nariz respira de mil maneras,
apesar de que el aire sucio estorba
la gratitud se asoma, al respirar tus anhelos,
lo que cuidas cuando tu voz me toca.
Es que de infinito hablo, de muchos vocablos,
esos que hago míos, en el calor de mi entrepierna,
en mi paladar dulce, de inventar tus tantos,
de tus yos, mis, para ti, cuando nos, tú...
sin ropa,
haces que mi reflejo sea el lenguaje exacto,
de las cuerdas sumisas en los hilos rosados.
Eso que tienes tú, eso que me da vida
y la misma vez me ahoga,
eso que enerva mi piel, que quema mi boca,
cuando con letras nos besamos.












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